Héctor Olivera:“El cine latinoamericano apenas está empezando a vivir”

A los 15 años su madre lo llevó por primera vez a un rodaje. En ese momento, decidió que sería director de cine; pero

A los 15 años su madre lo llevó por primera vez a un rodaje. En ese momento, decidió que sería director de cine; pero no fue hasta 21 años después que dirigió su primer filme.

El argentino Héctor Oliveras nació en 1931, en Buenos Aires. Fue testigo de varios golpes militares, vivió el peronismo, la dictadura y el regreso a la democracia.

Estuvo en el país como invitado del Festival Internacional de Cine “Paz con la Tierra”. En medio del bullicio de la feria audiovisual, el director, guionista y productor cinematográfico se sentó a conversar con UNIVERSIDAD sobre su trayectoria y sus perspectivas acerca del cine latinoamericano y su futuro.

¿Por qué eligió el cine?

−Tenía 15 años y mi madre, que era vestuarista, me llevó −un día que no teníamos clase− a ver una filmación en los estudios Baires Films. Cuando se abrieron las puertas, aquello era una cosa insólita, una reproducción de la ciudad de Viena de 1800 sobre la vida de Schubert: esos disparates que hacía el cine argentino.

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Quedé tan deslumbrado por lo que vi, que en ese momento dije: voy a ser director de cine. Tardé 21años en serlo. Esto lo señalo porque ahora los chicos de 20 en Argentina se reciben con un diploma que dice “director de cine” y si a los 23 no han hecho su primera película, se sienten absolutamente fracasados; me parece un disparate.

¿La intención tras sus filmes políticos es contar una historia o es movilizar?

−Es contar y mover. Cuando fui por primera vez a Nueva York fui encomendado al presidente de Artistas Unidos y él me dijo: cuando querás ser director, imaginate en una platea imaginaria, frente a tu película y ahí, preguntate: ¿y a mí qué? Luego tomé eso de Hollywood de ‘hacelos reír, hacelos llorar, pero conmovelos, movilizalos”.

¿Importa más contar la historia o llenar las salas?

−Lo más importante es hacer la película y lo segundo más importante es que se vea, y esto está ligado a un proceso comercial. Entendámonos: si una película fracasa, el productor podrá hacer una segunda, pero no podrá hacer una tercera porque perdió su capital; las cifras que se mueven son millones de dólares.

Visto desde el lente del cine, ¿hacia dónde camina América Latina después de la época de las dictaduras?

−A una inmensa libertad de creación, con un doble aditivo; por un lado, la gran cantidad de estudiantes de audiovisual que hay en toda Latinoamérica, y el soporte digital, que es una ventaja porque el proceso en celuloide era muy caro.

Con la caída de las dictaduras, ¿se acabó la censura?

−Sí, claro. Pero mirá que en España hubo un gran cine de la época de Franco, porque había una crítica entrelineada del franquismo, lo que obligaba a los grandes directores españoles de la época a ser muy sutiles, a ser muy creativos, muy artísticos y a deslumbrar al público cuando descubría ese entrelineado; pero, cuando tuvimos la libertad de decir cualquier cosa, ya la gente no tuvo intención de ir a ver esas películas.

Entonces, ¿la censura ayudó?

−En cierta manera, en algunas películas, en algunos países, en algunas circunstancias, sí. Ayudó a hacer cine inteligente, donde la crítica era muy sutil: el cine de Buñuel, el cine de Saura, de tantos directores que admiro.

¿Qué ha cambiado en el cine latinoamericano?

−En los años 40, el cine argentino era el más importante de habla hispana, se hacía cine de temáticas universal y hasta se compraban derechos de novelas estadounidenses, lo que hoy sería imposible. En cambio, el año pasado en Argentina se estrenaron 138 películas, de las cuales el público vio 8 y 130 no, que son las que se hacen con pocos recursos, sin promoción, ni marketing. Y es que si una película no funciona, los cines la sacan y se acabó, se murió.

Entonces, ¿hacia dónde camina nuestro cine?

−Hacia la sobrevivencia. No, ni siquiera para sobrevivir, para empezar a vivir. Es muy difícil. En Buenos Aires cerraron las salas tradicionales y aparecieron las multipantallas multinacionales, que se apoyan en el cine de Hollywood y en el 3D.

¿Es más difícil hacer cine hoy?

−Está difícil hacer cine industrial, está fácil hacer cine no industrial, pero así es como tenemos cientos de muchachos que han hecho dos películas: la primera y la última.

¿Argentina tiene una ley de cine?

−Desde 1957.

¿Y funciona?

−Pues mi vida económica ha dependido del fomento del cine por parte del Estado argentino, sin el cual el cine nacional no hubiera sido, y no es, posible.

Costa Rica es un país con decenas de multisalas multinacionales y pocos cines; se  produce con financiamiento independiente o becas; y hay cientos de estudiantes de audiovisual y existe una ley de cine. ¿Pueden sobrevivir nuestras historias en el cine?

−No, definitivamente, no. Tiene que haber una ley de fomento del cine.

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