Con ¢12.000 se caza en todo el país

Organizaciones ambientalistas presionan para que se prohíba la cacería deportiva y se enfrentan al argumento de que esta medida más bien aumentará la caza

Organizaciones ambientalistas presionan para que se prohíba la cacería deportiva y se enfrentan al argumento de que esta medida más bien aumentará la caza ilegal.


A menudo los felinos matan vacas y gallinas en las fincas, porque escasea la comida en los bosques, debido a la sobrecacería que se practica en éstos.

Por ¢12 mil, una persona consigue una licencia para cazar en todo el país durante un año; y así quienes practican la cacería deportiva también pueden atravesar la Avenida Central a las 5 p.m., con los venados cola blanca que atraparon en Guanacaste, amarrados sobre el techo de su carro y a veces hasta desangrándose.

Estos son hechos comprobados que expuso Luis Diego Marín, de la Asociación Preservacionista de Flora y Fauna (APREFLOFAS) para explicar el motivo de una campaña para prohibir la cacería deportiva.

«Nuestra estrategia es modernizar la Ley de Vida Silvestre, sobre todo en lo que respecta a las multas y hemos encontrado una posición favorable en la Asamblea Legislativa», dijo Marín, quien es parte del grupo de Asociaciones Unidas para el Rescate de los Animales (AURA), que impulsa la actividad.

 

 

En Costa Rica se permiten tres tipos de cacería: la deportiva, con fines recreativos; la recolecta científica, con fines de estudio; y la de subsistencia, que puede hacer cualquier familia campesina o indígena de pocos recursos, para llenar sus necesidades alimentarias. Para esta última no se requiere licencia, sólo un estudio socioeconómico del Sistema Nacional de Áreas de Conservación-SINAC del Ministerio de Ambiente (MINAE).

Las licencias dependen de la zona en que se quiera cazar. Según el decreto No. 30343-MINAE, de mayo de 2002, la licencia para una sola región (el país se divide en cuatro) cuesta ¢3.000 para caza menor y ¢6.000 para caza mayor. La que cubre todo el país cuesta ¢30.300; pero Juan Rodríguez, coordinador de autoridades administrativas del SINAC, explicó que casi nadie saca esta última porque es más caro que acumular las de las cuatro zonas (¢12.000).

El año pasado el SINAC dio 4.000 licencias, la mayoría para caza de aves y 800 para caza de mamíferos.

PLACER, VICIO, NEGOCIO

Aunque en siete años el número de licencias otorgadas bajó a la mitad, algunos expertos en manejo de fauna explicaron por qué están en contra de la caza por placer y denunciaron la poca penalización a la caza ilegal.

«La sobrecacería ha puesto en riesgo a muchas especies», declaró Shirley Ramírez Carvajal, bióloga especialista en manejo de fauna en cautiverio, que labora en el Zooave.

«Anteayer me llamaron de Coto Brus, porque en una finca había un felino comiendo gallinas y la gente dice que si no se lo llevan lo van a matar. No es justo que en estas zonas donde se permite la cacería deportiva, los cazadores compitan con los felinos, porque los primeros los están dejando sin comida, matando las especies de las que ellos se alimentan.»

Los cazadores deportivos son  personas de cierto estatus económico, «tienen licencia, arma de calibre grueso y mira telescópica, se bajan de su 4×4 en el bosque, y pueden usar sus influencias políticas para que los guardaparques no los detengan; y nos consta todo esto, aunque no puedo mencionar nombres», aseguró Marín.

Asimismo, si bien se prohíbe la cacería con fines comerciales, hay gente que entra al bosque y mete diez tepezcuintles en un saco para venderlos. Por ejemplo, en zonas aledañas a Rancho Quemado y Puerto Jiménez, cerca de Corcovado, declaró Marín, todos los vecinos le dicen: «sí, son fulano y zutano los que montean el fin de semana», esos son los cazadores criollos que lo hacen por negocio y venden la carne como bocas para el bar del pueblo.

Juan Sánchez Ramírez, funcionario del SINAC afirmó que para muchas personas la caza se convierte en «un vicio». «Hay cazadores a los que se les han quitado los perros y las armas pero no se aguantan y gastan hasta ¢600.000 para volver a comprar armas y perros. Argumentan que han vuelto a cazar porque necesitan llevar carne a su casa…», puntualizó.

La pena para quien cace sin permiso en áreas oficiales de conservación de flora y fauna silvestres o en áreas privadas, debidamente autorizadas, es una multa de entre ¢20.000 y ¢40.000 además del decomiso del equipo usado y de las piezas, según la Ley de Vida Silvestre.

POLICIA ESPECIALIZADA

Otra problemática tiene que ver con el cuadro de vedas, lista que publica el MINAE anualmente con las especies que se permite cazar (Ver recuadro). Este no se actualiza desde hace algún tiempo pues faltan los estudios científicos que determinen la densidad de especies según la región.

Para Jorge Polimeni, director de la Oficina de Sociedad Civil del MINAE, «no hay plata para pagar a estos investigadores, la responsabilidad de que se hagan los estudios es de las universidades y de los usuarios del recurso.»

La respuesta de Sánchez, es similar: «El MINAE no tiene la suficiente gente para vigilar todas las zonas donde entra gente a cazar.»

Por eso mismo ha tomado fuerza la idea de prohibir la cacería deportiva; pero se especula que si se sube el precio de las licencias, muchos no querrán pagarlas y si se prohíbe la caza deportiva, aumentará la ilegal.

Ramírez afirmó que no es que la caza deportiva disminuya la ilegal. «Se dan las dos juntas y en general, el control es ineficiente.»

Marín indicó que como parte de la reforma que impulsan a la Ley, quieren crear una policía entrenada en temática ambiental dentro del Organismo de Investigación Judicial «para identificar al cazador que anda con una AK-47 cazando chanchos de monte en Corcovado, hechos que el MINAE no puede enfrentar en este momento».

La posición de los cazadores tiene una connotación más monetaria. Ricardo Guardia, presidente de la Asociación Nacional de Cazadores, señaló que «el problema es el exceso, hay mucha gente que piensa que lo ideal es prohibir la cacería, pero lo importante es darle a la fauna silvestre un mayor valor económico».

Según el estudio «Opinión pública sobre la cacería en Costa Rica», elaborado en 1999 por el Instituto de Estudios de Población (IDESPO), un 88.8% de la población consultada considera la cacería recreativa como un acto cruel contra los animales.

CUADRO DE VEDAS

En el decreto No. 31077 del 27 de marzo de 2003, se detalla el número de animales que se pueden cazar y la cantidad por año.

– Especies de caza mayor: venado cola blanca, cabro de monte y coyote.

-Especies de caza menor: zorro pelón, conejo de monte, ardilla, tepezcuintle, guatuza, zorra gris, mapache, pizote y garrobo.

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