El «quiebra-brazos» de Zoellick

Su figura delgada contrasta con la dura posición para alinear a Costa Rica en una apertura en telecomunicaciones.Robert Zoellick: el ejecutor de una política

Su figura delgada contrasta con la dura posición para alinear a Costa Rica en una apertura en telecomunicaciones.


Robert Zoellick: el ejecutor de una política comercial muy dura para asegurar la expansión del poderío mundial estadounidense.

Su temperamento puede ser cambiante, pero sus propósitos son los mismos. Robert Zoellick, el Secretario Comercial de los Estados Unidos, tiene fama de ser muy amable como persona hasta que no le pongan de por medio negociar un Tratado de Libre Comercio como el que se trata de suscribir entre su país y Costa Rica.

Sin traje, podría pasar inadvertido como un turista más, con el bigote mal recortado, de piel muy blanca y su cabello cobrizo.

 

Pero con traje oscuro formal y luego de visitar el pasado 1º de octubre al mandatario Abel Pacheco, las cosas parecen cambiar mucho. Pedir que «en algo» se abran las telecomunicaciones del país, desdibujó la sonrisa a muchos de los presentes en la Casa Presidencial donde hizo el anuncio frente a los micrófonos y una prensa sedienta de definición noticiosa.

Sin ambages, el representante comercial insistió en una idea que el presidente Pacheco sabe que, de aceptarla, le puede costar una nueva movilización social como la acaecida en marzo de 2000 con el «Combo eléctrico» que cambiaba la estructura del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).

Pocas veces en Zapote se había sentido tanta tensión entre los periodistas expectantes y, también, pocas veces un delegado estadounidense de alta categoría se había atrasado casi 40 minutos en el encuentro sostenido con un mandatario.

DE LOCOS

Una vez que bajaron la rampa desde la oficina presidencial, la prensa le hizo rueda a Zoellick quien era observado hacia su izquierda, con mucho cuidado, por un imperial embajador de Estados Unidos en Costa Rica, John Danilovich, quien mostraba un rostro agrio y una boca contraída.

De repente, hacia el otro extremo se pasó Anabel González, la Jefa de la Delegación Costarricense para el TLC, quien muy elegante con un traje sastre negro y un collar de perlas se colocó estratégicamente al lado del Ministro de Comercio Exterior, Alberto Trejos. Por supuesto, las fotos de ellos cerca de Zoellick fueron muchas.

En su fugaz visita por Costa Rica demostró las virtudes de un buen actor comercial con poder de desdoblamiento. Si no, que lo diga la periodista Fabiola Pomareda, de UNIVERSIDAD, quien tuvo oportunidad de verlo actuar en Cancún durante el último encuentro de la Organización Mundial del Comercio.

Allí su risa cordial pasó a ser más bien sonrisa sarcástica frente al «alboroto global» que armaron los activistas y donde Zoellick vivió uno de los tragos profesionales más amargos de su vida.

En gran parte por eso la construcción de un TLC con Centroamérica en los mejores términos que pueda para que sea aprobado por el congreso estadounidense sería una buena reivindicación.

MÁS SORPRESAS

Zoellick fue en distintos momentos consultor, accionista y director de la empresa Enron que se vio envuelta en setiembre de 2001 en uno de los mayores escándalos mundiales por alteraciones de sus estados financieros.

Era director en dicha compañía cuando quebró y con ello se perdieron los ahorros de millones de estadounidenses que tenían allí invertidas sus pensiones, además de que se dieron 100 mil despidos.

En los primeros años de existencia, Enron tenía como asesor al hoy presidente de los Estados Unidos, George W. Bush.

La compañía realizó generosas donaciones a las campañas electorales de Bush y de su vicepresidente Dick Cheney. Se sabe que 248 senadores y diputados del congreso estadounidense recibieron dineros de Enron y de la firma auditora de la empresa, Arthur Andersen -que también colapsó-.

Zoellick forma parte del «Proyecto para un nuevo siglo americano», que orienta la Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. que alienta el incremento en los gastos de defensa y el «desafío a los regímenes hostiles» mediante actos de agresión y guerra.

Es doctor en Derecho de la Universidad de Harvard y tiene una maestría en Política Pública de la Escuela de Gobierno en esa misma casa de enseñanza.

Su temperamento puede ser cambiante, pero sus propósitos son los mismos. Robert Zoellick, el Secretario Comercial de los Estados Unidos, tiene fama de ser muy amable como persona hasta que no le pongan de por medio negociar un Tratado de Libre Comercio como el que se trata de suscribir entre su país y Costa Rica.

Sin traje, podría pasar inadvertido como un turista más, con el bigote mal recortado, de piel muy blanca y su cabello cobrizo.

Pero con traje oscuro formal y luego de visitar el pasado 1º de octubre al mandatario Abel Pacheco, las cosas parecen cambiar mucho. Pedir que «en algo» se abran las telecomunicaciones del país, desdibujó la sonrisa a muchos de los presentes en la Casa Presidencial donde hizo el anuncio frente a los micrófonos y una prensa sedienta de definición noticiosa.

Sin ambages, el representante comercial insistió en una idea que el presidente Pacheco sabe que, de aceptarla, le puede costar una nueva movilización social como la acaecida en marzo de 2000 con el «Combo eléctrico» que cambiaba la estructura del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).

Pocas veces en Zapote se había sentido tanta tensión entre los periodistas expectantes y, también, pocas veces un delegado estadounidense de alta categoría se había atrasado casi 40 minutos en el encuentro sostenido con un mandatario.

DE LOCOS

Una vez que bajaron la rampa desde la oficina presidencial, la prensa le hizo rueda a Zoellick quien era observado hacia su izquierda, con mucho cuidado, por un imperial embajador de Estados Unidos en Costa Rica, John Danilovich, quien mostraba un rostro agrio y una boca contraída.

De repente, hacia el otro extremo se pasó Anabel González, la Jefa de la Delegación Costarricense para el TLC, quien muy elegante con un traje sastre negro y un collar de perlas se colocó estratégicamente al lado del Ministro de Comercio Exterior, Alberto Trejos. Por supuesto, las fotos de ellos cerca de Zoellick fueron muchas.

En su fugaz visita por Costa Rica demostró las virtudes de un buen actor comercial con poder de desdoblamiento. Si no, que lo diga la periodista Fabiola Pomareda, de UNIVERSIDAD, quien tuvo oportunidad de verlo actuar en Cancún durante el último encuentro de la Organización Mundial del Comercio.

Allí su risa cordial pasó a ser más bien sonrisa sarcástica frente al «alboroto global» que armaron los activistas y donde Zoellick vivió uno de los tragos profesionales más amargos de su vida.

En gran parte por eso la construcción de un TLC con Centroamérica en los mejores términos que pueda para que sea aprobado por el congreso estadounidense sería una buena reivindicación.

MÁS SORPRESAS

Zoellick fue en distintos momentos consultor, accionista y director de la empresa Enron que se vio envuelta en setiembre de 2001 en uno de los mayores escándalos mundiales por alteraciones de sus estados financieros.

Era director en dicha compañía cuando quebró y con ello se perdieron los ahorros de millones de estadounidenses que tenían allí invertidas sus pensiones, además de que se dieron 100 mil despidos.

En los primeros años de existencia, Enron tenía como asesor al hoy presidente de los Estados Unidos, George W. Bush.

La compañía realizó generosas donaciones a las campañas electorales de Bush y de su vicepresidente Dick Cheney. Se sabe que 248 senadores y diputados del congreso estadounidense recibieron dineros de Enron y de la firma auditora de la empresa, Arthur Andersen -que también colapsó-.

Zoellick forma parte del «Proyecto para un nuevo siglo americano», que orienta la Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. que alienta el incremento en los gastos de defensa y el «desafío a los regímenes hostiles» mediante actos de agresión y guerra.

Es doctor en Derecho de la Universidad de Harvard y tiene una maestría en Política Pública de la Escuela de Gobierno en esa misma casa de enseñanza.

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