Península de Osa se debe recuperar

La madera de los árboles caídos en la Península de Osa es comercializable y podria ser una oportunidad de desarrollo en la zona. Ese

Más de 20 investigaciones lleva a cabo la UCR en la zona de Osa y el Golfo Dulce.

La madera de los árboles caídos en la Península de Osa es comercializable y podria ser una oportunidad de desarrollo en la zona. Ese es uno de los hallazgos del proyecto “Estudios sobre ecología forestal y aprovechamiento de madera caída en la Península de Osa”, presentado recientemente en las I Jornadas de investigación, acción social y docencia del Programa Institucional Osa-Golfo Dulce (Piosa) de la Universidad de Costa Rica.

En esta misma línea, más de 20 investigadores e investigadoras de diversas áreas expusieron durante tres días los resultados de los estudios elaborados en esa región, en el quinto aniversario del programa.
“La actividad pretende generar un espacio para que las personas puedan intercambiar experiencias de su proceso de investigación en el Sur, y que sirva como retroalimentación de las variadas disciplinas”, comentó Gerardo Cortés, coordinador de Piosa.
Aunque en un inicio el programa se enfocó hacia la conservación de los recursos naturales de dicha Península y del Golfo Dulce, hoy pretende hacer un balance entre el uso del suelo, los ambientes marinos y costeros, y el desarrollo local participativo.

ACTIVIDAD PELIGROSA

Osa aún conserva algunos de los últimos bosques menos fragmentados; es decir, conserva las capas prístinas de la Tierra. Pero la tala ilegal y la extracción de madera sin fiscalización acarrean un peligro para su supervivencia, así como el ingreso de camiones y tractores que abrían caminos y perjudicaban el terreno.
El proyecto de aprovechamiento de la madera caída fue coordinado por Cortés, de la Escuela de Economía Agrícola, y Jorge Lobo, de la Escuela de Biología. La investigación impulsó políticas de aprovechamiento forestal sostenible, en especial para el aprovechamiento de la madera caída en beneficio de las comunidades de la región.
Una alternativa al problema fue el uso de un aserradero portátil, de modo que se pueden cortar árboles caídos sin talar adicionales. Por las características de esta maquinaria, el espacio que se requiere para ingresar es menor que el de los tractores, y bueyes o búfalos sacan la madera para ser utilizada luego.

CORALES DESCONOCIDOS

Aunque hace varios años no se conocía su existencia, hoy se han identificado algunos arrecifes coralinos en el Golfo Dulce, en Punta Islotes, Punta Estrella y Punta Monos.

Jorge Cortés, del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar) de la UCR, explicó que estos ecosistemas marinos en el sur del país no tienen la diversidad que se esperaría de ellos.
“Aunque por su ubicación las especies de corales que habitan en estos arrecifes es muy reducida, es cierto que muchos han muerto y los arrecifes ahora están en proceso de erosión. La deforestación e industrialización que se produce en las zonas altas afecta el entorno marino; los sedimentos por la construcción de carreteras y la fumigación de cultivos, impactan estos ecosistemas”, explicó Cortés.

EDUCACIÓN AMBIENTAL

Roberval Almeida, coordinador del Centro Socioambiental Osa, mencionó la importancia de que los resultados de las investigaciones no queden en el papel, sino que se haga un esfuerzo por concientizar a las personas de las riquezas en Osa.
Este Centro ha hecho largos estudios sobre jaguares, principalmente, y otras especies de mamíferos y aves en la Península, y ahora resaltan el aspecto social de su trabajo.
 “Hay situaciones graves que las comunidades enfrentan, y es un problema gubernamental. Hay que mitigar la presión sobre la biodiversidad, especialmente de los jaguares, con un enfoque en la base comunal. Nosotros debemos mostrarles alternativas”, agregó.
Por otra parte, Hannia Franceschi, de la sede Regional de Occidente, presentó un estudio acerca de la participación juvenil en la Península de Osa, desde el punto de vista de colegiales y jóvenes insertos en el reducido mercado laboral de la zona.
 “Las personas jóvenes tienen poca participación en la toma de decisiones. Ellas quieren que sean tomados en cuenta no solo como destinatarios de los programas, sino como orientadoras de éstos”, explicó la investigadora.
Franceschi observó que la juventud de Osa demanda mayor identificación con su contexto, porque algunos cursos y programas son importados del Valle Central sin considerar sus condiciones. Esto debería ser tomado en cuenta por instituciones y organizaciones, de modo que se visualice a las personas jóvenes como un sector de gran potencial con iniciativas e interés en desarrollar una Península de Osa que armonice tanto el sector económico como el social y el ambiental.

 

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