¿Dónde es que descansa la paz en estos días?

Con motivo de las fechas patrias, entre desfiles, faroles, himnos y banderas, basta un minuto para reflexionar y caer de golpe en la realidad

Con motivo de las fechas patrias, entre desfiles, faroles, himnos y banderas, basta un minuto para reflexionar y caer de golpe en la realidad nacional. “Bajo el límpido azul de tu cielo, blanca y pura descansa la paz. Con esta frase finaliza nuestro hermoso Himno Nacional pero: ¿Dónde es que descansa la paz en  estos días? El cielo sigue azul, las montañas verdes como siempre. En pleno siglo XXI  Costa Rica es un país que lucha por salir adelante, como siempre lo ha hecho,  a través del trabajo honesto, las buenas costumbres y valores.

Hace treinta o cuarenta años todavía ser costarricense era trabajar en el cafetal, labrar la tierra, saludar al vecino en la mañana, arriar las vacas al potrero, esperar la cazadora para ir al trabajo, ponerse a hablar en el parque. Esos eran los años que hacían de nuestro país una verdadera  “cuna de libertades” no solo ante el mundo, sino para los mismos costarricenses.

Ser tico era sinónimo de ser libre, tener derecho de hacer las cosas sin miedo. Pero hoy, la situación es distinta, es el miedo el que nos reina.

Encender la televisión para ver las noticias, a la hora que sea es un verdadero desfile de asaltos, robos, violencia y gente maliciosa. ¿Dónde está el pueblo que alguna vez fuimos? Con gente buena que invitaba al café en la tarde, gente que ayudaba al vecino, que no negaba un vaso de agua. Morir por un teléfono celular o por cien mil  colones es la moda. Que nos den un tiro por ser costarricenses, a eso está llegado nuestra sociedad. Un pulpero, un taxista, un oficinista, un adulto mayor, muertos; esas son las noticas y la costumbre es hacerse de la vista gorda porque no somos nosotros, pero ¿hasta qué punto  estamos  lejos de ellos?

Somos todos ticos, nos cobijamos bajo el mismo cielo, el mismo que nos ha visto crecer y que al desenfrenado paso que vamos será testigo del gatillazo producido por los delincuentes el día que  nos llevemos un susto. Hemos cambiado la libertad por miedo y es que hasta la última frase de nuestro himno nacional se han robado, la última palabra, la más bonita, ya paso alguien la echó entre un saco y se la llevó.

Podríamos morir libres y que un pedazo de plomo nos quite la vida, mientras nos defendemos de  cualquier mafioso, pero¿ no sería mejor tomar conciencia en nuestros hogares y cambiar el destino de este pueblo? A lo largo de la historia, muchos hombres en este país no quisieron ser víctimas de la opresión; estamos en un nueva era, donde el pueblo debe estar más unido y defender esos derechos por los que miles de costarricenses lucharon en el pasado. Hay que dejar de lado esa idea tan errada que tenemos los ticos del “a mí eso no me va a pasar” y empezar a defendernos no con violencia, sino con lo que mejor tenemos los costarricenses:  la astucia, el compañerismo y la honradez.

Cuando cualquier turista extranjero nos pregunta por las bellezas de Costa Rica, con el mayor de los orgullos respondemos  afirmativamente, pero después de ver las noticias se dejan llegar de golpe la frustración y la desilusión por los encabezados en los diarios. Nuestra realidad de pronto deja de ser tan pura vida, si la analizamos concienzudamente y nos damos cuenta que  la seguridad que creemos tener se nos está escapando de las manos.

En un pueblo donde nos enseñan a cantar al unísono: “Vivan siempre el trabajo y la paz”, es necesario despertar de ese letargo producido por el olvido de nuestras raíces. La idiosincrasia costarricense es bondadosa por naturaleza, es la de un pueblo que nunca ha dejado que nadie le ponga cadenas, ni dejará que esto suceda y tal vez con justa conciencia volvamos a gritar a ese cielo que nos  mira:  ¡Vivan siempre el trabajo, la paz!, y lo más importante, la libertad.

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