Bifurcaciones y verdades contrarias

El primer saber que apunta Morin, es la toma de conciencia de las cegueras del conocimiento, provocadas en parte por la fragmentación y desconexión

El sociólogo Edgar Morin, que ha propuesto el Pensamiento Complejo como una forma de conocer el conocimiento, ha señalado en conjunto con la UNESCO, siete saberes imprescindibles para la educación del futuro.

El primer saber que apunta Morin, es la toma de conciencia de las cegueras del conocimiento, provocadas en parte por la fragmentación y desconexión de los conceptos, que nos ha llevado a lo que el físico teórico Basarab Nicolescu llama el “big bang disciplinario”.

Las cegueras del conocimiento se hacen evidentes cuando no reconocemos las relaciones y conexiones entre disciplina y aun entre conceptos de una misma disciplina; en el desconocimiento de los saberes populares, de los saberes de otras culturas y de los de otros pueblos; en la desconfianza en lo que no se puede medir, en lo que no se puede ver.

También se manifiestan estas cegueras cuando se ignora la historia de la ciencia, que no solamente va develando nuevos conceptos y nuevas “verdades”, sino que al evolucionar derriba algunas certezas del pasado. Se manifiestan las cegueras cuando no vemos  que el conocimiento se transforma y aparecen nuevas definiciones o cambian las definiciones de lo que se considera “verdadero”.

Para contrarrestar estas cegueras, la primera tarea de la educación en el siglo XXI,  es promover un aprendizaje que sea capaz de criticar el propio conocimiento; que tome conciencia de que la verdad no es una, sino muchas, ya que lo opuesto de una verdad profunda, no es un error, sino una verdad contraria.

También debe ayudar a las personas a  tomar conciencia que en la complejidad del mundo actual, el conocimiento nos desborda como individuos por lo que es imposible centralizarlo y tenemos que  aceptar que está distribuido; que la ciencia evoluciona permanentemente; que las certezas no son inmutables; que las preguntas cambian; que hay verdades profundas y verdades contrarias. Y además, al decir de Morin:  “… necesitamos una cierta convivencialidad con nuestras ideas y con nuestros mitos.

El primer objetivo de la educación del futuro será dotar a los alumnos de la capacidad para detectar y subsanar las ilusiones del conocimiento y, al mismo tiempo, enseñarles a convivir con sus ideas, sin ser destruidos por ellas”.  

En un intento por eliminar las cegueras del conocimiento en educación, en el pasado, hemos querido separar el afecto del aprendizaje y de la percepción de “la” realidad. Pero este intento ha sido un arma de doble filo. Morin (entre muchos) dice que si bien es cierto que el odio, la amistad o el amor pueden enceguecernos, también lo es que el desarrollo de la inteligencia es inseparable del de la afectividad.

La educación del siglo XXI debe incluir la afectividad para iluminar el conocimiento, sin dejar que produzca ceguera.
En resumen,  la educación actualmente debe permitirnos tomar conciencia de que,  tal como dice Nicolescu:  “La naturaleza es una inmensa e inagotable fuente de misterio que justifica la existencia misma de la ciencia”.

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