Un presidente electo… ¿deslegitimado?

Con solo un 33% del apoyo del total de la población costarricense inscrita en el padrón electoral, Abel Pacheco debe conformar un equipo

Con solo un 33% del apoyo del total de la población costarricense inscrita en el padrón electoral, Abel Pacheco debe conformar un equipo de gobierno coherente y dar los primeros pasos para conciliar posiciones entre sectores.


Esta entusiasta seguidora del Dr. Abel Pacheco, manifestó su alegría durante la elección del 7 de abril.

 

 

 

 

 

El psiquiatra Abel Pacheco de la Espriella (del PUSC) fue elegido el 7 de abril Presidente de la República al alcanzar 16% de votos más que los obtenidos por su contendor, el ingeniero Rolando Araya (del PLN).

Tras una campaña ayuna de discusiones profundas sobre las soluciones para los problemas nacionales, las primeras elecciones del nuevo milenio en Costa Rica tuvieron a los abstencionistas y a las agrupaciones políticas emergentes como los principales protagonistas.

Por primera vez en más de 50 años, el nuevo mandatario fue designado en una segunda ronda electoral, luego de que ninguno de los 13 aspirantes a la silla presidencial obtuviera el 40% de los votos válidamente emitidos, requisito exigido constitucionalmente.

 

Las elecciones del pasado 7 de abril estuvieron marcadas por el mayor ausentismo a las urnas que se han reportado en los últimos 50 años, pues el 39% de los inscritos en el padrón no acudieron a la cita.

Con el 98% de las mesas escrutadas, Pacheco obtuvo 764.527 sufragios frente a su rival, quien alcanzó 554.039 votos. Así, Pacheco llegó a la presidencia con un holgado porcentaje de votos, si se compara con las cifras de las elecciones anteriores, cuando la diferencia no sobrepasó el 3%.

Sin embargo, al compararse el número de votos obtenidos por el socialcristiano, Pacheco llegó a la presidencia con solo el 33% de los ciudadanos que podían ejercer el sufragio.

Con una mezcla de discurso populista y propuesta neoliberal, el médico llegará el 8 de mayo a la Casa Presidencial en Zapote. Utilizando la imagen de un hombre dicharachero y bonachón, Pacheco logró sortear la respuesta exigida a los problemas más serios del país argumentando que no era requisito para ser presidente tener respuestas a todos los problemas del país y que «para eso están sus asesores y compañeros de gabinete».

El nuevo mandatario, poeta, médico, comerciante, psiquiatra y político, confirma la tendencia de los electores de romper con la tradición de designar para la silla presidencial a un abogado o a un economista, tal como sucedió en la mayoría de los comicios de los últimos 50 años.

El psiquiatra  inició su carrera a la presidencia 20 meses atrás, cuando emergió como una figura polémica de amplio apoyo popular, pese a que la gestión del presidente Miguel Angel Rodríguez, militante del mismo partido, no gozaba de la simpatía de la mayoría de la población.

Su acercamiento al pueblo a través de la música, el humor,  el desenfado y con una imagen renovadora dentro de una agrupación política dominada por el expresidente Rafael Angel Calderón Fournier (1990-1994), el psiquiatra ganó la convención interna de su partido a pesar de la oposición de los principales dirigentes.

Luego se lanzó a la conquista de la silla presidencial frente a su principal adversario, el ingeniero Rolando Araya Monge, apelando a la unidad nacional para la solución de los problemas, sin proponer ideas de fondo que sustentaran tal posición.

La primera ronda electoral, el pasado 3 de febrero, lo colocó en el primer lugar de las preferencias electorales entre los 13 partidos en disputa, sin alcanzar el 40% requerido para obtener el puesto.

Tras la ruptura pública con Luis Fishman, candidato a la segunda vicepresidencia en la papeleta, Pacheco esquivó uno de los escollos que más preocupaban a algunos sectores: su capacidad para conducir el país y que fueran otros quienes tomaran las decisiones.

Con 69 años de edad, el doctor Pacheco ya empezó a conjuntar un equipo de gobierno en cuya conformación no se descarta la continuidad de ministros de la actual administración y la incorporación de políticos de partidos que han adversado al PUSC.

Esta mezcla de personalidades y la suma de compromisos asumidos en la campaña electoral, colocan a Pacheco en el dilema de cómo conciliar las posiciones neoliberales de sus asesores económicos, con parte de su equipo de gobierno que exige espacios de participación mayores y el impulso requerido para la disminución de la pobreza y el fortalecimiento de los programas sociales debilitados en los últimos años.

DESLIGITIMACIÓN Y RETOS

Aunque el presidente electo minimizó ante la prensa el hecho de alcanzar la presidencia con poco apoyo ciudadano, lo cierto es que el 40% de quienes podían ejercer el voto, no acudieron a las urnas, anularon el sufragio o lo dejaron en blanco.

Igual que en las elecciones de 1994 y 1998 solo uno de cada tres costarricenses con opciones de voto apoyaron al candidato ganador, lo que obligará al mandatario a buscar mecanismos que afiancen el apoyo de la ciudadanía a su gestión.

Pacheco deberá demostrar que además de buen cocinero sabe servir la mesa con cautela, y no lanzar los platos, como definió el propio Pacheco las estrategias que empleó Miguel Angel Rodríguez al intentar privatizar instituciones estatales. Si no lo logra, las protestas en las calles y las presiones de los sectores sociales no se harán esperar como lo anuncian desde ya los sindicatos, organizaciones de campesinos, de estudiantes y la ciudadanía en general.

Pieza clave en su gestión será quien ocupe el ministerio de la Presidencia. Quizá su mayor escollo será el papel que desempeñe Luis Fishman como segundo vicepresidente electo, quien fungirá como «un fiscal interno de las acciones del gobierno y el mandatario», como afirmó el propio Fishman hace dos meses.

Otra de las dificultades que debe resolver Pacheco es conciliar sus ideas de justicia social con las propuestas de algunos de sus allegados de corte neoliberal como Francisco de Paula Gutiérrez, Edna Camacho, Eduardo Lizano o Anabelle González, a quienes anunció como posibles asesores y ministros.

La prueba de fuego para su administración será demostrar la capacidad negociadora con cuatro fracciones minoritarias en la Asamblea Legislativa, e intentar el apoyo de los sectores productivos y sociales para impulsar las propuestas ofrecidas en campaña.

CONTRA EL TIEMPO

En menos de 30 días, el presidente electo debe formar equipo y priorizar el orden en que cumplirá los compromisos asumidos. Sin embargo, su silla en la Asamblea Legislativa lo espera aún para aprobar el proyecto en favor de los arroceros y para penalizar la violencia contra las mujeres como lo reiteró en la campaña.

Su apretada agenda en este mes lo llevará a Washington, donde no descarta la reunión con políticos y representantes de los organismos financieros internacionales. En el país, la sesiones de trabajo con empresarios, sindicalistas, diputados, políticos de oposición y representantes de organizaciones sociales lo sumergen en una vorágine mayor que la campaña electoral.

Pacheco ha garantizado cumplir con el mandato que sus electores le confirieron. El tiempo para conciliar las promesas con lo que es posible realizar y formar un coherente equipo de gobierno, son sus retos inmediatos.


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