Artista

Sila Chanto (1969- 2015)

A Sila Chanto, nuestra compañera de grabado en negro y en color, se la ha llevado el destino. Este año, que todavía no termina

El miércoles 29 de julio, tras una larga lucha contra una enfermedad renal que la hostigó por varios años, finalmente la artista visual y poeta costarricense Sila Chanto decidió descansar. Puso fin a su antagonismo con la muerte, a la que venció tantas veces con su arte, que es un legado de rebeldía, crítica, lucha y vitalidad.

Eso sí, lo que no termina es su lucha por la vida, que se exalta cada vez que entramos en contacto con su obra. Provocadora, inquietante, inteligente y emotiva a la vez, su obra es el trabajo de una persona sumamente inquieta y comprometida con su entorno y su época; además, con una rigurosidad ética inquebrantable sobre lo que ella concebía como el trabajo en y con el arte.

Nacida en 1969, Sila Chanto destacó en una generación de artistas que vivieron el proceso de cambio de un siglo a otro. Esto no es cosa solamente de fechas, sino de acontecimientos sociales, políticos, culturales y económicos que han sacudido la sociedad contemporánea al menos en los últimos 30 años.

Poseedora de una creatividad incontenible, desarrolló una gran versatilidad expresiva que manifestó en recursos múltiples, aunque sus dos grandes pasiones fueron el grabado y la poesía.

Experimentó con grabado en formatos monumentales, intervenciones de espacios públicos, performances, instalaciones, orfebrería, con diversos soportes, video, fotografía, con lo que estableció su estilo personal. Era una investigadora meticulosa, cada uno de sus trabajos era el resultado de procesos extensos y profundos.

Sin falsas modestias, no era proclive a buscar la atención sobre su persona, quería que su obra hablara por sí sola con el público y nunca perdía el sentido del humor, pícaro e irónico, con que a veces parecía burlarse de las estrategias del poder, cuando no las denunciaba abiertamente, desafiante.

La seriedad con que asumió su trabajo artístico le valió el reconocimiento tanto nacional como internacional: premios, exposiciones en Asia, Europa, Estados Unidos y Latinoamérica confirman la acogida que tuvo su trabajo.

El artista Juan Luis Rodríguez, su maestro de grabado en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica, escribió en su homenaje las palabras que publicamos a continuación.

A Sila Chanto, nuestra compañera de grabado en negro y en color, se la ha llevado el destino. Este año, que todavía no termina, se va yendo a poquitos, para unos antes, para otros después.

El miércoles 29 de julio de 2015, Sila Chanto se apodera de su entorno de diferente manera; ya no en la realidad que acostumbramos ver, sino en la dimensión indescifrable.

La recuerdo con sus variantes, acompañando incondicionalmente a otros en los difíciles momentos de los últimos suspiros.

También la recuerdo con su hermana del alma, Carolina, aportando las adyacentes de líneas desnudas a la cotidianidad del arte visual; esos estados de ánimo que crecían individualmente hasta hacernos comprender las vicisitudes que entregaba para poner en alto esa dignidad que no se vende.

Ella y su trabajo siempre fueron material de alto valor incorruptible. Ese autorrespeto de valores internos para decirnos, con su comportamiento en el arte visual, que no es una actividad callejera sino su necesidad de vestir el alma, defendiendo su integridad en las absorbentes corrientes mercantiles.

Es triste venir a este terruño y tener que regresar a ese otro sitio de la nada, desconocido, donde no se respira, ni se oye, ni se siente.

No recordamos que nos hayan preguntado si queríamos venir, pero siempre ansiamos quedarnos en este mundo que nos acogió, este lugar que se mueve a través de un eje invisible que da el ritmo a nuestros ciclos.

Todos hemos llegado y aquí nos quedamos un rato, porque nos va gustando y vamos compartiendo con aquellos que inhalan de igual manera, pero exponen sus parabienes de diferente forma. Esa diferencia la vamos distinguiendo, sin apartarnos de la familiaridad visual a la que pertenecemos.

Sila Chanto, nuestra hermana en el arte de interpretar la vida rumiando imágenes, ha humedecido el panorama y hoy llueve por fuera y por dentro.

Habrá lágrimas congeladas esperando que ella regrese a su sitio a deshielar nuestra tristeza.

Sila se queda. Cuando veamos el sol acostarse, escondiéndose por un camino montañoso o ahogándose en la esperanza de alumbrar otras latitudes, veremos su imagen, su presencia vital que quedó guardada en una parte de nosotros.

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