Ambientalismo y ecologismo: diferencias

Al abordar la temática ambiental, surgen dos enfoques: ambientalista y ecologista. A pesar de existir mucha literatura, no se analizan

Al abordar la temática ambiental, surgen dos enfoques: ambientalista y ecologista. A pesar de existir mucha literatura, no se analizan, pero sobre el manejo y relación de la sociedad y el ambiente, difieren de las causas y estrategias de solución. Aunque el debate está abierto, estas son sus diferencias:

Ambientalista: supone que todos los problemas ambientales, económicos y sociales, se resuelven desde la racionalidad económica del mercado (lucro). Al apoyarse en que el mercado es capaz de internalizar o evitar los costes ambientales, plantea soluciones con normativas y nuevas tecnologías, cuyas patentes monopolizan las transnacionales, pero fuera de la política. Surge así un mercado “verde”, que acelera el consumo desenfrenado y perverso del desarrollo sostenible, que burla la razón crítica y agrava la crisis, al cuantificar e integrar en la economía positiva, los costes ambientales (presentes y futuros) de la producción; y asignarles un valor económico, mediante la lógica que regula la oferta y la demanda. Las externalidades no caen sobre quien las provoca (productor), sino, sobre territorios, pueblos, el ambiente, la sociedad (consumidor). El mercado realiza medidas de corrección, de carácter técnico o subsidios insuficientes para afrontar los problemas socioambientales. Estas correcciones nunca afectaran al sistema, basado en el crecimiento económico-productivo, de consumo y la acumulación de capital. El desarrollo neoliberal desregula las actividades económicas en el mercado global, y el Estado es un aparato técnico al servicio mercantil. Así no es posible solucionar la crisis ecológica, que ignora los impactos que provoca y los reduce a disfunciones que se resuelven con simples ajustes normativos y tecnológicos. El ambientalismo incurre en cuatro aspectos básicos: a-Es imposible un crecimiento continuo, por la limitada capacidad de carga, de producción y absorción del planeta, pues ignora e invisibiliza las externalidades y leyes de la termodinámica. b-El desarrollo económico y/o tecnológico no garantizan ni resuelven la problemática ambiental, ni el desarrollo humano justo y equitativo. c-No se responde a la crisis ecológica con la economía del mercado, pues no garantiza un reparto equitativo de los costes y beneficios de los recursos ambientales. d-No cubre necesidades, sino intereses corporativos, que responden a la lógica del mercado y su diversificación de capital. Un ejemplo, es la obsolescencia programada de los productos, pues solo se piensa en el consumo continuo.

El ambientalismo no contempla las transformaciones sociales, políticas y económicas necesarias. No es una alternativa, solo se preocupa de racionalizar el dominio humano sobre la naturaleza. Así, el capitalismo es por su naturaleza, antiecológico y antisocial, pues, no hay ningún cambio.

Ecologista: frente a las ambigüedades e inconsistencias del enfoque ambientalista y su idea de conciliar con el desarrollo capitalista, con su sostenibilidad y ética ambiental, las opciones “ecologistas” son de mayor radicalidad y demuestran cómo el modelo neoliberal de mercado genera la crisis real. El ecologismo plantea que para ser sustentable, se requieren cambios radicales en las formas sociales y políticas, en relación con el ambiente. Exige transformaciones sociales, políticas y económicas. Propone el “ecosocialismo”, la “ecología política o popular”. Enfatiza en solucionar el problema, a partir del análisis de los efectos-causas-soluciones. Siendo necesarias nuevas prácticas pedagógicas para desvelar las contradicciones del sistema perverso del mercado. El enfoque ecologista plantea algunas alternativas: a-Vivir en una “política de los límites” o “sociedad de la escasez”. b-Plantea las raíces políticas y socioeconómicas de la crisis. c-El desafío es global y no solo local. d-Es necesaria una organización económica descentralizada, de ciclos cortos y pequeña escala, para reducir el consumo de energía, con tecnologías ecológicas y de alta durabilidad. e-Educar a una sociedad de consumo sano y estilo de vida más responsables, de bienestar individual y colectivo, con una cultura política participativa y sensible con los temas socioambientales.

Se deben cubrir las necesidades humanas esenciales, sin degradar los soportes ecológicos para la vida (reciclaje). Exige una racionalidad cultural, con valores, conductas y actitudes hacia la biodiversidad. Donde la educación se integra en procesos de conocimiento-reflexión-acción, para esa nueva racionalidad pedagógica, que conlleve a un modelo de desarrollo sustentable, justo y equitativo con el ambiente y la misma sociedad.

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