De debates, engaños y rehuidas

Con locuaz pero vacío discurso, pretende el diario La Nación continuar su enarbolada (y mal fundamentada, como lo demostraré adelante) pseudolabor de crítica

Con locuaz pero vacío discurso, pretende el diario La Nación continuar su enarbolada (y mal fundamentada, como lo demostraré adelante) pseudolabor de crítica sobre la Universidad de Costa Rica, con su editorial del día 21 de julio pasado, hasta alcanzar el terreno del engaño.

Esta vez, el blanco principal de su objetivo es el Consejo Universitario, máximo órgano colegiado de reunión permanente de la Benemérita Institución. Tal Órgano ha sido pieza fundamental en el acometido del Estatuto Orgánico de la Universidad de Costa Rica para el cumplimiento del propósito de la búsqueda permanente y libre de la verdad, la justicia y la belleza. Ignora (¿u omite por conveniencia?) el editorialista que han sido los pronunciamientos del Consejo Universitario sobre temas país de reciente data como el Tratado de Libre Comercio, la paz mundial y la autodeterminación de los pueblos, el golpe de Estado en Honduras, el Proyecto Minero Crucitas, la DIS, el conflicto con Nicaragua, la criminalización de la protesta social, la investigación en seres humanos, los transgénicos, el financimiento de la ruta 32, solo por citar algunos, valiosos acuerdos adoptados en su plenario; ello, merced a su posición en la jerarquía universitaria y justamente por el carácter representativo que tiene el Órgano: sus miembros son elegidos para representar cada una de las 6 áreas que señala el Estatuto, a quienes se les suman el señor Rector, dos representantes estudiantiles, el representante administrativo y el representante de la Federación de Colegios Profesionales. Está en el Estatuto; sin embargo, con sesgo evidente y con ánimo de engaño, el editorial achaca a los miembros del Consejo Universitario un apropiamiento de representatividad que supuestamente no tienen. Como decía Joseph Goebbels, el ministro de comunicación de Hitler: “Miente, miente, miente, que algo quedará”.

La labor de crítica reflexión de los temas mencionados rindió los frutos para los propósitos del Estatuto Orgánico, pues el debate nacional se fomentó de manera evidente y productiva. En multiplicidad de ocasiones, lo dicho por el Consejo Universitario fue escuchado y hasta actuado, por las autoridades correspondientes y el pueblo costarricense, que es, en resumidas cuentas, la razón de ser la Universidad de Costa Rica. Con cinismo pasmoso se atreven los del diario de Tibás a cuestionar la credibilidad del Órgano Colegiado a pesar de su palmarés, pero, en el caso de marras, es entendible tan craso error cuando su modus operandi consiste, justamente, en eso, emplear titulares cuestionables con datos aislados y/o parcializados. Por fortuna es cada vez menor el raudal de ignominia que logra sembrar el periodismo de La Nación, al dejar en grotesca evidencia la pobreza analítica de la que sí son rentistas en sus noticias (véase en la web el artículo “De datos a propaganda”).

Sobre los salarios. El editorial amalgama a diversos actores en el grupo que llama “enemigos a perseguir” por parte del Consejo Universitario. La pregunta para el editorialista, ni siquiera sería si leyó un documento diferente al acuerdo del Órgano Colegiado, dado que es claro que la persecución es de su autoría, pues el llamado del Consejo a la comunidad nacional es para defender a toda la clase trabajadora sin distingo (no solo a la del sector público), sin que con esto se persiga a nadie; más bien, la pregunta es ¿por qué publica ese medio datos sin corroborar su exactitud, que comprometen la seguridad de las personas y que son tendenciosos por la forma en que se presentan? ¿Quiere debate La Nación? Pareciera que no, dado que del acuerdo del Consejo Universitario no se refutó nada en el editorial, simplemente se optó por la invención de una persecución, propalar la falsa idea de que quienes redactan conocen el Estatuto Orgánico y la consabida estrategia de desprestigiar.

Lo más burlesco lo encontramos en la parte final del editorial, donde se pretende posicionar al Consejo Universitario como enemigo de la educación superior pública de excelencia. Al respecto, dejo al lector la frase del periodista polaco Ryszard Kapuściński : “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”.

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