TLC con Estados Unidos Auguran fuerte debate en Asamblea y en las calles

A pesar de haber sido firmado bajo esta administración, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC), sigue siendo motivo de discordia. No

A pesar de haber sido firmado bajo esta administración, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC), sigue siendo motivo de discordia. No solo es objetado por agrupaciones laborales, sino también por representantes del sector agropecuario que critican haber sido «canjeados» por los intereses de las maquiladoras textiles.

«Muy caballerosa y respetuosa». Así describió Albino Vargas, secretario general de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP), la actitud con la que fue recibido, el pasado viernes, por el ministro de Comercio Exterior (COMEX), Manuel González, un grupo de representantes de organizaciones gremiales y sindicales que buscaron expresarle sus puntos de vista sobre el TLC.

Además de la ANEP, participaron el Movimiento Cívico Nacional, UPANACIONAL, y los sindicatos de la Caja Costarricense del Seguro Social (UNDECA) y el ICE (ASDEICE).

Sin embargo, Vargas también caracterizó la reunión como «nada sustancial».

«Fue un intercambio de pareceres sobre el TLC. Nosotros expresamos la preocupación de muchos sectores sociales en cuanto a que el TLC no debe ir a la Asamblea y a que las cosas se van a poner calientes», dijo el sindicalista.

 

 

Agregó que, por su parte, el ministro les dijo que «ya no se puede hacer nada, porque el TLC no es renegociable, sino que había que ver cómo nos preparamos» para afrontarlo. Además, el jefe del COMEX reiteró a la delegación que se mantiene la posición del Presidente de abrir el debate en la Asamblea una vez que se apruebe el plan fiscal.

«Nosotros creemos que habrá que derrotar el TLC en las calles», comentó entonces Vargas.

En la misma línea se manifestó Ronald Solís, quien fuera directivo de la Cámara Nacional de Agricultores durante 10 años y de la cual se retiró el año pasado para fundar la Cámara de Empresarios Pro Costa Rica, «en parte porque las posiciones de la Cámara no eran lo suficientemente firmes en defensa del sector agrícola. Esta asumía mucho posiciones sectoriales, cuando debería ejercer una representación general de todo el sector agrícola», explicó.

En su opinión, el antiguo equipo negociador del COMEX canjeó la actividad agropecuaria del país, a cargo de medianas y pequeñas empresas, a cambio de los intereses de las maquiladoras textiles, a pesar de que el agro genera un valor agregado nacional muy superior al del influyente sector textil.

Por eso, en opinión de Solís, «sería mejor renegociar el TLC, y si no se puede, es mejor que no haya TLC.» (Ver la entrevista: «Canjearon los textiles por el agro»)

Por su parte, Carlos Murillo, ex viceministro del COMEX bajo la administración Figueres Olsen, y miembro del Centro Internacional de Política Económica de la Universidad Nacional, llamó la atención sobre el delicado equilibrio que debe existir en la política comercial, entre los intereses de grandes, medianas y pequeñas empresas, y en la importancia de no confundir «la política comercial con una política de desarrollo nacional.»

Murillo también respondió a interrogantes de UNIVERSIDAD sobre el desempeño del COMEX y el reciente conflicto que afectó a ese ministerio. (Ver la entrevista: «Lo técnico no sustituye a lo político»)

Todo indica, pues, que si la renegociación del actual TLC con EE.UU no es posible -como no sea en un plano bilateral y fuera del actual contexto-, y puesto que su reforma por parte de la Asamblea Legislativa tampoco es viable, cuando ésta lo discuta, el país será nuevamente escenario de gran tensión social.




Carlos Murillo, exviceministro del COMEX:

«Lo técnico no sustituye a lo político»


¿Cómo balancear el interés de las empresas privadas y el interés nacional en la política comercial?

-Debemos tener presente que quien negocia es el Gobierno, pero quien hace los negocios es el sector privado, por lo que es necesario que haya una estrecha relación entre ambas esferas, por supuesto, con la debida independencia, porque el sector privado no es homogéneo, en muchos casos se dan conflictos de intereses entre pequeños y grandes productores, entre productores y comercializadores, entre exportadores e importadores, entre productores del mercado nacional y los del sector externo. Es responsabilidad del Gobierno hacer valer los intereses nacionales sobre los intereses de los gremios particulares. Eso no es una tarea fácil y no siempre se logra adecuadamente, pero eso es a lo que se debe aspirar.

¿Cómo se refleja este dilema en la relación entre el Ministerio y PROCOMER, que recibe financiamientos de distintos sectores privados?

-En la junta directiva de PROCOMER hay representantes del Gobierno y del sector privado, con el propósito de que las políticas de promoción de las exportaciones tengan el insumo de ambos sectores y no sea solo una visión la que impere. Como todo, hay momentos en que se dan los balances políticos adecuados y momentos en que eso no se logra, pero es parte del juego democrático.

En cuanto a la relación entre el COMEX y la  Cancillería, hay varios aspectos a considerar. En primer lugar está el del esquema institucional. En algunos países, como los Estados Unidos, existe el USTR (Representante de Comercio) y, por otro lado, el Departamento de Estado, y quien negocia es el primero. Pero en un país como Brasil, quien negocia y quien maneja las relaciones políticas y diplomáticas es la Cancillería.  Cada uno de los esquemas tiene su ventaja y desventaja, pero son arreglos institucionales. En el caso de Costa Rica, el esquema se aproxima más al de Estados Unidos. Esto no quiere decir que cada ministerio debe ir por su lado, sino que debe haber una coordinación y debemos recordar que los dos están bajo el mando del Ejecutivo, por lo que debería haber una consistencia en las políticas. Sabemos que eso no es así siempre, los conflictos que se dieron en la administración Figures entre esas dos instancias son un buen ejemplo de que no siempre se coordina bien.

¿Sustituyen los TLC a una política comercial?

-Lo que siento que ha pasado es que, por un lado, los temas comerciales, y en particular las negociaciones, se han convertido en un instrumento muy utilizado: se han firmado cerca de 200 acuerdos comerciales en el mundo. Y eso ha levantado el perfil a los ministros que tienen bajo su responsabilidad esa materia. En el caso de Costa Rica, la continuidad que se ha dado en COMEX, la buena imagen que se han ido forjando,  el hecho de ser una economía pequeña que depende mucho de su sector externo, complementado con la ausencia de una política de desarrollo nacional bien definida -aunque de hecho existe-, ha hecho que el peso de la política comercial se haya ido haciendo mas relevante y en alguna medida opacado otras políticas como, por ejemplo, las de la Cancillería.  En alguna medida eso ha traído problemas, porque hay personas que confunden una política comercial con una política de desarrollo, y eso es muy peligroso, porque crea expectativas que no necesariamente se cumplen y se vuelven simplistas y desorientadoras.

En estos días se ha comentado en la prensa una publicación del Fondo Monetario según la cual los países más subdesarrollados no se han aprovechado de los acuerdos que han firmado. Es decir, que el comercio no es una panacea: se aprovecha si se dan las condiciones institucionales, de recursos humanos y productivas adecuadas, y eso depende en buena medida de políticas no comerciales, como infraestructura, educación, salud, etc.

Es decir, que la política comercial debe enmarcarse en un proyecto político de desarrollo nacional.

-La política comercial no es un aspecto meramente técnico, también tiene una dimensión  política. A veces lo político determina lo técnico; en otras ocasiones es al revés. Por ejemplo, cuando Costa Rica firmó con Chile, no era por que era un socio comercial relevante, sino por un asunto de imagen. Chile es considerado un país serio y de éxito, y si Costa Rica firmaba con ellos estaba aumentado su credibilidad, es decir, aspectos como imagen, credibilidad -todos muy importantes-, fueron mas relevantes que lo meramente comercial.

En el caso de la negociación con los Estados Unidos se mezclan los dos: es nuestro principal socio comercial y es la economía más desarrollada. En el caso de MERCOSUR y de la Comunidad Andina, comercialmente no significan tanto como otros socios comerciales. Entonces, si se quisiera un acuerdo comercial pesarían argumentos más de tipo político u otros como, por ejemplo, porque Brasil tiene una ideología y una estrategia que nos podría parecer atractiva o que coincida con nuestros intereses. Eso habría que valorarlo. En el marco de las negociaciones del ALCA, tal vez hubiera servido una alianza más latinoamericana para enfrentar en forma conjunta a los Estados Unidos, no como sucedió, que nos separó y negoció por bloques llevando la ventaja los Estados Unidos. Pero no hubo la visión ni los intereses necesarios para haber desarrollado esa alianza.

En el marco de la OMC, en el contexto de las negociaciones de Doha, Costa Rica y El Salvador formaron parte del grupo G20. Sin embargo, rápidamente sucumbieron a las presiones de los Estados Unidos y tuvieron que retirarse, por supuesto, con elocuentes explicaciones, aludiendo que lo mismo que podrían lograr con el grupo G20 lo podrían lograr con el grupo Cairns, siendo este último menos político.  Pero lo que se ha logrado con el grupo G20 no se hubiera logrado con el Grupo Cairns.

Lo que debe de quedar claro es que las alianzas comerciales no necesariamente coinciden con las de carácter político, las primeras son mas pragmáticas y pueden ser varias dependiendo de lo que se está negociando, llámese producto, sector, etc. También tenemos que ser concientes de que estamos en el eje de influencia de los Estados Unidos y su relación es muy importante para nosotros. Eso nos hace perder grados de libertad. Por supuesto que eso es malo y bueno, y que el país hasta donde pueda debe de diversificarse, pero eso no es tan fácil. Tomemos como ejemplo a México, este país es el que más acuerdos comerciales ha firmado: 42 y, sin embargo, casi el 90% de sus exportaciones van para los Estados Unidos, es decir, no es suficiente con firmar acuerdos comerciales.

¿Qué opina del conflicto entre el antiguo equipo negociador y el actual jefe del COMEX?

-La critica de los negociadores al nuevo ministro es que no impulsa el CAFTA (TLC con EE.UU, en inglés) suficientemente. Si recordamos, la renuncia de Alberto Trejos y Anabel González fue precisamente porque el Presidente le bajó el perfil al CAFTA y lo supeditó al plan fiscal. Es decir, hay una directriz política del Presidente de no priorizar en estos momentos ese acuerdo. Uno puede estar de acuerdo o no, pero es claro que quien tiene la última palabra es el señor Presidente. Si uno no está de acuerdo, renuncia, pero no es correcto impulsar desde COMEX una agenda propia en contra de la voluntad del Presidente. Aquí lo técnico se supedita a lo político y a la jerarquía de poder.

Pareciera que los negociadores que valoran el acuerdo, y que saben lo que les costó, quieren que a toda costa se apruebe o se le de la importancia que el Presidente en estos momentos no le está dando. El acuerdo es importante, pero hay cosas más importantes -aprobación de la reforma fiscal, entre otras cosas. Pareciera que el Presidente no quiere desgastarse en una negociación con la Asamblea Legislativa y otros grupos sociales, quiere estar seguro de que se dan las condiciones para su aprobación, y la reforma fiscal y la aprobación del acuerdo en el Senado de los Estados Unidos son dos aspectos que cree que le pueden dar ese ambiente que se necesita para su aprobación.


Ronald Solís, exdirectivo de la Cámara Nacional de Agricultores

«Canjearon los textiles por el agro»

¿Qué opina del resultado de las negociaciones del TLC con EE.UU para el sector agrícola costarricense?

-En las negociaciones del TLC no se logró mayor cosa para los agricultores. Lo que se logró fue garantizar una muerte lenta, porque no se tomó en cuenta el tamaño promedio de nuestros agricultores, su productividad, acceso a créditos, las tasas que se tienen que pagar. Con un entorno en contra, quieren que los agricultores seamos sabios. Se olvida que el país importa más de Estados Unidos que lo que exporta, y que ese país debería recibir nuestros productos agrícolas a cambio de las ventajas que tiene en términos de productos individuales. Pero es un problema, porque ese país comienza a pedir ventajas sobre los productos agrícolas que nosotros producimos: granos básicos, leche, carne.

Al parecer, la Cámara de Agricultura gastó todos sus fondos en viajes y otras gestiones relativas a la negociación del TLC.

-Finalmente, se gastó toda la plata y no ganó mayor cosa. El problema es que la Cámara incluye intereses muy diversos, como la Cámara de Insumos Agropecuarios, que está integrada por transnacionales, con intereses muy fuertes. Creo que el esfuerzo de la Cámara fue insuficiente y, como dije, no supo separar el interés sectorial del nacional. Se prestó al juego de negociar producto por producto, sin perspectiva nacional. Dejaron para el final la negociación del sector agropecuario. A pesar de que correspondía tratarlo en la sétima ronda, lo trasladaron hasta la doceava ronda, a cambio de períodos de gracia y una desarancelización paulatina. Como consecuencia de esto, por ejemplo, en la actividad lechera ya comienza a haber un faltante, debido a la incertidumbre de los productores, porque hay plazos. Esta situación comienza a poner a los sectores agrícolas muy nerviosos.

Los textiles tienen un valor agregado nacional muy bajo, y yo dudaría de que incluso con TLC logren competir con China. Y, sin embargo, canjearon los textiles por el agro, que sí tiene un valor agregado alto. Si caen las exportaciones por café, se siente en la economía nacional. En cambio, si caen las de textiles o la maquila, no se siente. Son cosas que no se tomaron en cuenta y se terminó aceptando una migaja más que el resto de Centroamérica.

¿Qué opina de la posición presidencial de no enviar el TLC a debate en la Asamblea hasta que se apruebe la reforma fiscal?

-Como país, deberíamos plegarnos a la Comunidad de Naciones de América del Sur para tener capacidad de negociar con el FMI, en la OMC y el ALCA. Me parece muy prudente la posición de don Abel Pacheco porque las condiciones políticas están cambiando. Sería mejor renegociar el TLC, y si no se puede, es mejor que no haya TLC.


Economista George Mallick

Nueva cara en COMEX

El economista George Mallick, graduado en la UCR, es el nuevo jefe de Despacho del COMEX, cargo que quedó vacante desde hace tres meses, luego de que Amparo Pacheco asumiera el viceministerio.

Mallick obtuvo una maestría en administración de empresas en el INCAE, y cursó el doctorado en economía y administración en la Universidad de California, en Berckley, EE.UU.

El funcionario, quien empezó a laborar en el COMEX hace dos semanas, afirmó que su tarea principal es «apoyar al señor ministro en todo lo que requiera, en materia de economía y administración.» Parte de sus funciones consistirán en facilitar la comunicación entre el Ministro y el personal. Del anterior equipo del COMEX, dijo conocer al ex ministro Alberto Trejos y a la ex jefa de Negociaciones Comerciales Internacionales, Gabriela Llobet.

Consultado sobre la decisión del mandatario de no enviar el TLC con EE.UU a la Asamblea Legislativa hasta que se apruebe la reforma fiscal, Mallick consideró que «el Presidente tiene sus razones. Él ve el TLC desde un contexto más amplio, de desarrollo, y yo se lo respeto tanto a él como al señor Ministro.»

En cuanto a la agenda inmediata del COMEX, dijo que «hay mucho que hacer, como fomentar y dar seguimiento a la aprobación de los TLC con EE.UU y con el CARICOM, atraer inversión extranjera y el comercio del banano», tema este último por el cual «el ministro está muy preocupado.»

Consultado sobre el clima laboral en el COMEX, luego de la reciente crisis, dijo que «en todo cambio de jerarca se crean expectativas. Ya el Ministro se encargó de comunicar sus puntos de vista. Creo que el clima laboral es bueno.»


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