Candil de la calle…

En el último número de la revista Perfil que constituye según su editora, una “…nueva propuesta editorial, más fresca y renovada en su diseño

En el último número de la revista Perfil que constituye según su editora, una “…nueva propuesta editorial, más fresca y renovada en su diseño y contenido”, aparece la sección de “Mujer no tradicional”, con una entrevista a la ministra de trabajo, Sandra Piszk.

Aparte de las bellas fotografías de su casa, así como de los detalles de su vida diaria, llama poderosamente la atención cuando se le pregunta lo siguiente: ¿cuánto gana una empleada doméstica, cuánto perciben las suyas por mes? Las respuestas son esclarecedoras sobre el nivel de desconocimiento respecto de temas laborales que tiene la señora ministra. Su respuesta es de antología: “Es bajísimo, como ¢150.000 mensuales.

Tengo dos, Idalia tiene 20 años de trabajar conmigo, a ella se le incluye alimentación y uniforme y se le paga un poco más del mínimo. A Karla se le paga por día, pero en realidad a eso hay que sumarle el seguro”.

Me pregunto varias cosas: ¿conoce la señora ministra el artículo 104 del Código de Trabajo, inciso b) relativo al salario del trabajo doméstico remunerado? Si es así, las condiciones en que mantiene a sus servidoras domésticas no son dignas de emular. Si no es así, si desconoce su contenido, asistimos a una ignorancia gorda que debe ser superada para bien de los trabajadores y trabajadoras de este país.

Recuerde, señora ministra, que el inciso al que se hace referencia supra, indica con meridiana claridad que las servidoras domésticas “percibirán un salario en efectivo que en ningún caso será inferior a la fijación mínima correspondiente, y recibirán además, salvo pacto o práctica en contrario, alojamiento y alimentación adecuados, que reputarán como salario en especie para los efectos consiguientes”.

Así las cosas, le preguntamos: el uniforme de Idalia, ¿forma parte de su salario?; en tanto que en relación con Karla, el seguro social, ¿forma parte de su salario? Si eso lo entiende así, que corran todos los patronos vivillos y tacaños para que se les legitimen prácticas de contratación como esas para involucionar en justicia salarial con las trabajadoras domésticas y se profundice la desigualdad en el país. Si no es así, insto a la señora ministra a hacer lo propio para enderezar tal desaguisado, en reconocimiento a esas personas, en su mayoría mujeres, que nos asisten en el hogar para que otras mujeres podamos laborar en otros sitios, sabiendo que en la casa hay orden, limpieza y comida caliente y fresca, amén que las tenemos uniformadas para que recuerden bien dónde está su sitio en la escala laboral.

Ojalá ASTRADOMES y la Defensoría de la Mujer de la Defensoría de los Habitantes, se pronuncien al respecto porque aunque la ley no alcance, sin la ley no se avanza, como decía mi jefa. Para darle dientes a la ley, hay que luchar todos los días porque se cumpla. De otra manera, los esfuerzos de años por equiparar los derechos de las trabajadoras domésticas a los del resto de trabajadores del país, mismos que concluyeron recientemente con la reforma necesaria para hacerlos realidad, habrán sido en vano.

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