Censura desde el poder económico

Durante la filmación de Farenheit 9/11, Moore es abordado por un agente del servicio secreto frente a la embajada saudita.Si bien ninguna instancia estatal

Durante la filmación de Farenheit 9/11, Moore es abordado por un agente del servicio secreto frente a la embajada saudita.

Si bien ninguna instancia estatal ha atacado públicamente la proyección de Fahrenheit 9/11, el documental sí ha enfrentado censura previa desde el poder económico ejercido por simpatizantes del presidente Bush.

La misma empresa que en un principio distribuiría la película se negó a hacerlo, por lo cual no fue estrenada y casi ni se logra ver en ese país.

Fahrenheit 9/11 iba a ser distribuido por Miramax, una división de la Walt Disney Company. Sin embargo, los ejecutivos de Disney decidieron impedir que la subsidiaria distribuyera la cinta.

El editorial del New York Times del 6 de mayo anterior, comienza con la sentencia de que la Walt Disney Company se merece «una medalla de oro por cobardía», por tomar tal decisión.

Ese texto, además, cita al representante de Moore quien explica que la razón que la Disney les dio para impedir la salida del documental, fue que podría perjudicar facilidades impositivas que la empresa recibe sobre su parque, hoteles y demás que posee en el estado de la Florida, cuyo Gobernador es hermano del actual presidente de Estados Unidos.

Así, el documental fue estrenado en Europa para luego recibir La Palma de Oro del Festival de Cannes. Era la primera vez que un documental ganaba tal distinción, y esto le sirvió para preparar el terreno en los Estados Unidos.

Finalmente, fue la empresa Lions Gate Films la que asumió la distribución de la película, cuyo estreno fue el 25 de junio.

Sin embargo, los embates del capital de la derecha aún se sienten sobre el documental. En los últimos días ha trascendido que las cadenas de cines GKC, con sede en Illinois, y Fridley, en Iowa, se han negado a proyectar el filme de Moore.

Mientras que GKC ha calificado al documental de Moore como propaganda política, la cadena Fridley ha recurrido a una retórica de patriotismo, según la cual un documental así no se puede transmitir en tiempos de guerra.

Tom Ortenberg, presidente de Lions Gate Films, declaró a la agencia EFE que tal decisión crea un «precedente horrible», ya que «genera muchas preguntas porque en algunos de los casos estos son los únicos cines en pequeñas localidades».

NADA NUEVO

Sin embrago, para Moore la censura previa y falta de apoyo no son nada nuevo.

El mismo año del éxito y gran difusión del documental Bowling for Columbine (2002), Moore publicó Estúpidos Hombres Blancos. En el prólogo de la edición inglesa de Estúpidos Hombres Blancos, Michael Moore detalla las trabas y censura previa que encontró para la publicación del libro en su propio país.

En ese texto Moore establece que el libro fue escrito durante los meses anteriores al atentado terrorista del once de setiembre del 2001 y, justo el día anterior del mencionado ataque, las primeras 50 mil copias del libro salían de los talleres de impresión.

El libro sería publicado por Regan Books, editorial subsidiaria de Harper Collins, empresa propiedad de News Corporation, cuyo dueño es el multimillonario Rupert Murdoch.

Sin embargo, Regan Books no procedió a distribuir esas copias. Muy al contrario, semanas después los ejecutivos de la casa editorial le manifestaron a Moore que «no podemos publicar el libro tal y como está escrito. El clima político del país ha cambiado. Queremos que reescriba el 50% del libro, que cambie las duras referencias a Bush y baje el tono de su disconformidad». Además le pidieron $100 mil para volver a imprimir las 50 mil copias.

Los requerimientos de los editores fueron más allá y le exigieron no referirse a las elecciones presidenciales del 2000 como un «golpe de estado», además de que consideraron «intelectualmente deshonesto» no reconocer que Bush había hecho un «buen trabajo» desde el 11 de setiembre.

El argumento final de la editorial fue que se había redefinido como dedicada a los atentados, que trabajaban en la edición de dos libros sobre los «héroes de las Torres Gemelas», la autobiografía del jefe de policía y un libro fotográfico sobre los atentados, por lo que «su libro ya no calza con nuestra nueva imagen».

Para noviembre de ese año Moore se encontró en una situación desesperada. No podía llevar el manuscrito a otra editorial, pues Regan Books tenía los derechos por un año, y la empresa amenazó con destruir las únicas 50 mil copias existentes.

Un mes más tarde, en una conferencia Moore describió la censura de su libro. Poco después fue contactado por la editorial, pues recibía quejas por correo electrónico por negarse a publicar el libro, además de que empezó a ser cuestionada por la revista Publishers Weekly.

La presión sirvió para que las 50 mil copias salieran a la venta pero con un paupérrimo esfuerzo de distribución, el cual incluyó no conseguirle a Moore ninguna aparición televisiva.

Sin embargo, el texto tuvo éxito y en las primeras semanas la editorial no pudo mantener el ritmo de reimpresión que la demanda impuso.

 

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