El reportero del siglo

Ryszard Kapucinski deleita a sus lectores con «Ébano», su última obra publicada, en la  que retrata con minuciosidad de orfebre al continente

Ryszard Kapucinski deleita a sus lectores con «Ébano», su última obra publicada, en la  que retrata con minuciosidad de orfebre al continente africano

Refugiado en su departamento de Varsovia, donde escribe a mano crónicas maravillosas y libros estupendos, Ryszard Kapucinski celebró el 4 de marzo sus 70 años,  posiblemente en medio de sus múltiples recuerdos de su paso por Asia, América Latina y Africa.

Precisamente en Ébano, la última de sus obras publicadas, Kapucinski hace un recorrido de más de 30 años por su entrañable Africa, continente al que llegó cuando era un simple reportero y en el que fue testigo de revoluciones, matanzas, hambrunas y sueños que se escapaban con cada nuevo amanecer.

Con un estilo transparente, elegante y conciso, Kapucinski lleva al lector por parajes inimaginables de esa Africa de la que escuchamos numerosas historias, pero de la que desconocemos la esencia de su realidad, cubierta de silencio, soledad, magia y dolor.

Crónicas excepcionales de un excepcional reportero: Kapuscinski recoge en cada crónica de Ébano las interminables caras del continente negro.

La obra es una delicia para el alma y una frescura para el lector exigente, al que el periodista polaco le entrega una realidad interpretada y  que él observó de cerca, para escuchar el grito del fusilado o el grito de independencia que acabó con largos años de opresión.

«Es fundamental que un reportero esté entre la gente sobre la cual quiere o piensa escribir. La mayoría de la gente vive en muy duras y terribles condiciones y si no las compartimos, no tenemos derechos, según mi moral y mi filosofía, a escribir».

Por eso en cada una de las 29 crónicas de que consta Ébano se respira el olor del trópico.

«Es el olor del cuerpo acalorado y del pescado secándose, de la carne pudriéndose y la «kassawa» asada, de flores frescas y algas fermentadas, en una palabra, de todo aquello que, a un tiempo, resulta agradable y desagradable, que atrae y echa para atrás, que seduce y da asco. Ese olor nos llegará de los palmerales, saldrá de la tierra incandescente, se elevará por encima de las alcantarillas apestosas de las ciudades. No nos abandonará, es parte del trópico», escribe a su arribo a Ghana, en 1958.

En cada línea de Ébano, el autor dibuja el perfil de Africa, de esa Africa que existe solo cuando el observador es capaz de hundir sus pies en el fango..

Nacido el 4 de marzo de 1932, en la localidad de Pinsk, que actualmente pertenece a Bielorrusia, Kapucinski debutó como periodista a los 17 años en la revista polaca «Hoy y mañana».

Kapucinski es autor de más de 20 libros, entre los que destacan La guerra del fútbol, sobre el conflicto entre El Salvador y Honduras; Cristo con la carabina al hombro, relacionado con los movimientos revolucionarios latinoamericanos; El emperador, que trata sobre el soberano de Etiopía Haile Selasie; El Shah, sobre Reza Pahlevi, y  El Imperio, que recoge su visión respecto a  la extinta Unión Soviética.

En su periplo como reportero, la mayoría del tiempo ha transcurrido entre Africa, Asia y  América Latina (vivió en Chile, Bolivia, México y Brasil), fue  testigo de 27 revoluciones, narró las atrocidades de por lo menos 12 frentes bélicos y estuvo cuatro veces a punto de ser fusilado.

En Ébano recoge lo vivido en Africa, «es un libro autobiográfico, un diario íntimo», dijo, escrito con los retazos vivos de la memoria y con los dictados del corazón.

«…En el suelo, en medio de la inmundicia y el polvo, yacían personas hechas un verdadero esqueleto. Eran pobladores de las aldeas vecinas. La sequía los había privado del agua y el sol había quemado sus cultivos. Llegaron caminando hasta la ciudad con la última esperanza de encontrar allí un sorbo de agua y algo para comer. Desahuciados e incapaces de más esfuerzos, morían de hambre, una muerte que es la más silenciosa y sumisa de cuantas existen», narra en la crónica acerca de Etiopía.

¿Para qué apelar a la imaginación? ¿Para qué recurrir a la ficción? Me basta con la realidad, gustaba en insistir el escritor ruso Boris Polevoi.

«La realidad es mucho más dura y difícil que la ficción y, además, llena todas mis aspiraciones literarias»,  dijo Kapucinski al referirse a  Ébano.

«Leo que en América o en Europa un niño ha disparado sobre otro niño. Que ha matado a uno de su misma edad o a un adulto. Este tipo de información suele ir acompañado de expresiones de estupefacción y espanto. Pues bien, en Africa los niños llevan años, muchos, mucho tiempo, matando a otros niños, y en masa. A decir verdad, las guerras contemporáneas que se libran en este continente son guerras de niños».

La mirada lúcida siempre presente en el reportero prodigioso, el enviado de Dios, lo designó el investigador y escritor inglés, John Le Carré.

Kapucinski sabe que la realidad que él contará más tarde en sus reportajes, crónicas y libros, no requiere de retóricas baratas, inverosímiles, posturas gratuitas, absurdas y tampoco de un lenguaje afectado y falso  que, lejos de enriquecer el relato o la descripción, no es otra cosa que «una arruga en el contorno», como decía el maestro José Martí.

En cada línea de Ebano, el autor va dibujando el perfil de Africa, de esa Africa que en abstracto no existe,  sino solo cuando el observador es capaz de hundir sus pies en el fango, en el mundo mítico y variado, en la riqueza cultural de las múltiples etnias y en la soledad de un continente que se rebeló contra años de colonización y saqueo.

Africa es un «océano, un planeta en sí mismo, un universo variado y riquísimo. Si lo llamamos Africa es solo para simplificar y por pura comodidad. Aparte de la denominación geográfica, en realidad Africa no existe».

«Todo hombre debe aspirar a salvar el mundo», decía Jorge Amado, y Kapucinski cree en el periodismo intencional, ese que podría generar un cambio, por mínimo que sea. Movido por este principio,  se lanzó a la aventura de descubrir los secretos del Tercer Mundo y le importó poco vivir entre los pobres, los olvidados, en casas llenas de zancudos, cucarachas, inmundicias y barrios en los que estaba en juego su propia vida.

No en vano, una voz anónima le llamó, con acierto, «el reportero del siglo».

Un cronista ejemplar

Ryszard Kapucinski es un reportero que dedicó su vida a viajar por el en entonces llamado «Tercer Mundo» del que recogió su belleza, pero sobre todo, su soledad y su dolor.

Nombre: Ryszard Kapukinski.

Nacimiento: 4 de marzo de 1932, Pinsk, Polonia.

Edad: 70 años.

Residencia: Varsovia, Polonia.

Libros: Ha escrito más de 20 libros. Entre los que destacan: «La guerra del fútbol» sobre el conflicto entre El Salvador y Honduras; «Cristo con la carabina al hombro», relacionado con los movimientos revolucionarios latinoamericanos; «El emperador», que trata sobre el soberano de Etiopía Haile Helasie; «El Shah», sobre Reza Pahlevi,;  «El Imperio», que recoge su visión respecto a  la extinta Unión Soviética; «Un día más de vida!», sobre la guerra civil en Angola,  y Ebano, el cual publicado en 1998 y la traducción en castellano la editó la editorial Anagrama, de Barcelona.

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