Organizar el pesimismo desde la ciencia social

Los mil espejos de la realidad social
Rogelio Cedeño
Ensayo
Colección Prometeo
Universidad NacionalConviene decir, para efectos de este libro, que su labor de analista y pensador consiste

Los mil espejos de la realidad social

Rogelio Cedeño

Ensayo

Colección Prometeo

Universidad Nacional

“Organizar el pesimismo” es la invitación que nos lanza, desde el siglo pasado, Walter Benjamin. El pesimismo en la era de la reproductibilidad técnica o de lo artificioso sin arte; lo artificial sin artefacto artístico. Mejor aún: de la unidimensionalidad discursiva, del pensamiento único desdoblado en las pantallas del sistema para consumo masivo. Civilización de realidades virtuales. En una palabra y con Foucault: era de cuerpos atravesados por las estrategias del poder: cuerpos atravesados por el discurso de la colonialidad, la otra cara de la modernidad según el grupo Colonialidad/Modernidad (C/M). Es lo que efectúa Rogelio Cedeño: organiza el pesimismo desde la ciencia social.

Conviene decir, para efectos de este libro, que su labor de analista y pensador consiste en reubicar y comprender las múltiples escenas de la contemporaneidad signada por el proyecto neoliberal-global; un proceso arduo y complejo dadas las circunstancias tecnológicas y virtuales en manos de los nuevos detentadores del poder.

Es el cambio epistemológico producto del envolvente cambio social. Desde la tradición marxista y libertaria (que no liberticida, como denomina el autor a quienes, desde la derecha empresarial tratan, en vano, de apropiarse de la fortaleza histórica del término), Rogelio Cedeño aporta al debate sobre la construcción del conocimiento en la vida social y su pertinencia analítica, ya desde la investigación y la docencia universitarias, como desde la actividad política de los diversos agentes que posibilitan el cambio social.

Es lo que se respira en los variados ensayos reunidos en un libro tan provocador como necesario. Son diversos rostros en los espejos distorsionados del poder y del nuevo orden mundial, o si se prefiere, son las víctimas de una civilización construida sobre la barbarie, la exclusión y la muerte. Desde los escolares encerrados en la educación bancaria por 200 días, pasando por los estudiantes universitarios seducidos por la excelencia y el emprendedurismo como entrenamiento forzado para la flexibilidad laboral, hasta las víctimas del nazismo, de Pinochet, de las invasiones de las tropas norteamericanas y sus mercenarios, con la zaga de torturas en Saigón, Kabul, Bagdad, Buenos Aires, Gaza o Guantánamo, solamente para mencionar algunas ciudades o regiones donde el poder imperial se ha ensañado para imponer su grotesco orden civilizatorio colonial.

La discusión se amplía: intenta dilucidar las complejas formas de la construcción de saberes y conocimientos en las diversas clases y sectores sociales, más allá de las comunidades científicas o de las llamadas “sociedades políticas”. ¿Cómo es que en los sectores medios y populares el influjo de los medios comerciales de comunicación, en manos de poderosos trust noticiosos y de fabricación simbólica, estructuran (¿o desestructuran?) las mentalidades y el accionar de millones de personas? Es lo que Cedeño denomina la “intoxicación ideológica”.

Es la lucha de los pueblos por el lenguaje en manos de los nuevos amos. Mejor dicho, la manipulación del lenguaje para potenciar un mundo supuestamente civilizatorio, democrático y libre: el mundo occidental cristiano fundamentalista. Lenguaje impuesto a través de la +colonialidad del poder para enviciar a millones de personas como si del soma, droga patentada por George Orwell en su célebre novela +1984, se tratase. Lenguaje vaciado de sentido donde conceptos como clases sociales, lucha de clases, soberanía, justicia social, ideología, resistencia popular, socialismo, y muchos más, ya no existen. Es la +tabula rasa de la globalización neoliberal transnacionalizada a partir de la realidad virtual y del ejército de tecnócratas que conduce la Gran Máquina. Es la distopía del mundo incomunicado a pesar de la formidable tecnología de comunicaciones.

Ello se expresa en el uso desmedido de lo cuantitativo y lo estadístico (¡encuestas!) en desmedro de lo cualitativo; es decir, en contra de las dimensiones humanas y sus potencialidades. Las pruebas nacionales y de bachillerato enuncian la manía cuantitativa para expulsar del sistema a quienes no podrán producir y consumir obedientemente. Desde temprana edad el sistema define a las personas desechables y selecciona a los elegidos, élites tecnocráticas, para mantener la +Gran Máquina totalitaria en democracia. (Democracia y totalitarismo: matrimonio mal avenido, engendro del expresidente Arias, adalid de la contrarreforma neoliberal en nuestro país). Dicha contradicción se ilustra con el énfasis de la enseñanza del inglés contrapuesto al desmantelamiento del uso adecuado de la lengua castellana: la carreta delante de los bueyes.

Significa que a las nuevas generaciones, más que entregarles las herramientas para las competencias en una lengua extranjera, se les entrena para que piensen y actúen dentro de la esfera del +american way of life, o como dice Cedeño, en la lengua de los petroleros tejanos. Se trata de formar mano de obra barata, casi esclava, para la maquila tecnológica transnacional. Cito: “Sin duda, requerimos del idioma inglés y de otras lenguas modernas, pero para entablar un, cada vez más necesario, dialogo con otras culturas”. Agrego: para cambiar los términos de la conversación y expresarnos desde el aquí y ahora descolonizando nuestra manera de pensar, de sentir, y, por supuesto, de hablar y de escribir.

Los ensayos incluidos tienen varias características significativas. Deseo subrayar dos: La primera es que son escritos con rigor académico por la profusión de datos que maneja y por la acertada manera de citación; no obstante, dada la estupenda forma de escritura y manejo del lenguaje, están más cerca de la tradición del ensayo hispanoamericano que de los +papers anglosajones. La enjundia de Cedeño es tal que el lector agradece su inmersión en la temática planteada porque se torna más vívida, más sentida. Además del conocimiento y manejo de los argumentos, expresa con pasión sus pareceres y puntos de vista. La objetividad científica se ve acrecentada por una inteligencia sustentada en posiciones políticas e ideológicas con un sólido bagaje teórico y conceptual pero también humano, histórico y emotivo. El autor no solo es sociólogo, es un militante por las causas humanas más profundas, por tanto se respira una espiritualidad y un humanismo a prueba de fuego, como testimonio de vida.

La segunda característica es la pertinencia coyuntural e histórica de los temas tratados, aunque no se encuentren en  preocupaciones cotidianas de las multitudes: son asuntos que están en la palestra y en la discusión pública, al menos desde la perspectiva de los sectores dominantes. No se trata solo de discutir, sino de contrarrestar las posiciones más conservadoras, ya sea en el ámbito de su marco laboral, la universidad, específicamente la UNA, o la educación nacional; así como la coyuntura política nacional y, por ende, internacional, vista dialécticamente para desenmascarar los mil rostros del poder imperial en lacayos locales y en la servidumbre periodística de las redes comerciales de la noticia manoseada o espuria. Ardua tarea de responder al control mediático y sus maniobras de mercadeo y comercialización, a la estulticia académica e institucional y sus variadas formas de alienación, con  las herramientas de una sociología liberadora y humanista. Consecuente con la consigna martiana de construcción de trincheras de ideas, Rogelio Cedeño, con lucidez y encendida elocuencia, nos indica que, además de “organizar el pesimismo”, y a pesar de lo sombrío del panorama con el ascenso de lo trivial e insignificante, la privatización de la intimidad y del conocimiento, la inminente catástrofe ecológica, el voyerismo de la Gran Máquina, el desempleo y la miseria; todavía nos quedan la ternura y la esperanza, “esas viejas compañeras (…) que nos impiden olvidar nuestra condición de seres humanos dotados de espiritualidad, muy lejos de la condición de simples robots mecanizados, al servicio de una maquinaria de destrucción y de muerte, la cual pretende actuar en nombre de la libertad”.

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