Ingeniería Química derrumbó las barreras de la academia

Estudiantes de los distintos laboratorios de la Escuela de Ingeniería Química expusieron sus proyectos finales de curso.

Con el fin de crear un espacio de socialización de proyectos desarrollados en sus cursos, la Escuela de Ingeniería Química (EIQ) de la Universidad de Costa Rica (UCR) desarrolló la “ExpoIQ” el pasado 02 de diciembre, en la Facultad de Ingeniería.
El evento reunió a estudiantes –que presentaron los trabajos finales de los cursos de laboratorio–, docentes y representación del sector empresarial, el cual fungió como evaluador de los proyectos.
Para Esteban Durán, director de la EIQ, la “Expo” permitió conocer el quehacer de la Escuela, tanto en docencia como en acción social e investigación; a su vez, motivó a los estudiantes con sus trabajos. “Estoy muy contento con los resultados que tuvimos con esta primera experiencia”, expresó.

Proyección de la EIQ

El director de la EIQ, Esteban Duran, se mostró conforme con este resultado inicial: “Estoy bastante contento con los resultados que hemos tenido hasta el momento. Es una primera experiencia que tenemos con el objetivo fundamental de divulgar lo que hace la escuela en los tres pilares: docente es porque son proyectos que los cursos tienen que desarrollar y tuvimos respuestas de empresas como Recope, Emerson y firmas que contratan ingenieros químicos y están participando en la evaluación; para entusiasmar a los muchachos, se va a hacer una premiación dando a conocer proyectos de investigación que tenemos”.
Durán dijo que todavía debe conversar con los evaluadores para considerar sus opiniones.
Para Alberto Antillón, uno de los jurados de la ExpoIQ, “se ven trabajos muy interesantes y aplicaciones de la Ingeniería Química en la realidad de la sociedad costarricense”.
Además, permitió conocer un poco más de la labor de un ingeniero químico. “Para el resto del país, esta carrera no tiene un estereotipo. La gente no entiende o no ha descubierto qué hace un ingeniero químico, entonces explicarle con ejemplos muy concretos qué hacemos o en qué ámbitos podemos desarrollarnos es un buen ejercicio”.
Esteban Durán, concuerda con su opinión y agrega: “Eso es uno de los retos que tenemos, precisamente al tener el ‘químico’ en el nombre de la carrera muchos lo relacionan con química, así que nos visualizan en un laboratorio, y eso no es lo único que hace un ingeniero químico”.
El director de la EIQ espera consolidar esta actividad al final de cada semestre, pero “siempre está el desafío de hacer algo diferente”.

Proyectos estudiantiles

La idea de la ExpoIQ fue presentar los proyectos finales desarrollados por los estudiantes de Ingeniería Química en los cursos de laboratorio, que se vinculan a las prácticas de acción social e investigación de la EIQ.
De hecho, el proyecto desarrollado por Ana María Guevara, Samantha Lizano, Thamara Picado y Juan Manuel Vargas, para el curso Laboratorio de operaciones de transferencia de fluidos y calor, surgió de la necesidad de teorizar sobre algo que no podían llevar a la práctica. Desarrollar, entonces, el Módulo de Bombas en Serie y Paralelo. Aunque su proyecto no tiene aplicaciones comerciales, disponen de un recurso didáctico y práctico para entender cómo funcionan sistemas similares en una escala mayor. Según Vargas, “es una base para otros proyectos aplicativos, según quien los articule”.
Kattya Jiménez, Emmanuel Jirón, Gabriel Pacheco, Diego Pochet y Floria Rojas también trabajaron en comprobar la calidad de sus materiales didácticos.
Los jóvenes determinaron los calores de combustión –esto es la energía liberada por una sustancia al sufrir combustión– en diésel, biodiésel y aceite de cocina. Una vez usado el calorímetro, el instrumento que mide la cantidad de calor que recibe o emite un cuerpo, compararon sus resultados experimentales con los de la literatura disponible al respecto. Concluyeron que no hay diferencias notables con los de sus materiales didácticos, pero recomiendan analizar otros tipos de biodiésel disponibles en el país.
Pensando verde
Muchos de los proyectos presentados tenían aplicaciones vinculadas con prácticas ecológicas. Por ejemplo, la iniciativa de Sofía Campos, María Fernanda Luna y José Pablo Saborío pretende recuperar partículas de plomo (Pb) y zinc (Zn) en cáscaras de naranja.
La importancia de esta iniciativa radica en que ambos metales don dañinos para órganos como el hígado, los riñones y los huesos, y pueden afectar a cualquier persona. Después de limpiar, secar y triturar la cáscara, la colocaron en disoluciones de nitrato de plomo y cloruro de zinc. Los jóvenes recomiendan repetir su experimento con cáscaras secadas por más tiempo, para determinar si así tiene una mayor capacidad de absorción; además de hacer la prueba con otros cítricos.
Otra problemática ambiental es la cantidad de desechos electrónicos generados en Costa Rica, el segundo mayor productor de Centroamérica. Los datos recopilados por Juliana Benavides, Andrea Gómez, Mauricio Morera y Bryan Ramírez arrojan que, por cada habitante en el país, se generan 7,5 kilogramos de basura electrónica.
Con una mezcla de ácidos, los estudiantes de Ingeniería Química consiguieron extraer cerca del 56% de cobre y 25% de estaño de las tarjetas de computadora.
Otro proyecto pensado en el medio ambiente, orientados más al área de transportes, es de los estudiantes Antony Barquero, Xoshilt Gonzaga y Raúl Suárez, quienes determinaron que el diésel distribuido por la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) cumple con lo solicitado en el Reglamento Técnico Centroamericano de Productos de Petróleo. Ellos determinaron el índice de metano, el tiempo que tarda el diésel en hacer combustión dentro del pistón y encontraron que es de alta calidad.

Recompensa al esfuerzo

La ExpoIQ contó con el reconocimiento oral del mejor proyecto de cada uno de los laboratorios participantes, es decir, cuatro en total. Al proyecto mejor calificado por los evaluadores se le asignó también un premio material: una tarjeta de regalo en Amazon por $50.
Para Gustavo Johnson, uno de los estudiantes del grupo ganador, “el premio es simbólico, para mí fue más importante el reconocimiento verbal”. A él lo acompañaron Daniela Fajardo, Augusto Rojas y Mariola Urgellés.
Su proyecto consiste en un sistema de tuberías que simulan un flujo continuo de agua –como el de un río– que facilita la calibración de membranas utilizadas por el Centro de Investigación en Contaminación Ambiental (CICA) de la UCR.
La idea surgió cuando Urgellés, quien trabaja en el CICA, le comentó a Mario Masís, uno de los coordinadores del área de plaguicidas, sobre el proyecto del curso, a lo que Masís le sugirió el proyecto desarrollado.
Con su aporte, ahora los investigadores tomarán una muestra del agua del río por analizar (aproximadamente 30 litros) y podrán tenerlo bajo control en el Centro de Investigaciones. Anteriormente, el CICA debía dejar sus membranas en el río por un tiempo cercano a un mes.
Urguellés comentó que su proyecto “les va a permitir realizar otras investigaciones en distintas áreas, ya que nos mencionaron que ya tienen otro proyecto planeado donde van a ocupar los dos sistemas construidos”.

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