Cartografía participativa como herramienta de la defensa comunitaria del territorio

Históricamente, la cartografía, ese arte de crear representaciones del espacio, ha sido propiedad de grupos hegemónicos:

Históricamente, la cartografía, ese arte de crear representaciones del espacio, ha sido propiedad de grupos hegemónicos: estado, empresas, universidades, institutos geográficos y organizaciones no gubernamentales, etc.; lo que ha permitido el establecimiento y legitimación de prácticas de dominación, extractivismo y despojo en los territorios representados. Así, dichos mapas han contribuido a invisibilizar las consecuencias negativas de estas dinámicas: contaminación, enfermedades, explotación, extracción y destrucción de la naturaleza, desplazamientos de personas y conocimientos, desigualdades sociales, entre otras.

Mediante la utilización de metodologías que apuestan por el involucramiento directo de las comunidades afectadas, y la recuperación de sus conocimientos y saberes, la cartografía participativa se presenta como una herramienta fundamental para la defensa comunitaria de los territorios. Las preguntas que guían esta práctica son: ¿Qué función cumplen los mapas en la realidad social? ¿Qué pasa si las comunidades aprenden a realizar sus propias cartografías? ¿Es la cartografía una herramienta para defender comunitariamente los territorios?

Con estas preguntas en mente, desde el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) junto con el Programa Kioscos Socioambientales para la Organización Comunitaria, se están llevando a cabo dos procesos de cartografía participativa para la defensa comunitaria del territorio. Uno de ellos en la Región Norte-Norte en conjunto con la Coordinadora de Lucha Ambientalista Norte Norte (Clann), donde se han venido cartografiado las consecuencias generadas por el “territorio piñero”, determinando la ruta de su expansión y  caracterizando a su vez los daños sociales y ambientales que ha ocasionado en sus pueblos.

El otro proceso se está desarrollando en el cantón de Talamanca. Familias campesinas de la comunidad de Paraíso de Sixaola están mapeando los distintos territorios que colindan con sus parcelas, identificando las tensiones y conflictos que se generan con otros actores, tales como las empresas bananeras y el Estado, así como las amenazas que reciben sus formas de vida, entre las que resaltan el encontrarse dentro de la Milla Fronteriza y el uso masivo de pesticidas por parte de las bananeras. Al mismo tiempo, las comunidades bribris elaboran mapas sobre las formas en que distintos procesos (REDD+, exploración petrolera, agronegocio, la intervención estatal, entre otros) atentan en contra  de sus formas de vida ancestrales y por ende, en contra de sus territorios.

De esta manera, además de los resultados finales (los mapas), el proceso de cartografía participativa se ha convertido en un espacio importante de reflexión y análisis sobre las realidades y problemáticas que viven estas comunidades; brindando así otras perspectivas de sus territorios y permitiendo la identificación de experiencias compartidas y la elaboración colectiva de posibles estrategias de resistencia y construcción de esos mundos más habitables que no aparecen en los mapas “oficiales”.

 

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