Piden avanzar en desarme y no solo proliferación de armas nucleares

Después de un período de relativa inmovilidad en las negociaciones internacionales sobre el armamento nuclear, una serie de nuevas iniciativas surgen en el escenario

Los países “no nucleares” exigen a las potencias nucleares avanzar en las medidas de desarme a que se comprometieron hace ya 42 años y no han cumplido.

Después de un período de relativa inmovilidad en las negociaciones internacionales sobre el armamento nuclear, una serie de nuevas iniciativas surgen en el escenario mundial.

Un nuevo tratado de reducción de los arsenales atómicos (START) fue firmado el 8 de abril, en Praga, por Estados Unidos y Rusia; 47 países llegaron a un acuerdo sobre seguridad nuclear la semana pasada, en Washington.  También está prevista, para mayo próximo, la conferencia quinquenal de revisión del Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP).

El nuevo START es el primer acuerdo de desarme que Estados Unidos y Rusia firman después de la desaparición de la Unión Soviética y todavía debe ser ratificado por sus congresos. Si bien es un documento poco ambicioso, sirve para mostrar un paso en esa dirección.
El nuevo tratado limita el número de ojivas nucleares desplegadas operacionalmente a 1.550 (aunque las ojivas almacenadas podrían duplicar esa cifra), y a 700 los misiles balísticos intercontinentales, los lanzadores de misiles balísticos submarinos y de bombarderos equipados con armamentos nucleares.
Nada de lo acordado impide seguir avanzando en el desarrollo de armamento convencional, ni en la construcción de la defensa antimisiles que Estados Unidos tiene previsto instalar en Europa y que preocupa a Moscú.
En todo caso, lo logrado está muy lejos de lo que naciones no nucleares reivindican como obligaciones asumidas por las naciones nucleares reconocidas –Estados Unidos, Rusia, China, Francia e Inglaterra, los cinco países con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas – en materia de desarme.

SEGURIDAD NUCLEAR Y TNP

La semana pasada se avanzó también en materia de seguridad nuclear. En una reunión celebrada en Washington, las 47 naciones participantes acordaron proteger todo material nuclear vulnerable.
Brasil, en todo caso, insistió en esa reunión en que «la seguridad nuclear no puede en absoluto servir como pretexto para dificultar el acceso a la tecnología nuclear con fines pacíficos». El presidente Lula insistió en que su país exigirá «la eliminación total e irreversible de todos los arsenales nucleares» como el único medio de evitar que caigan en manos de “agentes no estatales”.
También se realizará entre el 3 y el 28 de mayo la reunión de la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) al cual están adheridos 189 estados, entre los cuales no se incluyen Israel, India y Pakistán, los tres países “no nucleares” que se han hecho de un arsenal nuclear.
Estados Unidos pretende reforzar los controles sobre las instalaciones de los países no nucleares, lo que ha provocado ya diversas reacciones.
Quizás el debate en Brasil ilustre bien lo que está en juego en esa negociación.
El ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil, embajador Samuel Pinheiro Guimarães, ha rechazado tajantemente la posibilidad de que su país firme los nuevos compromisos en esta materia.
“El principal objetivo del TN debe ser la eliminación de las armas de los países nuclearmente armados”, afirmó, en referencia a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. “Hace 42 años esos países se comprometieron a eliminar sus armas, y hace 42 años que no cumplen ese compromiso”, escribió.
Lo cierto es que el TNP se refiere no solo a la no proliferación –un área en que ha cumplido relativamente bien su papel–, sino que también estipula el desarme de las naciones nucleares, así como normas para el uso pacífico de la energía nuclear.
Desde entonces, los arsenales nucleares no pararon de crecer y sofisticarse, lo que ha llevado a los países no nucleares a levantar la voz exigiendo el cumplimiento de todos los compromisos del TNP.
Para Pinheiro Guimarães, el protocolo adicional “constituiría una violación inaceptable de la soberanía” brasileña, un país que ha suscrito todas las convenciones de salvaguarda contra la proliferación nuclear y lo ha incluido en su constitución, pero que desarrolla un importante programa de uso pacífico de la energía nuclear. Brasil tiene grandes reservas de uranio, maneja el ciclo de enriquecimiento necesario para su utilización, pero, además, cuenta con una tecnología de ultracentrifugadoras de las “más eficientes del mundo”.
Pero en Brasil hay también quien estima que el país debería firmar el nuevo acuerdo. El también embajador Rubens Ricúpero, exsecretario general del Itamaraty, defendió una posición contraria a la de su colega Pinheiro Guimarães. Ricúpero estima que la llegada de Obama a la Casa Blanca ha implicado un cambio de política y que, si bien el acuerdo de desarme firmado con Rusia está todavía lejos del desarme al que se obligaron, es un paso en la dirección correcta que debe ser estimulado.
En todo caso, Brasil defiende enérgicamente el derecho al uso pacífico de la energía nuclear, exige un mayor equilibrio entre el control de la proliferación y el desarme, y ha puesto en marcha, junto con Turquía, una iniciativa para resolver mediante la negociación la crisis en torno al programa nuclear de ese país.
Fuentes diplomáticas brasileñas han reiterado que no hay indicio alguno de un uso inadecuado de uranio enriquecido por parte de Irán.

NUEVO ESCENARIO

Existe otro escenario en que se analizan las iniciativas en materia de armamento nuclear en el marco de las nuevas estrategias militares de las grandes potencias.
Se trata de nuevas estrategias basadas en una opción no nuclear. Se trata, según palabras del almirante Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos de “defender los intereses vitales de Estados Unidos y los de nuestros socios y aliados con una mezcla más equilibrada de medios nucleares y no nucleares que la que tenemos a nuestra disposición actualmente.”
El Departamento de Defensa explora toda la gama de tecnologías y sistemas para una capacidad de Ataque Global Inmediato Convencional (CPGS) “que podría ofrecer al presidente opciones más verosímiles y técnicamente adecuadas para encarar amenazas nuevas y en desarrollo”.
El nuevo tratado de desarme firmado con Rusia no impide el desarrollo de nuevas tecnología convencionales, ni el despliegue de esos armamentos, para lo que se ha solicitado casi $240 mil millones en el presupuesto del próximo año.
Una situación que ha hecho ya reaccionar al ministro ruso de relaciones exteriores, Segei Lavrov, de que “será difícil que los Estados del mundo acepten una situación en la cual desaparezcan las armas nucleares, pero que emerjan armas que no son menos desestabilizadoras en manos de ciertos miembros de la comunidad internacional.”


Aumentan presiones sobre Irán


Tal como ocurrió en Irak, como si la película se repitiera, las presiones para incrementar las sanciones contra Irán por supuestos incumplimientos del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), del que ese país es parte, aumentan, en un camino que podría conducir a una peligrosa escalada militar, según diversas fuentes diplomáticas.
Países miembros del Consejo de Seguridad han expresado su temor de que se repita así el proceso que llevó a la invasión de Irak, donde, como se sabe, no existían las armas nucleares que sirvieron de pretexto para la invasión.
Estados Unidos ha redoblado sus esfuerzos para ampliar las sanciones contra Irán, un proceso que preocupa a otras naciones y pone sobre la mesa el complicado (y terrorífico) panorama de la proliferación de las armas nucleares.
En lo que parece haber acuerdo es que una acción similar contra Irán tendría efectos mucho más dramáticos para la política mundial. Las consecuencias serán “incalculables”, según fuentes diplomáticas consultadas por “UNIVERSIDAD”.


 

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