Maestra del microrrelato

En los últimos 20 años, la escritora Myriam Bustos se ha dedicado, entre otras cosas, a cultivar género, hasta entonces poco frecuentado por autores nacionales

Cabos, rabos y otros jirones vitales

Myiam Bustos Arratia

Microficciones y cuentos cortos

Editorial Tecnociencia

2015

En los últimos 20 años, la escritora Myriam Bustos se ha dedicado, entre otras cosas, a cultivar un género, hasta entonces poco frecuentado por los autores nacionales: el microrrelato.

Vale remontarse a 1995, cuando sorprendió con su libro Cuentas, cuentos y descuentos, con ese estilo directo, en apariencia simple o fácil, que es la mejor de sus armas para atrapar al lector, a cualquier lectora desprevenida que se deja llevar por un texto que le habla de lo inmediato, de algo que ya habría pensado, que le ha pasado, que le contaron así, como quien no quiere la cosa. Esa es la sutileza de quien avezada se sirve del lenguaje para sus propósitos no manifiestos.

Estos brevísimos relatos toman un giro que deja al lector en la intemperie del desconcierto. A veces ese giro lo obtienen de una palabra final que culmina un ejercicio estilístico vertiginoso, otras veces mediante una cuidadosa deformación de una realidad muy conocida, de un lugar común, de una frase hecha.

La ironía está constantemente ahí, en este juego de situaciones tan cercanas y tan sorprendentes a la vez. Por eso se trata de la invitación misma de la literatura, de esa propuesta para volver a leer la realidad, recrearla, confundirla, moldearla y quizás nunca llegar a comprenderla.

La autora no pretende filosofar, montar cátedra moralista, dar consejo, ni burlarse de flaquezas humanas; simplemente las expone, confirmando aquella sentencia de que la realidad supera a la imaginación.

En general, toda esta serie de libro de microrrelatos, que ya alcanza ocho títulos, está conformada por brevísimos relatos de lectura rápida, accesible, casi familiar. Quien lee puede hacerlo en cualquier momento, y consumir así su concentrada dosis de reflexión.

Estos dos volúmenes, que presenta ahora bajo el título de Cabos, rabos y otros jirones vitales, vienen rematados con sendos artículos de Jacques Sagot: en el primero, un “divertimento” de diez páginas donde invita a jugar con la obra de la autora; en el segundo, un ensayo un poco más sesudo de 60 páginas donde analiza fondo y forma, efectos, consecuencias, recursos y posibilidades del texto desde su apreciación muy personal.

“Myriam ha llegado al punto de hacer coincidir toda su vida con su gestión literaria. La superficie vital y la superficie literaria son ya la única, la misma cosa: indiscernibles la una de la otra”, dice Sagot.

Y agrega más adelante: “Nadie puede escribir un libro de tales características a menos de haber desarrollado de manera egregia la capacidad para sorprender lo potencialmente literario –más aún, lo inherentemente poético– detrás de los más anodinos automatismos del vivir. Un artista que alcanza ese nivel es ya, más que un obrero de la palabra, un cazador, un atisbador implacable de lo literario”.

Por eso, aunque la autora considera que con estos volúmenes cierra esa veta con la que dio hace 20 años y que le ha abierto camino a otros micronarradores, es difícil creer que cumpla ese propósito, porque la vida sigue sorprendiendo en su calidoscopio y Myriam Bustos tomando nota.

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