Yo nací en un pueblito “chiqui-tico”

Yo nací en un pueblito “chiqui-tico” llamado San José.  Era la Capital de Costa Rica, donde todos nos conocíamos, sabíamos los nombres y apellidos

Yo nací en un pueblito “chiqui-tico” llamado San José.  Era la Capital de Costa Rica, donde todos nos conocíamos, sabíamos los nombres y apellidos de todos los vecino; el miedo y la desconfianza no se conocían.

Yo nací en San José, porque así estaba escrito.  Mis papás eran alajuelenses de cepa; pero los amigos jóvenes de 20 años, como ellos, empezaron a emigrar a San José, a buscar más oportunidades.  Alajuela era un grupo de familias viviendo en los alrededores de la Catedral; en cuenta, mis abuelos.

San José terminaba por el Norte una o dos cuadras después de la Iglesia del Carmen, por el Sur en la Estación del Pacífico,  por el Este en el Cuartel Bella Vista y por el Oeste en la Sabana y así nos hacían repetirlo en la escuela.   Yo nací en la finca de mis padrinos los Cubillo.  No puedo precisar a qué distancia del Paseo Colón, frente al Hospital de Niños, me parece que donde está la Sinagoga.  Ahí estaba la “casita de leña”, los Cubillo la pintaron y acondicionaron para acomodar a mi mamá a quién amaban.  Como a los quince días nací yo.

Barrio México no existía, se llamaba: “Rincón de Cubillos”.

Las hijas de mis padrinos y yo jugábamos y nos gustaba ver los caballos y carretas que pasaban por el camino de tierra y piedra, (lo que ahora es Paseo Colón).  Luego no volvimos a ir a jugar ahí porque  a veces aparecían culebras, entonces nos lo prohibieron.

Los primeros barrios de lo que yo tengo memoria son: Aranjuez, Luján, Los Ángeles, que antes de que levantaran la primera iglesia se le llamaba La Constructora; no tengo idea de por qué el nombre.  Este barrio comenzaba más o menos por la Castellana en Avenida 10 y terminaba en la calle 20 del Pacífico. Luego se extendía un gran terreno hacia el Sur que se le decía la Finca de Mr. Keith; (esta finca estaba sembrada de caña en la parte Este, por donde ahora están las bodegas del Ferrocarril y parte de Cristo Rey  y luego otra parte estaba sembrada de café).

En mi tiempo, no había esa cosa que hoy llaman “pirámide social”, solo habían ricos y pobres.  Los ricos eran pocos y en su mayoría finqueros de café y ganado nada más y el resto éramos pobres, con la diferencia de que los ricos no eran tan ricos ni los pobres tan pobres.  Si esas tonteras de las clases sociales se hubieran dado en esa época, yo hubiera sido “clase media”; pero por suerte todos nos queríamos y respetábamos.

Los médicos entraban a las casas y las señoras les daban café o un “gallito” o le mandaban algo a la esposa.  Como mi mamá, que sembraba de todo en nuestro inmenso patio y el Dr. Montero le decía:

-Cuando estén los tomates mi avisás para ir-.  El llegaba a mi casa, se quitaba el saco, cogía una palangana, se iba al patio y se metía de panza bajo la barbacoa a recoger lo que deseaba.  Cuando salía con la panza llena de tierra, mi mamá le sacudía la camisa con un paño y así era todo de tranquilo y dulce.

Mi papá  tuvo momentos muy difíciles en los que no encontraba trabajo en Alajuela, finalmente después de 9 meses en San José, comenzó a trabajar en el Poder Judicial y estuvo ahí hasta que se pensionó.

Al Poder Judicial se le llamaba “Los Juzgados” o “Las Alcaldías”,  y era una casona de adobe ubicada al Sur de la Catedral en la misma acera donde fue el Cine Rex.  Era de esas casas antiguas de dos alas y un enorme zaguán de ladrillos rojos al centro y un patio al fondo, con una fuente.  En el ala izquierda estaban los Juzgados y a la derecha las Alcaldías.

Cuando yo salía de la escuela me iba a la Alcaldía para regresarme a la casa con papá para ir a almorzar.  Él comenzaba a trabajar a las 7 a.m.  y salía para almorzar a las 11 a.m.  Luego regresaba a la 1 p.m. para salir a las 5 p.m.  Así era el horario entre semana.  Los sábados papá  trabajaba de 7 a.m. a  11 a.m.  Él llegaba a almorzar a casa y mi mamá tenía unas bolsas listas detrás de la puerta para luego irnos a tomar la “casadora” de la 1pm que llevaba a todos los alajuelenses a pasar el fin de semana con sus familiares.

Llegábamos como a las 2 y media o 3 de la tarde según como estuviera el camino y nos regresábamos el domingo a las 5 p.m. de aquel lindo viaje.  Mis papás dormían donde mis abuelitos y yo prefería dormir donde mis primos, los Loría; ya que ellos eran nueve hermanos y dormíamos 4 o 5 en cada cama y eso para mí era fiesta.

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