Cortocircuito democrático

«Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda». Martin Luther KingSobrellevar la campaña electoral significa exponernos a

«Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda». Martin Luther King

Sobrellevar la campaña electoral significa exponernos a programas de gobierno, ideas y demás adornos, para convencernos como electorado a salir a votar; sin embargo, da vueltas en el aire una cuestión simple: ¿hacia dónde marca la política electoral?

Tal vez esta duda nos invade cuando se encuentran dos tipos de política, la electoral y la participativa; ¿por qué esta diferencia?; sonroja saber que los y las candidatas se vuelven locos de amor por las comunidades y los pueblos que visitan, que hacen suyos los mil y un reclamos que colectan al paso durante la “fiesta democrática” y llevan en respuesta bajo el brazo, mil y un respuestas.

Desde esta política electoral la ciudadanía se vuelve un rating que obtener; los partidos construyen un andamiaje de persuasión centrado en 6 meses, lo que debió haber sido un trabajo de base durante un tiempo mayor, con la meta de construir propuestas para trabajar y validar desde la ciudadanía basándose en la pregunta, para poner en cuestión sus propias ideas e enriquecerlas; en cambio esta política prefiere las propuestas instantáneas, construidas entre un grupo de “élite intelectual” que luego difunden entre la población; esta visión tecnocrática y paternalista condena una y otra vez a la ciudadanía a una condición pasiva; sin embargo, las instituciones formales costarricenses convierten esto en una cortina de humo, para hacerla pasar como participación.

La política electoral se diferencia poco de una propuesta de “marketing”, donde cada cuatro años para ofrecer la mejor propuesta se adorna de colores y sazona de sabores; sin embargo, el objetivo sigue siendo ganar la mayor cantidad de puestos. Los matices que rodean a los diversos candidatos y candidatas no impiden ser  más que reproductores de una forma de política mas cercana a una cruzada de conversión, que un proceso abierto y horizontal, centrado en la construcción participativa de democracia.

En cualquier proceso democrático y participativo, la  política es la herramienta que busca una mayor transparencia y horizontalidad en la toma de decisiones para construir y ejecutar las propuestas, pero se evidencia en la práctica que el interés de la clase política por la ciudadanía, no es mas que una simple  “escucha” y convenientemente ubicada en la campaña electoral; así en  nuestra democracia la participación ciudadana es igual a campaña electoral; fuera de esta es sinónimo de ingobernabilidad.

La campaña electoral hace del voto el instrumento protagónico de la ciudadanía;  sin embargo, la realidad demuestra que es una mera burla, dado que el resto del proceso político es fiel testigo del secuestro de los espacios de toma de decisión por aquellos grupos económico-financieros que protagonizaron el financiamiento de la campaña, para repartir en estos espacios el botín de campaña. Dada la desigualad de poder, la mayoría de las veces la ciudadanía se resume a un papel de denunciantes, provocando en esto un desgaste muy fuerte de sus propias fuerzas, resultado principalmente del secuestro de los espacios de toma de decisión; así se resta capacidad para construir alternativas y reducen el escenario político a luchas coyunturales. La clase gobernante  logra entrabar el camino hacia un funcionamiento más transparente de los espacios de gestión de lo público y  mantenerlos para el beneficio de unos pocos.

La campaña electoral desnuda una vez más las carencias del sistema democrático, que algunos por conveniencia les gusta desviar hacia la idea de elecciones libres y periódicas, sin duda gran atributo (especialmente a los que les gustan las estadísticas), pero meramente formal ante la necesidad de una profundización hacia la democracia participativa.

La política se ubica en los espacios de toma de decisiones; estos deben ser  gestionados desde la transparencia, horizontalidad, solidaridad y trabajo colaborativo, para construir las propuestas,  basados en los diversos procesos de la ciudadanía y la necesaria búsqueda de los mejores mecanismos de negociación, y sobra decir que los puestos de elección deben gestionar lo público, obedeciendo desde mecanismos participativos, a los y las involucradas.

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