Orquesta del Caos: al rescate del paisaje sonoro

“Nuestra inquietud es la reflexión y la creación con sonidos”, manifestaron José Manuel Berenguer y Carlos Gómez, artistas sonoros integrantes del colectivo artístico Orquesta

El colectivo Orquesta del Caos estuvo en Costa Rica como parte de un trabajo de grabación de sonidos culturales y naturales.

“Nuestra inquietud es la reflexión y la creación con sonidos”, manifestaron José Manuel Berenguer y Carlos Gómez, artistas sonoros integrantes del colectivo artístico Orquesta del Caos.

Ellos llegaron a Costa Rica como parte de un proyecto de recopilación del paisaje sonoro en diferentes países, llamado Sonidos en Causa y que cuenta con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

Su sede de trabajo está en Barcelona y durante su paso por Costa Rica, coordinaron junto con el compositor y gestor cultural Otto Castro la realización de talleres y conferencias sobre la “ecología acústica” y el fenómeno electroacústico, además de giras de grabación de sonidos en diferentes puntos del país.

Berenguer funge como codirector de la Orquesta del Caos y es presidente honorario de la Conferencia Internacional de Música Electroacústica, del Consejo Internacional de la Música de la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura la Ciencia y la educación (UNESCO).

Por su parte, Gómez es de origen colombiano y en 1987, luego de abandonar sus estudios de Música y Artes Plásticas en Bogotá, estudió composición con medios electroacústicos en Barcelona. Junto a Berenguer codirige la Orquesta del Caos.
La realización de Sonidos en Causa empezó el año pasado cuando visitaron la localidad de Leticia, en Colombia, y este año, luego de Costa Rica partirán a Brasil, Perú, Paraguay, Guatemala y México.

¿Cómo se gestó la Orquesta del Caos?

– José Manuel Berenguer: La Orquesta nació en 1994 como una conjunción de artistas que compartimos la idea de la improvisación; está muy ligada al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, cuya influencia hizo que seamos artistas con interés por desarrollar actividades relacionadas con la proyección de eventos artísticos.
Nuestra inquietud es la reflexión y la creación con sonidos, lo cual es un objeto de trabajo que se puede considerar desde puntos de vista más relacionados con la biología o la antropología.
Hoy la Orquesta es un fenómeno de arte sonoro, en el cual tiene mucha importancia el arte electroacústico y el uso de las nuevas tecnologías electrónicas de reproducción y tratamiento de audio.

¿Qué tan difícil es que el común de la gente digiera el arte electroacústico?

– Carlos Gómez: Cambiar hábitos culturales es muy complicado, pero si los artistas trabajaran solamente sobre ellos, nada cambiaría nunca. Justamente cuando se trabaja de manera experimental con el sonido, poco se piensa en el hecho de que el producto sea de fácil consumo, pues uno debe concentrarse en lo que investiga. 
Parte del trabajo de la Orquesta es justamente buscar una buena difusión e informar de qué se trata lo que hacemos, aclarar los términos en los que se realiza y se presenta.
-José Manuel Berenguer: La difusión no es únicamente acerca de las manifestaciones musicales, sino que aborda temáticas de interés más general, como la discusión sobre el control social a través del sonido. Mucho de nuestro trabajo de difusión se hace a través de la organización de festivales, en los que se realizan conciertos con artistas que trabajen, por ejemplo, el tema del control social. Hacemos convocatorias amplias a artistas para trabajar obras desde esos temas y se obtiene una respuesta de tal vez 200 obras, que luego se exponen en un contexto octofónico o de más altavoces, según las características del espacio.

  Sonidos en Causa es un proyecto muy ambicioso, pues visitarán una gran cantidad de países. ¿Cómo nació conceptualmente?

– José Manuel Berenguer:  En el 2007 hicimos un viaje a Perú y allí entramos en contacto con un grupo de activistas llamado Aloardi, les explicamos nuestro trabajo de análisis del crecimiento urbano en nuestras ciudades, respecto del sonido. Cuando hay un crecimiento urbano y la gente se va a vivir a un sitio, aparecen nuevas músicas y sonidos de cosntrucción, mayor cantidad de autos, o pueden desaparecer. Teníamos dos años y medio de hacer ese trabajo y le solicitamos al Colectivo Aloardi que nos diese información sobre qué lugares en Perú presentaban un crecimiento económico importante. Ellos nos propusieron un sitio en el cual crecía una obra de infraestructura muy grande, una carretera que une los dos océanos.
De regreso empezamos a darle forma al proyecto e indagar qué entidades lo podrían financiar. Fuimos a dar a la AECID y se decidió extenderlo a más países latinoamericanos, realizar un trabajo continuado que nos permitiera recabar un registro del paisaje  sonoro frágil y poderlo ofrecer a los representantes del patrimonio inmaterial.
La generación de esos archivos tiene otro valor: serán de dominio público y podrán ser utilizados por todo tipo de público, investigadores o creadores.

En el proyecto  está presente la conservación del patrimonio intangible, en este caso sonoro, pero también el tema del patrimono natural, ¿cómo surgió esa doble preocupación?

– José Manuel Berenguer: Para nosotros el patrimonio natural y el inmaterial son lo mismo, uno está dentro del otro, consideramos que la distinción entre artificialidad y naturalidad no es muy significativa, por lo tanto el patrimonio cultural, como las tradiciones orales, y el patrimonio natural, como los sonidos de los pájaros, no es demasiado diferenciable, por ello recurrimos al concepto de paisaje sonoro que lo engloba todo.
– Carlos Gómez: Lo interesante del proyecto es que sirva para entender que el paisaje sonoro es parte del patrimonio, sus caracterísiticas son muy cambiantes y esto nos permite fijarlas en el tiempo y espacio en el nivel de archivo, de manera que no se trata de aquello que de manera evidente es parte del patrimonio, sino que los archivos quedan para saber qué pasó cuando algún rasgo cultural o natural ya no existe. Nos ha llamado mucho la atención en muchos viajes el hecho de que se habla de reservas biológicas o naturales en puntos en los que al lado pasa una carretera, o aviones. Es decir, el concepto de reserva no incluye al patrimonio sonoro y nuestra idea es crear esa sensibilidad.

¿Cómo concretan el concepto de ecología sonora?

– Carlos Gómez: Es algo que hemos discutido, por un lado está el concepto anglosajón de “acoustic ecology”, hablar desde el punto de vista creativo y de investigación de lo que es la ecología. Hacemos un trabajo que aunque hable de temas ecológicos, no es realmente de ecología acústica como tal.
 Nos interesa registrar las gradientes que hay entre las zonas de mayor y menor contaminación, sin hacer juicio de valor. Somos claros políticamente y pretendemos enterarnos de lo que pasa en cada sitio, pero sería arriesgado decir que el proyecto es de ecología acústica.
– José Manuel Berenguer:  Lo que enfatizamos es que el patrimonio sonoro cambia a partir del crecimiento, por ejemplo, de obras de infraestructura. Nosotros no nos pronunciamos sobre esos cambios, pero si alguien lo quiere hacer, tendrá a su disposición estos archivos. Nos parece bien que todo el mundo haga uso de esos archivos de la forma política que le parezca.

Entonces, como trabajo documental ¿qué han encontrado en estas grabaciones hechas en Costa Rica?

– José Manuel Berenguer: Debemos analizarlas, porque es una gran cantidad de información. El registro puede servir para determinar por ejemplo la presencia de pájaros.  Hicimos un recorrido por sitios como el Parque Nacional Braulio Carrillo o la reserva La Tirimbina, en Sarapiquí.
Los sonidos de las comunidades se relacionana con necesidades psicosociales. Leticia, Colombia, es un lugar de colonos y allí la gente ponía la música lo más alto posible, si el control del volumen daba 11, así lo tendrían. Aquí es diferente, cerca de Monteverde había una fiesta popular que metía bastante bombeo dentro de la reserva, pero el empleo de la música en Costa Rica no es tan fuerte como en esa zona amazónica.
– Carlos Gómez: En Leticia, aunque está rodeada de selva, hay que alejarse bastante para  lograr puntos en que la influencioa del desarrollo urbano no enmascare el paisaje sonoro.  Aquí rápidamente usted cruza una calle y ya está en una reserva de bosque nuboso. ¿Realmente es que las condiciones naturales de Costa Rica dan para estar tan cerca, o será que hemos llevado las carreteras demasiado cerca de las reservas? Aún no terminamos de aclarar el funcionamiento de estas últimas y el papel del ecoturismo, pero es algo que los archivos sonoros pueden ayudar a determinar.
Muchas zonas rurales grandes, nos parecieron menos afectadas en el nivel paisajístico que las zonas de reserva, por el impacto del turismo. Eso me sorprendió.

¿Bajo qué tipo de licencia legal publicarán el material?

– Carlos Gómez: Probablemente sea una licencia libre de Creative Commons, nuestro interés es que haya un seguimiento de cómo se utiliza el material;  una de las condiciones es que lo generado con el archivo a su vez también sea publicado bajo una licencia libre.
No nos interesa ganar dinero con los archivos, sino asegurarnos de que se les dará un uso inteligente, como una manera de crear redes. Si de alguna forma el archivo recibe de vuelta un material bajo la misma licencia, se convierte en un producto que crece solo.
– José Manuel Berenguer: No creemos demasiado en los derechos de autor tal como se gestionan en la actualidad, no creemos en la moralidad de la generación de plusvalía a partir de la propiedad intelectual. Las sociedades de autores más bien deberían existir para defender sus derechos cuando les piden obras por encargo y que se les pague bien. Hoy todo el mundo copia a todo el mundo y no pasa nada, no tiene sentido el hecho de reivindicar esas autorías, a menos de que sean casos muy flagrantes. Para nosotros el derecho es de quien trabaja las cosas, no de quien tiene la idea genial. Hay un problema con decir que una obra cada vez que se vende tiene que tener una generación de dinero, porque eso encarece el hecho cultural.
– Carlos Gómez: El patrimonio no puede estar sujeto a propiedad intelectual.

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