Aislados, golpistas tratan de sobrevivir en Honduras

Completamente aislado en el nivel internacional; repudiado por sus vecinos, que decidieron retirar o llamar a consulta a sus embajadores en Tegucigalpa; condenados por

El régimen instalado en el poder por un golpe militar está condenado al fracaso al no contar con un solo reconocimiento internacional.

Completamente aislado en el nivel internacional; repudiado por sus vecinos, que decidieron retirar o llamar a consulta a sus embajadores en Tegucigalpa; condenados por la Organización de Estados Americanos (OEA), los Estados Unidos y la Unión Europea, el régimen de Roberto Micheletti parecía pez fuera del agua, 48 horas después de haber asaltado el poder en Honduras.

Honduras se arriesga a quedar aislada si el mandatario depuesto no retorna a la presidencia, advirtió el presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, quien dijo que había conversado sobre la situación con los presidentes Fernando Lugo, de Paraguay, y Michelle Bachelet, de Chile.
Barack Obama dijo que «El presidente Zelaya fue elegido democráticamente. No había terminado aún su mandato. Creemos que el golpe de Estado fue ilegal y que el presidente Zelaya sigue siendo el presidente de Honduras».
Se descuenta que México, cuyo presidente, Felipe Calderón, viajó a la reunión del Sistema de Integración Centroamericano (SICA), reunido el pasado lunes 29 de junio en Managua, puede ser clave para destrabar la crisis política hondureña, considerando su tradicional relación política con los países del istmo centroamericano.
El Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, dijo que la organización «no aceptará una vuelta al pasado en el continente» y no hará ninguna concesión a un régimen proclamado sobre la base de un golpe militar seguido de la detención ilegal del Presidente constitucional de Honduras, José Manuel Zelaya.
El presidente Oscar Arias, que asumió en Managua la presidencia pro tempore del SICA, condenó el golpe de estado y exigió el retorno de Zelaya a su cargo.
 “Por otra parte, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, acordaron cerrar las fronteras comerciales con Honduras durante las próximas 48 horas. Sin embargo, Costa Rica no se plegó a esta iniciativa y por medio de un comunicado de prensa, el Ministerio de Comercio Exterior (COMEX) informó que ‘no existe disposición alguna en el marco jurídico que nos faculte a adoptar represalias comerciales por motivaciones políticas’, señaló un comunicado difundido por Casa Presidencial.
La posición es la misma adoptada por la Federación de la Empresa Privada de Centroamérica, República Dominicana y Panamá (FEDEPRICAP), y anunciada en un comunicado el lunes pasado, reprobando “la decisión adoptada en Nicaragua hoy por los gobiernos de la región de cerrar las fronteras con Honduras”. El comunicado, que no menciona ni condena el golpe de Estado, “pide que se respete el orden constitucional e institucional de Honduras”, sin que se sepa exactamente qué quiere decir eso, pues es exactamente lo que Micheletti y los golpistas afirman estar defendiendo.
En Honduras, mientras tanto, tras un día de desconcierto, la jornada del lunes, que comenzó en una tensa calma, terminó en enfrentamientos entre las fuerzas armadas y quienes salieron a las calles para protestar, frente al palacio de gobierno, contra el golpe de Estado que depuso a Zelaya.
Las barricadas, hechas con llantas incendiadas, cortaban la avenida frente al palacio, mientras la tensión crecía en la capital y el gobierno cortaba la electricidad, y ponía fuera del aire los canales internacionales de televisión. Se informaba de diversas movilizaciones en el interior del país, pero era difícil conocer los detalles. Las emisoras locales solo transmitían información oficial y algunas, identificadas por el gobierno de Zelaya, fueron obligadas a callar.

CAUSAS

El golpe militar tomó por sorpresa a la opinión pública del hemisferio, pero era un movimiento que  ya se venía fraguando hace tiempo, según informaciones difundidas después del asalto de los militares al poder.
Ya en mayo pasado, el periodista Félix Antonio Molina señalaba que “Las fuerzas opositoras a la consulta popular que promueve el presidente Manuel Zelaya en alianza con sectores sociales organizados perderán este pulso; han perdido antes casi todas las batallas de conquista de la opinión de la gente, el gran escenario del poder”.
“El Partido Nacional, el Partido Liberal suacordovista (el que llevó al presidente Zelaya al poder, pero que responde al expresidente Roberto Suazo Córdoba), los movimientos eclesiales fundamentalistas -católicos y evangélicos -, los medios de desinformación, unos cuantos analistas oficiosos y unos pequeños sectores de izquierda tradicional atragantados en su propia soberbia e intolerancia, no pueden contra Zelaya.”, predijo Molina, anunciando ya la amplia coalición que se formaba contra el presidente hondureño.
Finalmente, Molina destaca que en el tercer año de su mandato, Zelaya “mueve su gobierno a la centroizquierda, asocia el país al ALBA, enfrenta la posición neoliberal del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), arremete contra los países ricos con su discurso en la ONU, hace virar la política exterior hacia el Sur, critica de frente al debilitado FMI y fija un nuevo salario mínimo, lanzando a los dueños de su partido, el Liberal, hacia los brazos de la derecha conservadora donde se funden con su gemelo el Partido Nacional”.
Quizás en estos elementos estén las explicaciones de un golpe de Estado que parece destinado inexorablemente al fracaso y que podría abrir las puertas a la reforma constitucional que el presidente hondureño ha querido promover.
La actual constitución, de 1982, es heredera del clima de guerra al que la administración Reagan empujó a Honduras, en su lucha contra el régimen sandinista de Nicaragua, y consagra un régimen económico neoliberal que ahora hace agua.
En todo caso, de la salida que se dé a este conflicto dependerá el rumbo político de Honduras, que tenía previsto realizar elecciones generales en noviembre próximo, en la cual Zelaya pretendía consultar a los electores, por medio de un referendo, su disposición a convocar a elecciones constituyentes.
La reacción al golpe militar hondureño ha dejado también en evidencia el profundo cambio político ocurrido en la región desde que, hace un cuarto de siglo, cayeron las dictaduras militares que durante décadas gobernaron en la región, con el apoyo de Washington.

MEDIOS

Otro tema que se ha puesto en evidencia en esta coyuntura es el papel de los medios de comunicación, transformado en poderosos agentes políticos, casi siempre en apoyo a los sectores más conservadores.
Entre ellos CNN en español, cuya carátula informativa decía “Golpe de Estado”, al conocerse la captura y deportación de Zelaya, para luego ser cambiada por otra, que decía “Sucesión forzada”, sin que se explicara la diferencia entre los dos términos. Pero, con el cambio de palabras, vino también el cambio de tono, más cercano a los golpistas, reforzado por el título de “expresidente” agregado al nombre de Zelaya.

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