Aceras y obesidad en las comunidades de nuestro país

Algunos indicadores de salud hacen posicionar a la sociedad costarricense a la altura de países del primer mundo; sin embargo, esas semejanzas no siempre

Algunos indicadores de salud hacen posicionar a la sociedad costarricense a la altura de países del primer mundo; sin embargo, esas semejanzas no siempre son del todo buenas. Como muestra de lo anterior, se podrían citar los problemas de sobrepeso y obesidad que los niños y las niñas del país están teniendo.

Según los resultados de la Encuesta Nacional de Nutrición realizada en los años 2008 –2009, el 21,4% de los niños y niñas entre los 5 y 12 años de edad presentan sobrepeso y obesidad, reflejando un aumento de 6.5% en comparación con los resultados de la Encuesta Nacional de Nutrición que se realizó en el año 1996. Estos porcentajes son semejantes a los que presentan los países desarrollados, aun cuando nuestro país tiene ingresos significativamente menores.

En función de lo anterior, las instituciones del Estado han tomado una serie de medidas para atenuar el efecto de la obesidad infantil. La más reciente fue lanzada por el Ministerio de Educación y se refiere al control del tipo de alimentos que se venden en las sodas escolares, tema que se pretende regular por medio del Decreto Nº 36910-MEP-S que norma  el funcionamiento y la administración del servicio de soda en los centros educativos públicos. Dicha medida si bien podría contribuir positivamente, no considera el entorno inmediato en el que se viven los niños, las niñas y sus familias.

Al examinar de una forma rápida el entorno donde viven los niños y niñas del país, se llega a una conclusión preliminar que apunta a que los lugares dedicados a la recreación comunitaria, escolar, y las aceras son escasas o inexistentes, y en las comunidades en donde existen estos espacios, estos en muchos casos se encuentran en mal estado, tienen restricciones de uso o se encuentran en zonas inseguras, por lo que los padres de familia no permiten que los menores las utilicen.

Esto condiciona a que el tiempo libre se tenga que dedicar a actividades sedentarias o que se realizan dentro de las viviendas. Lo anterior hace pensar que estos espacios lejos de convertirse en espacios que fomentan el ejercicio, se transforman en limitantes para llevar a cabo actividades al aire libre, como lo podría ser el realizar una sencilla caminata dentro de una comunidad o un parque recreativo.

Según la ley 7600 las aceras deben tener 1.20 m de ancho, además de ser antideslizantes, entre otras características que facilitan el adecuado paso de las personas. Sin la necesidad de realizar un estudio de forma muy detallada, es evidente que muchas de las comunidades del país no cuentan con aceras adecuadas o en muchos de los casos ni siquiera existen.

Esta carencia de aceras o de la calidad de estas también propicia que las personas utilicen vehículos o que tomen el autobús para realizar un corto desplazamiento, como ir al supermercado o a la pulpería de la comunidad, inclusive para ir a la feria del agricultor. Estos posibles desplazamientos se podrían  realizar caminando si existiera una adecuada red de aceras, que les asegure a los habitantes las medidas de seguridad básicas.

En el caso de los niños, niñas y jóvenes el uso de bicicletas, patines, patinetas y otros es aún  más limitado cuando no existen aceras y deben usar calles principales para poder realizar sus deportes favoritos. Sin embargo, es evidente que la práctica de ejercicio en las calles pone en peligro a los niños y adolescentes, por lo que los padres y madres de familia en aras de proteger su integridad física, optan por no permitirles practicar el deporte, de forma que el entorno continúa determinando el nivel de actividad física y por tanto favorece o desfavorece la aparición del sobrepeso y la obesidad en todas las edades.

Es por las situaciones expuestas anteriormente que se requiere apuntar de manera integral las alternativas para la prevención del sobrepeso y la obesidad, donde hay que valorar no solo lo que se come, sino que se deben valorar también otros factores importantes, como las comunidades en donde vivimos y la planificación urbana que tienen nuestros cantones, y aun más si se puede o no cambiar el entorno de nuestros barrios, para promover realmente la salud.

Las comunidades pueden representar espacios muy importantes para promover la salud de los niños y los jóvenes; sin embargo, es necesario que sus habitantes ejerzan una presión sobre los gobiernos locales para reclamar los espacios adecuados para realizar actividad física, la construcción de aceras o el mejoramiento de sus condiciones; somos nosotros mismos los responsables de reclamar y procurar que nuestros barrios se conviertan en ambientes saludables para toda la familia.

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