El Apocalipsis de Juan Stam

No, ¡qué barbaridad o herejía es esa! El libro de Apocalipsis es la obra de un brillante escritor del siglo I, Juan de Patmos

No, ¡qué barbaridad o herejía es esa! El libro de Apocalipsis es la obra de un brillante escritor del siglo I, Juan de Patmos, en Asia Menor, y no de este Juan –con ese apellido “extraño”– que vive en un rincón josefino, entre matas de café y de banano. Pues, sí y no. A ver, se sabe que todo libro se escribe para que los lectores se lo apropien –se dice que una vez que se publica ya no le pertenece al autor, le pertenece al lector–, entonces, resulta que este otro Juan lo hizo suyo.

Y se lo apropió a la manera del profeta Ezequiel, a quien Dios le dijo: toma el rollo y comételo y después habla a mi pueblo (Ez.3:1-4). Hoy, nos dicen los neurólogos que las decisiones más asertivas y eficaces son aquellas asociadas a estímulos de una zona primitiva del cerebro, los “ganglios basales”, donde se acumula la “sabiduría vital”, y tienen conexión directa con el “tracto gastrointestinal” (Golemann, 2012); de ahí la inteligencia visceral. Pues bien, el Apocalipsis del teólogo Juan Stam –“costarricense por adopción”, en sus palabras– es una versión comentada en tres tomos, publicado por Ediciones Kairos de Buenos Aires, 1999, 2003 y 2009. Se trata de un comentario exegético producto de una lectura atenta y rigurosa, que se traduce en una interpretación actualizada y un mensaje fresco y sugerente. Sin duda, el libro ha bajado hasta las entrañas del lector. Prevalece el lenguaje del cuerpo (estético/erótico/herético); es decir, el uso de la palabra que moviliza, y no simplemente de la explicación racionalista y fría. De esta manera, hace honor a un texto que utiliza una rica narrativa simbólica, a la medida de las exigencias de tiempos críticos donde había que templar el ánimo para encarar con valentía los desafíos de las múltiples formas de violencia y represión del poder imperial político-religioso, y sobre todo abrir horizontes de esperanza y libertad. De ahí, la vigencia de este libro.

La simbología utilizada por Juan de Patmos, accesible a los lectores de su tiempo, requiere de un laborioso y apasionado esfuerzo exegético y hermenéutico para hacerla igualmente asimilable por los lectores del siglo XXI. Y eso es precisamente lo que hace el teólogo y profesor Juan Stam con gran propiedad, es decir, delicadeza de estilo y profundidad analítica. ¡Qué gusto da leer este comentario! La obra célebre se disfruta tanto como se sufre. Se disfruta porque es luz que ilumina el alma y es melodía que alegra el espíritu y libera al cuerpo. Y se sufre porque sensibiliza para provocarnos a lidiar con los “demonios” de nuestro tiempo, que también nos habitan; es decir, se sufre porque incomoda y nos convoca al cambio de actitud y de rumbo.

El Apocalipsis de Juan Stam –su relectura– nos ofrece una visión actualizada del revestimiento simbólico de los “poderes fácticos” contemporáneos, que han contribuido a propiciar dolor, miseria y muerte. Este es un aporte fundamental porque nos ayuda a discernir cuáles son y cómo se comportan esos poderes –¡qué curioso, cómo se parecen a los del siglo I!–. Sin embargo, para Juan Stam, el Apocalipsis es sobre todo el libro de la esperanza, y no el de las visiones y profecías catastrofistas. En sus palabras: “Lejos de cualquier entrega a la desesperación, el Apocalipsis de Juan es un llamado a la tenacidad (hupomone, 1:9) y la fidelidad hasta las últimas consecuencias […]”

Les invito a leer el “Apocalipsis de Juan Stam”, un entrañable profesor y amigo.

 

 

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