Aparicio: La música es el lenguaje internacional

Entre las obras de Aparicio destacan El amuleto mágico, El bosque quemado, Saxadhu y Memorias de la Cabaña. El reconocido director de bandas y

Entre las obras de Aparicio destacan El amuleto mágico, El bosque quemado, Saxadhu y Memorias de la Cabaña.

El reconocido director de bandas y compositor español Teodoro Aparicio visitó Costa Rica este mes para impartir un Seminario de Técnicas Básicas de Arreglo y Dirección para Bandas.

Dicho curso fue organizado por la Escuela de Artes Musicales de la UCR y estuvo dirigido a estudiantes avanzados de composición de esa escuela, así como para directores nacionales de bandas.

Aparicio es director titular de la Banda Sinfónica de la Unión Musical de Alaquàs, en la Comunidad Valenciana. Además, muchos de sus trabajos han sido de interpretación obligatoria en festivales internacionales y también se ha dedicado a la docencia.

El compositor conversó con UNIVERSIDAD sobre el desarrollo de la música para bandas, su carrera y el panorama musical de su país.

Como compositor Ud. es muy versátil, ya que no sólo escribe material para bandas, sino también piezas sinfónicas, conjuntos de cámara y vocales. ¿Qué caracteriza al músico de banda que lo diferencia de los dedicados a otros formatos?

– La orquestación sinfónica por preferencia siempre ha sido la orquesta, y la banda durante muchos años ha sido sucedánea de la sinfónica, por eso busca llevar el repertorio sinfónico a los pueblos pequeños, que disponen de la cercanía de la banda, pero que no tienen orquesta.

Con el tiempo evolucionó y hoy las bandas cuentan con un lenguaje y repertorio propios,  aunque se tocan adaptaciones de música sinfónica muy conocida. Muchas bandas incluyen repertorio originalmente escrito para ellas, que es donde esta agrupación instrumental de características propias se desenvuelve mejor, con una mejor capacidad de respuesta.

La banda que siempre toca repertorio de orquesta es como una persona que viste un traje prestado, no está del todo a gusto. Lo más importante es aprender a vestir el que nos corresponde, dotar a la banda de un lenguaje y sonoridad propios de instrumentos de viento.

¿ En qué se diferencia su acercamiento a la composición para banda, orquesta o conjunto de cámara?

– Hay compositores que se dejan llevar por la tendencia del momento, como también otros que han escrito música de avanzada, y para ello han hecho evolucionar el lenguaje estético.

También es importante mirar hacia quién va dirigida la música. El público que llena las salas sinfónicas no es el mismo que asiste a un concierto de cámara o a uno de banda, aunque puedan coincidir.

Así que cada una de esas tres agrupaciones requiere de una estética diferente. El lenguaje de la banda ha de ser más directo y accesible. Cuando escribo música de banda procuro utilizar un lenguaje muy expresivo, que no necesite demasiado esfuerzo acústico para que el mensaje llegue. Escribo partituras inspiradas en textos literarios o música descriptiva, con un mensaje bastante fácil de asimilar.

La de orquesta permite utilizar estéticas más atrevidas, un lenguaje más moderno y sonoridades que con la banda no me atrevería, puesto que se hace para un público con más hábito de escuchar todo tipo de creaciones.

La de cámara depende un poco del tipo de encargo, aunque también permite composiciones un poco más de vanguardia.

Con la de banda hay que ser más cuidadoso, pues a mucha gente le gusta disfrutar la música en esa primera opción, que llegue de manera directa al corazón. Por eso debe tener mucha plasticidad.

¿En cuáles textos literarios se ha inspirado?

– Una obra mía para banda que se llama Memorias de La Cabaña se basa en el libro Del Cautiverio, de Manuel Siges, el cual habla de las peripecias de un soldado español que estuvo en prisión durante tres años en la Cuba colonial, a principios del siglo XX.

Aquí voy a interpretar Recordando a Degrain, que es un pintor impresionista valenciano. Es música descriptiva que trata de pintar musicalmente tres láminas de este artista.

¿Cómo se hace la traducción del lenguaje pictórico al musical?

– Hay muchos clichés que el público maneja. Por ejemplo, ¿por qué se relaciona una escena en que hay mucha agua con un sonido de arpa?, ¿por qué en una película de suspenso, sólo por la música ya uno sabe lo que va a venir? El compositor ya los tiene archivados y al igual que un pintor utiliza toda la paleta de colores, el primero utiliza esa paleta de recursos para provocar una sensación.

¿Qué conoce de la música costarricense y qué espera encontrar en los músicos y directores de banda que participan en el taller?

– Me consta que en toda la música de Centroamérica aún quedan muchas reminiscencias de la música española del siglo XVIII, que transformada en un cóctel con ciertos ritmos autóctonos ha producido géneros propios. Me han dicho que hay un ritmo característico de Costa Rica, el tambito, que es una derivación de la guajira española.

Cuando visito un país en el que no he estado nunca, procuro llevarme muchas ideas que luego me permiten hacer trabajos nuevos, es un material siempre interesante.

Si hay un lenguaje internacional es la música. Siempre encuentro músicos con muy buena disposición, con ganas de aportar ideas y con criterio. De la misma manera, con modestia y la experiencia que he acumulado durante estos años, espero al menos proporcionarles criterios y que decidan qué les interesa.

¿Qué significa para usted que en Costa Rica se conozca y se interprete su música?

– Es de las cosas más bonitas que me han pasado en los últimos años, de alguna manera es hacer un salto cuantitativo y cualitativo. Es muy importante que casi a 9 mil kilómetros de España se interesen por la obra de uno.

¿Con cuáles de sus discos se siente mejor?

– Los discos en que aparezco en la dirección en directo. La música en vivo tiene un atractivo que la de estudio nunca tendrá; aunque no sean grabaciones tan perfectas, es precisamente la adrenalina, hay una sensación que nunca se tiene en un estudio.

¿Qué proyectos maneja en su carrera?

– Apenas llegue a España tengo el concierto de fin de temporada con la banda de la que soy titular. A fin de agosto en el Palau de la Música de Valencia, se estrena una obra para orquesta y dos cornos que he escrito para la clausura de un congreso internacional de cornistas.

¿Qué camino ha tomado España musicalmente?

– Tengo que decir que hemos perdido un poco el rumbo. No es que añore la música del nacionalismo, pero deberíamos continuar con eso pues tenía un sello propio. Creo que la música tiene que avanzar, pero se está haciendo excesivamente comercial.

Hoy la música es hecha para un público que aprecia la de consumo inmediato, y por eso la mayoría de las obras que se escriben no perdurarán. Ojalá me equivoque, pero creo que deberíamos reflexionar y tratar de no perder las señas de identidad.

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