Tenis Renovarse o morir

Laura Víquez es una de las mejores exponentes del tenis costarricense y ha ganado títulos centroamericanos y juegos del circuito sudamericano. Atrás quedaron las

Laura Víquez es una de las mejores exponentes del tenis costarricense y ha ganado títulos centroamericanos y juegos del circuito sudamericano.

Atrás quedaron las inmensas actuaciones de Fred y Kenneth Thome en la Copa del Café; igual se va quedando rezagado en la élite del tenis profesional, nuestro máximo exponente, Juan Antonio Marín; el campeón eterno de la categoría mayor, Rafael «Felo» Brenes finalmente da el pase para que otros incursionen en sus lauros y en la categoría femenina, una nueva camada busca hacer camino donde tropezaron sus predecesoras como las hermanas Karla y Melissa Golfín, Karla Umaña, Ericka Villalobos, Melissa Mendieta y tantas más.

Casi 40 ediciones de la Copa del Café, el torneo modelo en el mundo de los jugadores juveniles más destacados, no hicieron posible que el tenis costarricense se convirtiera mínimo en potencia centroamericana; es tanta la calidad de las raquetas juveniles que vienen a competir en esta Copa, similar en su organización a otras en México, Puerto Rico y Venezuela, que el pasaporte a los tenistas costarricenses para avanzar en la llave de los 32 mejores del certamen, se corta en las primeras rondas.

Hay dejos de frustración en la organización del deporte de los caballeros; Costa Rica es capaz de organizar una competencia modelo en el mundo, pero no ha tenido la capacidad de producir, promover o desarrollar tenistas de la misma calidad de la competencia.

Y es que cuesta.

Países con poblaciones de millones de habitantes como México, Italia, incluso Rusia, no tienen tenistas de élite, salvo contadas excepciones: hoy en el mundo latinoamericano solo España y Argentina dan la cara con una generación de tenistas de primer nivel, incluyendo al reciente campeón de Rolland Garros, el ibérico Juan Carlos Ferrero o al semifinalista en esa misma competencia, el platense Guillermo Coria.

Brasil, con una inmensa población solo muestra el poder de Gustavo Kuerten; Chile se quedó con el malogrado Marcelo Ríos; Perú, Colombia, Ecuador, Canadá, no tienen representantes de primer nivel; al menos Costa Rica se dio el lujo de ubicar a Marín entre los primeros 100 del mundo, toda una proeza, aunque debemos reconocer que Juan Antonio no se formó en los rectángulos de nuestro país.

NO HAY ESCUELA

Un viejo dirigente del tenis nacional, el licenciado Antonio Bastida De Paz compartía con este periodista la tesis de que si algo retrasó el surgimiento de jóvenes talentos en el tenis costarricense, fue que quienes tenía poder económico para que sus hijos recibieran los fundamentos de esta disciplina, los pusieron en manos de entrenadores criollos, la mayoría destacados tenistas que a la hora de su retiro siguieron como instructores en los clubes sociales y privados.

La historia del tenis nacional muestra que muchos de los «juntabolas» del Country Club, Tennis Club, Cariari y después el Indoor Club, todos muchachos de escasos recursos, a fuerza de empeño lograron convertirse también en tenistas y tuvieron la oportunidad de jugar los campeonatos nacionales contra los socios de cada club o de sus hijos.

Manuel «Neno» Jiménez, su hermano «Tuto», los hermanos Mora: Carlos y Miguel,  Manuel Hidalgo, los Núñez, los Avila, los Rojas, los Anchía, la dinastía de los Muñoz, los Delgado y tantos y tantos más, fueron una generación de jugadores de cuna humilde que ganaron títulos por docenas y superaron en los rectángulos a los hijos de los socios de club. Muchos jugaron la Copa del Café y avanzaron en las «llaves» más que los niños con poder económico.

Por eso, a la hora del retiro prematuro, casi todos estos tenistas campeones, se convirtieron en los entrenadores de las nuevas generaciones de niños en edades infantiles y juveniles ansiosos por aprender el abecedario del tenis. Entonces, no fue que cayeron en malas manos, sino que no eran científicamente las mejores.

No todos los instructores de los clubes privados pudieron prepararse en el extranjero, estudiar y luego regresar al país a dar lecciones; al fin de cuentas, a los socios de esos clubes les interesaba que sus hijos practicaran el tenis, no en competencias, sino como distracción, y si alguno sobresalía, se le pondría un poco de atención, se le daría seguimiento porque quizá, ser un buen tenista en el colegio, le aseguraba una beca deportiva en universidades de Estados Unidos; en dicho país la mayoría de nuestros mejores tenistas de las tres últimas décadas, con poder adquisitivo, se formaron.

Con ese panorama, fue muy difícil que el tenis costarricense alzara vuelo y se perdieron talentos y valores.

NUEVA ACTITUD

Después de la Copa del Café: nada.

La gran ilusión de los tenistas desde los 10 o 13 años, es representar a Costa Rica en la Copa del Café; pocos llegan a esa instancia, pero los que llegan, con 14, 15, 16 años, la juegan y ya no hay nada más.

La Copa es meta final, camino demasiado corto porque un tenista de 17 años apenas empieza a vivir.

Esta edad es clave, dijo a UNIVERSIDAD el ahora entrenador del equipo de Copa Davis de nuestro país, Rafael Brenes.

«Con el título de bachiller en su manos, con poder económico y siendo un buen jugador de tenis, el joven tiene dos alternativas: o se mete al nivel competitivo, donde miles de jugadores de todo el mundo se descuartizan por estar entre los primeros 500 del mundo y la mayoría no lo logra o aprovecha sus dotes en el juego para buscar una beca y estudiar otra carrera mientras representa a la universidad en los torneos interuniversitarios».

«Decenas de tenistas mujeres y hombres optaron por lo segundo, incluyendo a los hermanos Thome, Alvaro Umaña, Ignacio Sancho, Alvaro Rodríguez, Jurgen Nanne, José Bernardo Naranjo, Karla Umaña,» manifestó Brenes.

El presidente de la Federación Costarricense de Tenis, Ricardo Castro, está seguro de que esto tiene que cambiar.

«El tenis costarricense necesitaba de otras opciones más que la Copa del Café; así se han organizado otras competencias internacionales como el Costa Rica Bowl, la Copa Cariari; se renovó toda la nómina del equipo de Copa Davis, se diversificaron los campeonatos nacionales, se masificó la práctica de esta disciplina con torneos en Ojo de Agua, La Sabana, Pérez Zeledón, San Carlos y así surge una nueva camada con un panorama más amplio: Juan Manuel González fue semifinalista del Costa Rica Bowl, Laura Víquez y Andrea Brenes destacan en femenino y Nigel Barton gana el torneo de dobles de la Copa Cariari».

Como se ve, el tenis costarricense decidió renovarse, porque estaba destinado a morir.

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