La ciudad de Niemeyer recogida en imágenes

Con una exposición en el Auditorio Nacional del Museo de los Niños, Brasil celebra durante el mes de setiembre los 50 años de la

La exhibición Brasilia, 50 años, permanecerá abierta hasta el 29 de setiembre en el Auditorio Nacional, contiguo al Museo de los Niños.

Con una exposición en el Auditorio Nacional del Museo de los Niños, Brasil celebra durante el mes de setiembre los 50 años de la fundación de su capital, Brasilia, una ciudad concebida en medio del desértico paisaje que moldeó y transformó el genial arquitecto Óscar Niemeyer.
La exhibición fotográfica, titulada Brasilia, 50 años, es de Marco Nedeff, quien en cuarenta extraordinarias fotografías plasma un retrato del sueño brasileño de trasladar la capital de Río de Janeiro al centro del país, lo que sucedió en 1960.

Las imágenes, en blanco y negro, tienen un tamaño de 58 centímetros por 70 y estarán disponibles para que el público costarricense las pueda apreciar hasta el 29 de setiembre de 2010.
“Brasilia fue fecundo ejercicio de planificación detallada. Ciudad construida a partir de la nada en el punto geográfico central del país, en la aridez casi desértica donde imperaba la vegetación escasa y torcida del ‘cerrado’”, expresó Tadeu Valadares, embajador de Brasil en Costa Rica.
Entre las grandes atracciones de Brasilia, diseñada en gran parte por Niemeyer, quien contó con la colaboración urbanística de Lucio Costa, se encuentran la Plaza de los tres poderes, el Museo Nacional de la República, la Catedral Metropolitana de Nuestra Señora Aparecida, el Congreso Nacional de Brasil, y el Palacio de Planalto.
En 1987 la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró a Brasilia Patrimonio Mundial de la Humanidad, con lo cual se convirtió en la única ciudad construida en el siglo XX que recibió tal distinción.
La edificación de Brasilia duró cuatro años y comenzó en 1956 y finalizó con una ciudad-monumento que hizo grande para siempre a Niemeyer.  Esta fue inaugurada el 21 de abril de 1960.
Pero no todo fue triunfo para los que pensaron y plasmaron Brasilia. Poco tiempo después de levantada, sus gestores fueron acusados de traicionar a los pobres a los que defendían, y un golpe de Estado -que tuvo el respaldo de Estados Unidos- puso en el poder a Humberto Castelo Branco.
Tras 25 años de dictadura, la democracia volvió a Brasil y con ella Niemeyer, quien se había refugiado en París. Es así como desempolvó viejos planos y en 2007 concluyó el último edificio que diseñó en Brasilia: el Museo Nacional de la República, inaugurado el 12 de diciembre de ese año, fecha en que el famoso arquitecto – comunista confeso e imperturbable– cumplía 99 años. El arquitecto amante de las curvas y de la libertad retornaba a su patria triunfal.
Aha Hadid, ganadora al igual que Niemeyer del Premio Pritzker (el Nobel de arquitectura, afirmó al diario El País de España, que fue el artista brasileño el que marcó la brecha. “Él abrió el camino. Abogó por la sensualidad, por la libertad. Quiso ser moderno siendo libre. Sus edificios mejoran el paisaje. No imponen reglas; invitan a vivir”.

MÁS ALLÁ DE LA ARQUITECTURA

La majestuosidad de su arquitectura, concebida por Niemeyer, (quien a sus 103 años todavía gusta de caminar por la playa, admirar a las bellas brasileñas, leer con pasión y seguir activo como en sus mejores años juveniles) es complementada con una visión particular de Nedeff.
El  fotógrafo no se queda solo en la arquitectura, sino que va más allá y retrata a la gente para la cual fue concebida la ciudad, que hoy alberga a más de 2.6 millones de habitantes.
“En sus fotos está presente lo que el monumentalismo algunas veces tiende a olvidar o silenciar: el destinatario final de toda gran arquitectura, el pueblo que habita, vive y utiliza día a día el espacio de la ciudad capital”, destacó Valadares.
Y para el embajador brasileño en Costa Rica, el aporte de Nedeff va más allá de una mera exposición.
“Con Nedeff, la celebración de Brasilia termina por revelarse doble y armónica. Con eso, Brasilia emerge en su más auténtica realidad: ciudad-monumento en la cual el verdadero dueño no es el Estado y sí el pueblo que la habita. Así, pueblo, Estado y ciudad convergen, como debe ser en la mejor tradición republicana”.
Abierta el 2 de setiembre, la exhibición muestra a un autor maduro y de gran trayectoria. Llama la atención que Nedeff haya preferido el blanco y negro para retratar a una ciudad cuya belleza arquitectónica y cuyo orden urbanístico son un verdadero milagro en Latinoamérica, donde la tradición confirma que las ciudades emergen en medio del caos y del crecimiento urbano desenfrenado, empujado por la pobreza y la sobrevivencia.
Y es que la sensibilidad del fotógrafo resulta determinante a la hora de captar a una Brasilia sin igual. Así reza un trozo de la biografía de Nedeff: “Marco es un antípoda de los que consumen con igual voracidad una imagen apresuradamente hecha con un teléfono celular, u otra  bien pensada y enteramente distinta, captada con esmerado cuidado estético por el lente de una cámara Leica”.
Oriundo de Nova Patra, Río Grande del Sur, Nedeff se ha destacado en su trayectoria por conservar siempre esa mirada poética de los objetos de su predilección.
De modo que en Brasilia 50 años se conjuga la gran propuesta arquitectónica y urbanística que es la capital de Brasil, erigida en potencia suramericana, sobre todo, en los dos gobiernos de Luiz Inacio Lula Da Silva, un presidente que surgió de la clase obrera y que saldrá con un prestigio intocado.  La administración de Da Silva es vista con admiración en Europa, donde el año pasado recibió el Premio don Quijote de la Mancha.
“Al examinar cada foto con atención, el observador percibe que Nedeff nos enseña con sutileza por qué Óscar Niemeyer es grande entre los grandes; por qué Lucio Costa es inventivo al extremo; y por qué el paisajista Burle Marx es fundamental. Los tres integran el selecto grupo de los que, en el siglo XX, contribuyeron más a la arquitectura, al urbanismo y al paisajismo en Brasil y en el mundo”, enfatizó Valadares.
Las personas que se dispongan a darse la vuelta por la Galería Nacional ha de hacerlo con tiempo, para que disfrute una a una las sugestivas imágenes de Nedeff, quien va “contando” lo que es la Brasilia de hoy, 50 años después de que el entonces presidente de Brasil, Juscelino Kubitschek, la soñara.
“El presidente Kubitschek rescató la promesa inscrita en la primera constitución republicana, la de 1891. En ese texto, que organiza políticamente el Brasil que sucedió al Imperio fundado en 1822, los constituyentes plasmaron la idea de transferir la capital del país de Río de Janeiro para el interior. Sesenta y nueve años después, 1960, el sueño utópico de algunos se convirtió en la audaz realidad, que es patrimonio de todos”.

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