Tres apuntes sobre el arte de escribir

Acabo de ver, por segunda vez, la película +Factótum, que narra las vicisitudes del escritor bohemio Henry Hank Chinaski, alter ego del estadounidense Charles Bukowski, 

Para el poeta Edmundo Retana, la poesía es primero una actitud, una forma de vida, después un oficio, en el que se destaca como todo un preciosista y finalmente, si se da resulta en un texto impreso. Aquí comparte algunas de sus apreciaciones sobre la escritura.

I-La lucha del escritor

Acabo de ver, por segunda vez, la película +Factótum, que narra las vicisitudes del escritor bohemio Henry Hank Chinaski, alter ego del estadounidense Charles Bukowski,  quien es muy conocido y valorado por las nuevas generaciones de poetas en nuestro país. La película es una crónica de los sucesivos fracasos laborales de Hank y de la búsqueda empecinada de la escritura como única posibilidad de redención personal. Está cruzada por el  hilo roto de sus vínculos amorosos, así como por la imposibilidad de formar parte de algo: una familia, un país, una cultura.

 

Mat Dillon encarna con maestría el personaje que parece divagar  entre el alcohol, las apuestas de caballos y esa especie de disonancia social donde la frase: “Estás despedido Chinaski” cierra cada uno de los intentos de “normalizar” su vida. La poesía toma su curso conforme avanza el filme y hay escenas memorables como la de Hank/Bukowski mirando la ciudad desde la pequeña ventana de un gran edificio mientras su voz en off define que es un poema. Por eso  el eje  de la película no está en la narración de su abismo  personal  sino en la búsqueda de un orden que lo integre a sí mismo. Ese orden, desde luego, es el oficio mismo de escribir.

 

Cuando Hank dice que la  lucha del escritor es sólo por vencerse a sí  mismo ha dado precisamente con la clave de ese orden. Todo lo demás, incluso la forma como sea valorada su vida por su entorno familiar o social, el desprecio o los elogios, el anonimato o el reconocimiento son meros ropajes externos. El escritor no tiene más +factótum que sí mismo, es decir no puede delegar en nadie la tarea de intentar ir cada vez más allá de sus propias limitaciones, al producir su obra. Esta tensión, seguramente,  es la tensión de la película. Pero,  más allá de eso, es el desafío  de todo poeta verdadero.

II-Escribir mucho, publicar poco

Llevo en mí esta consigna desde hace mucho tiempo. No sé bien cómo ni cuándo se formó. Si fue de improviso, o si más bien fue el proceso mismo de escritura el que me llevó a la conclusión de que en este oficio lo mejor es guardar, atesorar y no exponer antes de tiempo lo que se va logrando.

Tengo una imagen: la del minero que extrae del socavón piedras, arena, tierra hasta ir cribando, y encontrando a tientas, el material precioso. Eso es escribir poesía. Cuando publicamos mucho puede ser que el material expuesto  aún no esté libre de otros materiales que no son poesía.

Es una lección dura, difícil de aprender. Es una lección que duele, porque lo natural en un escritor es querer ver publicados sus trabajos. Es, también, una lucha constante con uno mismo, contra el deseo de que la obra propia sea conocida, valorada. Pero, tengo para mí, que es una de las claves del oficio de escritor.

Uno de los ejemplos más claros de esta premisa es Juan Rulfo. ¿Cuánto material habrá desechado al escribir +Pedro Páramo? ¿Es posible escribir una obra de esa magnitud sin haber botado (no encuentro mejor palabra) gran cantidad de material sobrante? A lo largo de esa novela extraña y maravillosa se siente que el escritor sometió su material a la más implacable labor de selección, desgaste, pulimento. Es la imagen misma de la extracción de lo precioso a partir de lo que yace en estado bruto.

Hay pues una relación íntima entre +escribir mucho y publicar poco con el núcleo mismo del oficio de escritor. Quien no escribe para publicar de inmediato sabe lo que busca. Lo hará a veces en medio de la soledad oscura de su oficio. Pero poco a poco, irá  a tientas, encontrando, entre el vil material, el ángel que nace de la piedra.

III-Mis 10 reglas de escritor

1-Si me mantengo leyendo estoy acumulando energía que en algún momento me servirá para escribir. Debo leer solo lo que me gusta.

2- Leer poesía me crea un cierto estado de alerta que puede llevarme a escribir. Leer poesía es hacer poesía sin que necesariamente esta se escriba.

3-No debo preocuparme por escribir poesía en sentido estricto. Un correo, una carta, una tentativa de cuento, pueden contener el poema. Escribir un poema no es un acto deliberado.

4-No es bueno hablar sobre lo que se quiere escribir. Al hacerlo uno malogra el tema.

5-No hay que preocuparse por la unidad de lo que se escribe. Esta se va dando sola. La unidad es uno mismo.

6- Hay que estar atento al poema. Aprender a identificar la sensación interior que lo acompaña.

7-Los poemas tienden a resolverse con el tiempo. El paso de la vida va dando la palabra justa, el giro exacto o la habilidad de encestar, con gran precisión, el papel arrugado en el basurero.

8-La primera frase es el germen del poema. No hay que corregirla cuando nace. Ni las que siguen. Esa es una tarea posterior que tiene su propia lógica.

9- Lo más importante de escribir es el placer que uno siente cuando lo hace. Leer a otros es un poco prolongar esa sensación.

10- Los libros de poesía responden a ciclos de vida. No se pueden apresurar ni demorar. Un buen poemario es casi siempre una metáfora de un tiempo.

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