Vocación con conciencia social

Kitico Moreno: Los gobiernos desde Carazo para acá han sido miopes, no han tenido la visión de lo que puede lograr el cine documental.

Kitico Moreno: Los gobiernos desde Carazo para acá han sido miopes, no han tenido la visión de lo que puede lograr el cine documental.

En su casa de estilo campesino con tapia entejada, Kitico Moreno recibió a UNIVERSIDAD en compañía de dos de sus ocho perros.

Moreno tiene una larga carrera en el teatro y fue una de las personas que impulsó la creación cinematográfica en la Costa Rica de los años 70.

Su idea de que el Estado debe favorecer un cine social para el desarrollo y la educación de la población, marcó los inicios del Centro Costarricense de Producción Cinematográfica. Así lo reconocieron Guido Sáenz, Ministro de Cultura y  Ma. Lourdes Cortés, Directora del Centro de Cine en el libro recientemente publicado «30 años del Centro de Cine»

A continuación un resumen de la conversación.

¿Cómo dio sus primeros pasos en el teatro?

– En 1956 se creó un grupo de teatro universitario y Lenín Garrido me llamó a participar. Ahí se asentaron las bases del teatro costarricense, porque en esa época no había producción propia, sólo las presentaciones de compañías españolas que pasaban por el Teatro Nacional.

¿Cómo fue la reacción del público al enfrentarse con ese teatro diferente?

– Maravillosa. La gente acudía, aunque en San José en 1956 eran pocos los que tenían acceso al teatro, tanto económica como intelectualmente. Llenaban el pequeño Teatro Arlequín y nos aplaudían mucho.

Nunca esperamos la efervescencia teatral que existe hoy, pero falta la calidad y sin eso es como si no hubiera teatro, más bien hace daño porque crea un público que solo busca la risa, la vulgaridad, el facilismo, no pensar; eso no deja nada y maleducan al público, la vulgaridad cunde por todas partes.

Luego yo me aparté muchos años cuando me dediqué a fundar el Centro de Cine, a principios de los 70.

¿Cómo nació su interés por el cine?

– Fue por un cine útil, no para distraer ni matar el tiempo, sino para cambiar. Siempre me habían preocupado las personas indefensas, invisibles, la gran mayoría que sufre y tiene grandes necesidades. Cuando vi las primeras películas en que ellas narraban qué les pasaba, qué necesitaban, me pareció maravilloso.

En 1969 fui a estudiar cine y televisión a la BBC de Londres y llegué a conocer  los alcances del cine documental. Yo le comuniqué a Otto Jiménez la idea de crear una televisora universitaria, así que cuando quise entrar a la BBC tuve su apoyo a través de una carta en la que él explicaba la intención de crear un canal para la Universidad de Costa Rica.

¿Cuándo se plantea la necesidad de crear el Centro de Cine?

– En 1970 fui invitada por la UNESCO a un curso sobre cine documental para el desarrollo. Al final pedían a los participantes convencer a sus gobiernos de crear institutos para producir ese tipo de cine. Busqué a Alberto Cañas, entonces Ministro de Cultura, quien inmediatamente se entusiasmó con la idea. La UNESCO aportó el equipo y trajo unos técnicos canadienses que entrenaron al personal, el gobierno aportó la planta física y los salarios.

El cine es una actividad que tiene que ser inmediata, no puede esperarse al trámite de la administración central. Por ejemplo, pedíamos una película y tardaban seis meses en aprobarla, a veces más.

Nos dimos cuenta de la necesidad de crear por ley el Centro Costarricense de Producción Cinematográfica, para que fuera adscrito al Ministerio de Cultura, pero independiente en cuanto a su administración.

¿Ocuparon desde el principio la sede actual?

– Lo que nos entregaron fue una ruina. Logré que el Departamento de Edificaciones Escolares del Ministerio de Obras Públicas y Transportes la pusiera en pie. Fue algo más funcional, sin lujos de ninguna clase. No había cortinas, mas que en el cuarto de edición, para lo cual fui al mercado a comprar retazos de tela.

En esa época se filmaron trabajos de gran calidad, como Agonía de la Montaña, Recuperación de la Montaña y La Cultura del Guaro.

¿Cómo se desarrolló el Centro de Cine?

– Habría funcionado muy bien si hubiera habido continuidad en el esfuerzo, pero eso no se dio. En los primeros 10 años hicimos cien películas. Luego llegaron otros gobiernos… El de Carazo no mostró ningún interés. Óscar Arias nombró a Carlos Francisco Echeverría de Ministro, quien se encargó de paralizar el Centro de Cine. Regaló el equipo a Canal 13, nada más dejó el cascarón que no podía quitar porque fue creado por ley. Él se encargó de acabar con la época de oro del Centro de Cine.

Dejé la dirección en 1982, aunque ya desde antes me alejaba durante algún tiempo con permiso y me integraba a la Compañía Nacional de Teatro, pues me sentía abrumada por muchos problemas.

¿Siempre se dedicó el Centro de Cine a la producción documental?

– Yo siempre pensé que Costa Rica, un país del tercer mundo, no debería hacer cine ficción porque necesitábamos primero la educación. ¿Cómo se educa? Informando y formando, y eso es lo que hace el cine documental, no sólo como un noticiario, sino que forma al dar opinión.

¿Cuál cree es el rumbo que debe seguir el Centro?

– Si hace 30 años era necesario darle voz al que no la tiene, ahora hay más voces y más expectativas. Además hay grandes avances tecnológicos que permiten hacer cine de una forma más ágil y barata.

El Centro tiene que volver a ese cine social para el cual fue creado, no debe patrocinar cine ficción o experimental, porque eso no avanza. El gobierno no puede patrocinar elucubraciones de los cineastas jóvenes.

El cine documental es el que despierta la conciencia, despierta al que está dormido.

Entonces, ¿considera que el gobierno debe cerrar toda posibilidad de dedicar algo de los recursos a la videocreación artística?

– Sí. Ya hay suficientes cineastas jóvenes muy hábiles y muy inteligentes, como para que el Centro de Cine subcontrate con ellos las películas documentales.

El Centro fue creado para hacer cine para el desarrollo y no se debe desnaturalizar. Está ahí para ayudar a las personas.

¿Qué opinión le merecen las producciones locales exhibidas en la muestra de cine?

– Se centran mucho en la personalidad del cineasta, en plantear sus problemas

metafísicos o psicológicos y eso no interesa a nadie.

El cine caótico, que no tiene ningún propósito claro y se aleja de la realidad, no sirve para nada más que para confundirnos.

En cuanto a mí, los aplausos del público, las alabanzas de la crítica ya no me interesan. A mi edad mi único interés es crecer espiritualmente.

¿Cómo se crece espiritualmente?

– Estableciendo una relación personal con Dios, admitiendo los errores que cometimos en nuestra vida y tratando de compensarlos. Es decir, buscar ser una mejor persona. El aplauso es siempre un obstáculo, porque crece el ego y cuando eso pasa no puede crecer nada más, el espíritu no se manifiesta.

Todo lo que hice en teatro y en cine pertenece al pasado y la gente lo juzgará con la perspectiva de la historia.

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