El águila, el caracol y las pirámides de Egipto

El jueves pasado se celebró en el Country Club una actividad de caridad anual de un grupo que se llaman ROMAR, o algo parecido

El jueves pasado se celebró en el Country Club una actividad de caridad anual de un grupo que se llaman ROMAR, o algo parecido y por cuya cena pagan un dineral. Se junta la crème de la crème de la sociedad costarricense.

Este año, la ambientación, comida y conferencia fue sobre los egipcios y las pirámides;  la conferencista Carolina Fumero. Todos los caritativos se dieron cita ahí y entre ellos se encontraba Salvador Áureo con su novia, perdón, su prometida. Para nada me extraña. Por ahí estaba, también, el ex Cuestor Antonio López; tampoco me extraña. Él y su familia son muy caritativos y dadivosos.

Una vez que pasaron los vinos de a pie (costumbre que lo puede matar a una del dolor de pies, porque los zapatos tan elegantes e incómodos son solo para salir), pasaron a sentarse al salón donde se brindaría la cena-conferencia, muy instructiva.

Para comer y escuchar se debe estar de frente para no sufrir un tremendo dolor de nuca, como decía mi abuela. Me dicen que el ex Cuestor Antonio López, apresurado buscó un buen lugar, en la cabecera de una de las exclusivas  mesas y adivine, adivinador, ¿quién se le sentó a la par? A la purita par, enfatizo, ¡a la pura par! Nada menos y nada más que el Águila, Salvador Áureo. Nadie podía creerlo y los asistentes que acataron lo que estaba pasando no se enteraron ni de las exquisitas viandas, ni de los sutiles vinos, ni de los egipcios y mucho menos de las pirámides. No podían creer que el torturador buscara al caracol. ¡Nada menos ni nada más que al torturado, al que le hizo la vida de cuadritos, a quién le mandó una carta pidiéndole la renuncia a la contraloría!  No, esto tiene que ser un sueño pero no me puedo despertar, es muy vívido y detallado. No me lo quiero perder.

En los sueños se escuchan hasta los diálogos más apartados, yo solo escuchaba el monólogo de Salvador: “Idiay muchacho, ¿qué está haciendo? ¿Cómo está su familia? Con usted nunca  he podido hablar; siempre terco, desobediente, arrogante. ¿Será que ahora, cuando los resentimientos se esfumaron podemos hablar? ¿Se acuerda qué cercanos fuimos en aquellos tiempos, que compartíamos en mi casa? Yo nunca le hice un mal gesto. Sabe, Antonio, en lo que necesite, yo estoy para ayudarlo. Yo conozco gentes en todas las universidades y foros del mundo; si necesita salir para no herrumbrarse, yo puedo recomendarlo para que vaya a hablar a otros lugares. Ser profesor universitario, de la que dicen es mi universidad, la Latina, es mal visto. ¡Todavía, dar clases en la UCR, da algún prestigio! Viaje, promociónese como lo hace su hermano Manuel o José María; el hombre de hoy es el hombre globalizado, como Yo. Yo sigo siendo mucho gallo para este corral. Siga mis consejos, no pierda tiempo escribiendo novelitas sobre el águila. Llámeme, me ofrezco ayudarlo, aunque nada le debo. No desprecie mis contactos… usted me conoce, llámeme. ¡Pero Antonio, muchacho! Póngame atención, usted no me está escuchando, es más, su desinterés es pura insolencia. Yo he sido presidente de Costa Rica dos veces y usted sigue siendo un insolente. Lástima Antonio, lástima que usted sea tan terco y tan independiente y además de lujo. Fue usted, precisamente usted Antonio, el que me abrió los ojos. Usted entiende, comprende: ¿por qué no me quedó de otra? Su trabajo en la Cuestoría, excelente por cierto, no me ayudaba a pagar mis compromisos político-económicos. Además, si usted hubiese seguido como Cuestor, se habría convertido en un delfín y eso no me servía. La Cuestoría era la catapulta perfecta para que usted llegara a la presidencia. Ni loco, podía yo dejarle el camino abierto. Y no ve qué mala suerte, ese periodiquillo de la U acabó con mis dos delfines, Kevin y Fernando. Y Laurencia Moscoso nos salió güera. Pero ya cambiarán los tiempos, a partir del 2014, mi Tío Paco tomará las riendas y ya verá, sólo motos BMW y carros Mercedes Benz, aunque a usted le duela. Yo lo sé, ya contaron que la volvió a agarrar conmigo en su librito de ensayitos: “Política del terror y el ciudadano desencanto”. Pero llámeme, aprenda a ser fuerte; lo de la Cuestoría fue solo un accidente político más. Ya no lo interrumpo más, coma, se le va a enfriar, aproveche, es cordero; en Ciudad Quesada no saben comer eso, aproveche y le repito, llámeme.”

¿Es esto acaso un  sueño, o una broma de Kundera? Pero no; todo el tiempo estuve despierta, yo nada soñé. Alguien me lo contó. Ya ni sé. Como sea, sueño o no, en Costa Rica el verdugo puede sentarse a la par del torturado, el águila a la par del caracol; porque el nido del poder está tejido de soledades.

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