Una guerra por la memoria

La Editorial de la Universidad de Costa Rica publicó este año el libro Crisis social y memorias en lucha: guerra civil en Costa Rica,

portLa Editorial de la Universidad de Costa Rica publicó este año el libro Crisis social y memorias en lucha: guerra civil en Costa Rica, 1940-1948, del historiador David Díaz Arias. En él, la batalla por la memoria es la clave de ingreso para pensar los acontecimientos de la década de los cuarentas y todo lo que sobre ellos se fue diciendo con el paso del tiempo en una enorme cantidad de documentos revisados con rigor e inteligencia por este historiador con quien presentamos la siguiente entrevista.

La negación de los conflictos es un rasgo pertinaz de la sociedad costarricense; por suerte, el retorno de lo que se niega aparece de una u otra forma cada cierto tiempo y siempre puede ser elaborado. Recordar es una vía para asumir el conflicto, y el trabajo inteligente y cuidadoso de los historiadores nos facilita ese encuentro con lo que ha sido esta sociedad, que tiene momentos que hacen saltar por los aires la idea, el mito de la igualdad, la pasividad, la homogeneidad y el pensamiento unidimensional que se nos ha hecho creer que nos caracteriza.

Para el año 1948 nuestra población no llegaba al millón de habitantes y en cuarenta días, entre marzo y abril, el país conoció una guerra que determinó su vida política de ahí en adelante y sirvió como génesis de una variedad de discursos que pretendieron dar cuenta de lo sucedido; narrativas ideológicas, personales, familiares que implican la continuación de la guerra por otras vías, las vías de la memoria.

portadilla 1948Álvaro Rojas: ¿Por qué volver a pensar el 48?

David Díaz: Esa es una pregunta constante que se hace la sociedad costarricense, debido al papel de esa guerra en la definición de la Costa Rica que se construyó después de la partición que sufrió la sociedad en ese entonces. Uno pensaría que después de las elecciones de 1998, por las fuerzas que se enfrentaron, ese tema estaba agotado o desgastado. Pero a las generaciones jóvenes les ha llegado el cuento de la guerra y sus preguntas sobre el 48 son casi las mismas que se hicieron sus padres o incluso sus abuelos. Llama la atención que en las proyecciones de El codo del Diablo, el documental de Antonio y Ernesto Jara, las salas se llenaron de jóvenes interesados por conocer más acerca de todo ese proceso. El 48 sigue definiendo mucho la relación de Costa Rica con su pasado.

AR: En contraposición a ese interés de la juventud, por ejemplo, vos mencionás que en el año 2008, en un gobierno de Liberación Nacional, la segunda administración de Óscar Arias Sánchez, no se conmemoró el sesenta aniversario de la guerra.

DD: Es impresionante, porque es el partido que se reclama como ganador de la guerra civil, un partido que basó su historia en que procedía de la guerra civil del 48; impresiona que un presidente de ese partido que además fue una persona muy cercana a José Figueres no diera un discurso al respecto.

AR: ¿Podríamos interpretar que la actitud de Arias obedeció a un interés por cortar la narrativa sobre la guerra del 48 y, de alguna forma, su vínculo con Figueres?

DD: Efectivamente, parece un intento de sustitución del caudillo de Liberación Nacional que era Figueres y en su lugar ubicar al caudillo que se construye después de los ochentas que es Óscar Arias. También se retiró el monumento a Figueres que estaba en la Plaza de la Democracia y no se volvió a colocar allí.

AR: En la década de los noventas se revive de alguna forma el enfrentamiento entre Figueres y Calderón cuando sus hijos llegan a ser presidentes, eso sí, bajo signos ideológicos muy distintos a los de sus padres.

DD: Bueno, sí. Uno detrás del otro. En ambos gobiernos hubo muchísimos intentos, de cada uno de ellos como presidentes, por recordar a su papá.

AR: Con esto estamos en presencia de la batalla por la memoria, que es central en tu libro.

DD: Claro, ese es un concepto que se utiliza mucho en el libro y que lo tomo de un historiador estadounidense que trabajó con él para pensar lo que se derivó del golpe de estado en Chile, en 1973. Efectivamente, después del 48 se da una verdadera batalla por la memoria con al menos tres perspectivas opuestas que pretenden explicar los mismos acontecimientos. Se da una pugna por decir qué es lo real y qué no es lo real. La que se institucionalizó fue la perspectiva figuerista, pero a la par aparece una memoria dividida de los perdedores; por un lado la calderonista, que de algún modo se logró insertar con una memoria sobre la reforma social vinculada al período en que Calderón Guardia fue presidente. Pero los que realmente perdieron y fueron marginalizados en esa batalla por la memoria, a pesar de haber sido los que publicaron más, fueron los comunistas. Ellos escribieron mucho desde una perspectiva ideológica.

AR: Al venirse la Guerra fría el anticomunismo se convierte en bandera de los partidos políticos costarricenses. Sin decir que el partido comunista fue proscrito por disposición constitucional y permaneció así hasta 1975.

DD: En todos, tanto los vinculados a Figueres como los vinculados a Calderón, a Otilio Ulate a Castro Cervantes, todos se volvieron profundamente anticomunistas.

AR: ¿Qué te lleva a vos a iniciar esta investigación?

DD: Yo pensé este libro desde Estados Unidos, en un momento de mucha polarización. Todavía estaba en el gobierno George W. Bush y en el contexto latinoamericano se daba el ascenso de varios movimientos de izquierda que tomaban el poder o lo afirmaban, como Hugo Chávez, que en esos días le decía al mundo que en Nueva York olía a azufre. El MAS gana en Bolivia, Correa en Ecuador, el Frente Amplio en Uruguay, López Obrador casi gana las elecciones en México, Daniel Ortega vuelve al gobierno de Nicaragua, los Kirchner en Argentina. Era un clima de regreso de la izquierda en América Latina y en Costa Rica había una gran tensión alrededor de la discusión sobre el tratado de libre comercio con los Estados Unidos. En ese contexto yo imaginé este libro. Además de algunas razones personales, como que mi padre era un profundo figuerista y mi madre una profunda calderonista y yo no entendía nada de la división familiar que se activaba cada vez que llegaban las elecciones.

AR: En tu libro decís que mucho de las memorias sobre el 48 se nos ha transmitido en conversaciones familiares.

DD: Ese es un punto central para leer el libro. Podemos armar una conversación sobre el 48 en cualquier escenario familiar. Hay una memoria intocable, mítica, familiar; con la que se pretende demostrar que los miembros de las familias a las que pertenecemos están en el bando de los buenos y los otros en el de los malos, el de los bandidos, los monstruos. Esa memoria les llega a los jóvenes descontextualizada. Distinto es lo que hace el historiador.

En la memoria familiar hay una insistencia por decir quiénes son los buenos y quiénes los malos. Las escenas familiares se convierten en explicación de la guerra, lo cual no sirve para entender el 48.

AR: Y los partidos políticos hicieron lo mismo.

DD: Los partidos políticos hicieron uso de las memorias familiares para disputar lo electoral. Desde las elecciones del 53 la propaganda electoral trataba de eso.

La política como continuación de la guerra

AR: Se dice que en la guerra civil murieron entre tres mil y cuatro mil personas (en una población de menos de un millón de costarricenses), miles fueron heridos, se dieron actos de terrorismo previos a la guerra, hubo exiliados. Pareciera que estuviéramos hablando de un lugar que no es Costa Rica.

DD: Claro, desde el imaginario costarricense resulta imposible pensar la magnitud en términos humanos de este evento bélico. Lo que se ha hecho es intentar borrar toda esa violencia. Es importante decir que la guerra es sólo un escenario de esa violencia, el libro trata de explicar cómo se llegó a esa violencia y cómo ella continuó después de la guerra. La violencia inició en 1942.

AR: ¿El apoyo popular a los comunistas, el mismo surgimiento del Partido Comunista, el apoyo de la gente a las reformas sociales, a la legislación social y al doctor Calderón Guardia, no implica de cierta forma un fracaso de la sociedad y del modelo liberal de finales del siglo XIX y principios del XX?

DD: Lo que la sociedad costarricense, como otras en Latinoamérica, recibió de la década de los treintas fueron inseguridades, miedos, dificultades económicas, depresión. Una problemática que había estado presente en la sociedad costarricense y que se agudizó en los treintas; lo cual llevó a la movilización de grupos de desempleados, al crecimiento del comunismo y a la oposición anticomunista desde el Estado. La década de los treintas dio las condiciones para que se pensara que en los cuarentas iba a darse una renovación que cambiaría el rumbo político-ideológico del país. Esas fueron las condiciones para que Calderón Guardia ganara las elecciones con contundencia.

AR: ¿Era entonces una sociedad sumamente desigual?

DD: Sí, en la década de 1940 la costarricense era una sociedad desigual con algunas vías de inclusión. Había muchas deficiencias en cuanto a la salud, había preocupación por las tasas de niños que morían al nacer, por la educación. Temas que habían sido entendidos por el liberalismo pero que necesitaban adquirir rango constitucional. Era una sociedad desigual pero con vías para vehiculizar esa desigualdad. En ese sentido era menos desigual que la sociedad costarricense de hoy en día, donde las barreras han aumentado y el contacto entre clases es casi nulo.

AR: Usted menciona como causa de la violencia en los cuarenta el odio derivado de asuntos personales.

DD: Una de las hipótesis del libro es que la violencia fue un instrumento político para erosionar al gobierno de Teodoro Picado. Un grupo de terroristas utilizó la violencia para encender a la gente en contra del gobierno, mucho de esto partía de motivaciones personales vehiculizadas por la política.

AR: ¿Quiénes conformaban esa oposición que luchaba con tanta ferocidad contra los gobiernos de Calderón Guardia, a quien identifica como populista; contra Teodoro Picado y contra la influencia de Manuel Mora Valverde y de los comunistas en ellos y en la legislación social?

DD: Es un grupo complejo. José Figueres Ferrer, claro. A quien quisieron ver como un campesino alejado de la política, lo cual en realidad no es cierto, él tenía importantes vínculos en la política nacional. Otra parte la conforman los cortesistas. También Otilio Ulate, quien después de la muerte de León Cortés se reivindicó como cortesista. Otro grupo es el del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, muchachos de familias acomodadas que tenían ideas para transformar Costa Rica, algunos venían del calderonismo y de la facultad de derecho de la Universidad. Otro grupo es el de tendencia radical que se valió del terrorismo para ejercer la oposición y cuyos miembros llegaron a ser importantes líderes militares del Ejército de Liberación Nacional, tal vez los más violentos. En él estaban Edgar Cardona, Frank Marshall, Tuta Cortés, entre otros; quienes a partir de 1946 hacían prácticamente un acto terrorista por semana. Entre esos actos se incluye dos intentos de asesinato a Calderón Guardia y las bombas que explotaron tanto en la casa como en el carro de Manuel Mora Valverde.

AR: La anulación de las elecciones de 1948, que dieron como vencedor a Otilio Ulate y que han sido más que discutidas por todo el mundo, puede ser pensada como el desencadenante pero nunca como la única causa de esta guerra.

DD: Para nada, la violencia empieza en el 42, cuando se le prende fuego a San José en una manifestación importante. Las brigadas creadas por ambos bandos ya se enfrentaban desde antes. Las causas de la guerra son mucho más profundas y el odio recorría distintos niveles de la sociedad costarricense.

 La geografía de la guerra

AR: ¿En qué lugares se dieron los principales combates durante los cuarenta días que duró la guerra?

DD: En Peréz Zeledón, con la toma del aeropuerto por parte de los figueristas. En su plaza central se enfrentaron la columna liniera de Carlos Luis Fallas y las tropas del General dominicano Miguel Ángel Ramírez, allí murieron muchos linieros.

En la finca la Lucha; en la zona de los Santos, en Santa María de Dota, donde Figueres establece su cuartel y desde donde sale la conocida Marcha Fantasma hacia Cartago.

La Legión Caribe tomó un avión en Puerto Cortés y se desplazó hacia Limón con el objetivo de convertir la guerra tica en una guerra del Caribe.

En San Ramón se dieron enfrentamientos que el Gobierno logró controlar con relativa facilidad. En el Tejar de El Guarco murieron cientos de comunistas en una emboscada, también en Quebradillas de Cartago. Otro frente se abrió en Guanacaste. En algunos lugares de San José también se dieron enfrentamientos. En la ciudad esos días se vivieron con mucha tensión.

El Ministerio de Cultura o el de Educación deberían explotar el turismo histórico en el país como una manera de identificar estos lugares, para dar una vía de recuerdo a estos eventos tan trágicos en nuestra historia.

AR: Manuel Mora Valverde apela, en parte, a la geopolítica internacional para explicar la rendición y el fin de la guerra. Él se refiere a la amenaza de una invasión de Somoza por el norte, otra de los marines de los Estados Unidos desde Panamá y la decisión de evitar un baño de sangre en la batalla por San José, en un enfrentamiento entre dos grupos que no eran bien vistos por los Estados Unidos, es decir, evitar la batalla entre comunistas y figueristas, estos últimos aliados y apoyados por la Legión Caribe, que era enemiga de dictaduras regionales apoyadas por los Estados Unidos. ¿Qué piensa de eso?

DD: Teodoro Picado negocia con Figueres la rendición entre el 13 de abril y el 19 de abril de 1948. Las razones que lo llevan a ello son una incógnita, porque si hacemos el balance, no era tanto lo que había ganado Figueres hasta entonces, básicamente Cartago, Limón. El Gobierno controlaba cinco provincias, San José, el Valle Central, el aeropuerto. Los comunistas habían desplazado tres mil hombres para defender Tres Ríos. Teodoro Picado dice que fuerzas incontrastables lo llevan a la rendición. El historiador Fernández Guardia menciona que una tropa de marines podía desplazarse desde Panamá para acabar con un gobierno comunista en Costa Rica, así interpreta él esas “fuerzas incontrastables”. Si bien es cierto que en Washington existía un descontento con lo que ocurría en Costa Rica, no se ha encontrado ninguna prueba de que se hubiera desplazado alguna tropa de marines a Panamá para intervenir en el conflicto costarricense; pero sin duda la idea estaba en el ambiente.

AR: ¿Es comparable la polarización de la sociedad costarricense de la década de los cuarenta con la que puede darse en la actualidad?

DD: Considero que en el año 2006 llegó a ese punto o por lo menos parecido, luego bajó su intensidad y ha vuelto a subir un poco en los últimos meses. En estos momentos Costa Rica está ante ese dilema de la partición social.

 

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