Riyad Mansour, embajador del Estado de Palestina ante la ONU: “Nosotros ya pagamos el precio de la paz”

Riyad Mansour: “El pueblo palestino es sorprendente, es muy vigoroso y determinado”. (Foto: Katya Alvarado)El embajador de Palestina ante la Organización de las Naciones

Riyad Mansour: “El pueblo palestino es sorprendente, es muy vigoroso y determinado”. (Foto: Katya Alvarado)

El embajador de Palestina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Riyad Mansour, visitó Costa Rica y expresó su intención de que se estrechen los vínculos entre ambas naciones.

El funcionario concedió una entrevista a UNIVERSIDAD en la que se refirió al nuevo estatus de Palestina como Estado observador no miembro de la ONU, el crecimiento de los asentamientos israelíes en territorio palestino y las implicaciones de un eventual nuevo triunfo del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en las elecciones de ese país (martes 22 de enero), las cuales al momento de la entrevista aún no se habían realizado.

¿Se han trazado ya lineamientos de cooperación entre Costa Rica y el Estado de Palestina?

—Estamos en las primeras etapas para establecer acciones de mutuo beneficio, incluso programas de intercambio. Ustedes tienen la maravillosa experiencia de no tener un ejército y se defienden de la mejor manera por medio de su idealismo y de defender el derecho internacional. Ello es inspirador y si nosotros logramos acercarnos al fin de la ocupación y a nuestra independencia, espero que nuestros presidentes puedan discutir más este tema. Mientras tanto, nos enfocamos en cultura, comercio o turismo para conocernos mejor y fortalecer nuestra relación.

Existe la iniciativa de traer a la Orquesta del Diván de Oriente y Occidente, la cual es un experimento único para unir a los pueblos mediante la música. Fue fundada  por el director de orquesta judío Daniel Baremboim y el escritor palestino Edward Said, y si tenemos éxito en traerla a Costa Rica sería un gran mensaje de paz, cooperación y humanidad. Eso sería maravilloso.

Espero tener la oportunidad de conversar con la presidenta Laura Chinchilla y agradezco el hecho de que se han organizado muchas reuniones con funcionarios de Estado. Por otra parte, esperamos establecer un consulado honorario, para mantener un contacto cotidiano con funcionarios, académicos, diputados y con los medios de comunicación, así como con organizaciones de la sociedad civil que apoyan la causa palestina.

Parte de la discusión tiene que ver con la cooperación política y explicar qué hacemos y esperamos hacer y cómo el Gobierno de Costa Rica puede ayudar a lograr la paz en nuestra región, pues sabemos que tiene lazos cercanos de amistad con Israel y también es amigo nuestro, así que un amigo común a ambas partes puede jugar un papel para facilitar la atmósfera apropiada para avanzar en el sentido de la paz.

Queremos explicar que como resultado de nuestro nuevo estatus en las Naciones Unidas, actuamos responsablemente y de manera cautelosa al avanzar en medio de todo lo que se nos hace disponible, luego de la resolución del 29 de noviembre ante la acción ilegal y unilateral de Israel al ocupar territorios nuestros.

Ustedes son un país rico en el tema del respeto al derecho internacional y nosotros sufrimos ante el hecho de que Israel no honra sus obligaciones. Consideramos que Costa Rica puede jugar un papel importante para ambas partes, con el fin de ayudarnos a avanzar en la dirección de la paz y alcanzar un tratado que acabe con la ocupación que Israel inició en 1967 y que sume hacia la independencia del Estado de Palestina.

 

Pero el logro de un acuerdo de paz puede estar muy lejos. Luego de la resolución del 29 de noviembre Netanyahu anunció la construcción de 3000 casas nuevas en los asentamientos ilegales. ¿Cómo ve este escenario en el que esa resolución le abre al Estado Palestino posibilidades para ser parte de la Corte Penal Internacional (CPI), pero al mismo tiempo genera una reacción más agresiva de Israel?

—Hemos intentado negociar con los israelíes desde la firma de los acuerdos de Oslo de 1993, pero 20 años después el número de colonos llega a casi 600 000. Mientras nosotros negociamos de buena fe, los israelíes insistieron en comportarse de una manera ilegal. Así, la paz y los asentamientos son términos contradictorios.

Israel no cumple con el derecho internacional, por lo tanto, decidimos ir a las Naciones Unidas y buscar la resolución del 29 de noviembre; actuamos legal y moralmente, y de una manera en la que a través de un formato multilateral en la Asamblea General convencimos a casi todas las naciones.

Mientras, los israelíes actúan ilegalmente y de manera unilateral; no hay un solo país que apoye  sus actividades en el frente de los asentamientos, incluido Estados Unidos.

El pueblo y Gobierno israelíes deben decidir si quieren la paz y pagar el precio. Nosotros ya lo pagamos: hicimos el compromiso histórico de aceptar el establecimiento de nuestro país en el 22 % del territorio histórico de Palestina, es decir, Cisjordania, Israel y Jerusalén Oriental.

Si continúan por este camino, no deben culpar a nadie más que a sí mismos si nos fuerzan a recurrir a las medidas que nos permitan defendernos mejor y que se nos han hecho disponibles luego de la resolución del 29 de noviembre.

Si quieren un Estado judío deben aceptar que nosotros vivamos en nuestro propio Estado independiente, libres y con dignidad; de lo contrario nos llevan a todos a la catástrofe de cambiar Israel de un Estado judío a un Estado binacional. Este momento está cerca, así que sin importar quién gobierne en ese país, deberán tomar decisiones históricas pronto; el año 2013 es crucial. Por nuestra parte, el presidente Mahmud Abbas está genuinamente comprometido con la paz.

 

¿Lo está también el movimiento Hamas?

—El único representante del pueblo palestino reconocido por todo el mundo es el presidente Abbas y los líderes de la Organización para la Liberación Palestina (OLP). Si hay opiniones políticas y partidos diferentes, ello es una situación interna nuestra. En Israel tienen 50 partidos políticos diferentes, algunos −incluidos los principales aliados de Netanyahu− bastante radicales e incluso hablan de asesinatos. Hamas no es la parte negociadora, aunque Israel sí logró un acuerdo directamente con ellos de cese al fuego.

 

¿Qué otras opciones buscará para presionar a Israel para lograr un acuerdo de paz?

—Nuestro pueblo es muy creativo; inventamos la resistencia popular antes de que se volviera una moda hablar de una “primavera árabe”. Realizamos la primer Intifada en 1987; sabemos movilizar al pueblo y luchar pacíficamente contra esta despiadada ocupación militar.

Ahora ellos buscan castigarnos por la resolución del 29 de noviembre de dos maneras. La primera es robando nuestro dinero, pues se dejan una tajada de un impuesto que a nombre nuestro cobran sobre todos los bienes que importamos, lo cual nos cuesta $100 millones. Esto es ilegal.

Por otro lado, se embarcan en una campaña provocativa y masiva de asentamientos que ya alcanzan unas 10 000 viviendas, algunas en las afueras de Jerusalén Oriental.

Ahora tenemos herramientas adicionales, lo cual incluye la CPI, de la cual podemos ser miembros. Pero no saltamos de buenas a primeras a esta opción, porque queremos dar una oportunidad a la paz. Hemos acudido a las Naciones Unidas, con el fin de fortalecer nuestra posición y defendernos mejor, pero siempre buscamos dar un chance a que los líderes israelíes entren en sentido común, para que respeten la ley y negocien de buena fe.

 

¿Considera que el elemento religioso complica las posibilidades de lograr un acuerdo de paz definitivo?

—Sí, el odio y resentimiento entre ciertos elementos en ambos lados crea un clima que no permite avanzar a la paz. En ambos bandos hay personas que utilizan alegatos religiosos con el fin de justificarse y arrojan gasolina a la hoguera.

Es cierto que muchos de los colonos son fanáticos religiosos y en nuestro lado hay una creciente corriente religiosa que busca responderles. La mejor manera de vencer a los extremistas es dándole esperanza a la gente, y permitirle avanzar a la posibilidad de la paz es el mejor camino para derrotar la depresión y la frustración.

 

¿Pero, hay lugar para la esperanza de cara a los resultados de las elecciones en Israel?

—Desde esta perspectiva el futuro se ve deprimente. Pero no puedo perder la esperanza; de lo contrario perdería la fuerza para luchar por una causa justa como el futuro de Palestina.

La votación del 29 de noviembre fue un momento histórico para nosotros, como también lo fue en noviembre pasado cuando los palestinos nos unimos hombro a hombro ante los israelíes listos para invadir Gaza.

Esos son momentos que nos inspiran y nos dan esperanza, pero debemos traducirlos en pasos concretos para consolidar nuestro país y encontrar vías para que la comunidad internacional logre que Israel se comporte como un Estado que no está por encima del derecho internacional.

El pueblo palestino es sorprendente, es muy vigoroso y determinado a que Israel no dictará nuestro futuro, sino que lo construiremos nosotros mismos.

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