El tugurio de la filosofía

Una filosofía del tugurio nos podría asegurar la posibilidad de una mayor seriedad  en materia de comprensión humana. Un tugurio de la filosofía es

Una filosofía del tugurio nos podría asegurar la posibilidad de una mayor seriedad  en materia de comprensión humana. Un tugurio de la filosofía es casi lo que existe en la actualidad, cuando hablamos de modelos humanos sin tomar en cuenta la extrema miseria. La devastación que produce el sufrimiento y la privación de bienes esenciales debe comenzar a ser analizadas como hecho del siglo XX y XXI. Una filosofía del tugurio es aceptar académicamente que la extrema barbarie sí existe como hecho cotidiano cuasi invisible. Consecuentemente se baila aún en materia académica al borde de un precipicio mundial. Un remolino que puede llegar a estallar en la filosofía como Marx lo hizo en su tiempo. El hecho filosófico es una realidad paradigmática y si bien cumple otros propósitos, debe proponer realidades en materia de modelos de la existencia. Puede proponer caminos de bien vivir y actuar.

 

En fin, la filosofía moderna no habla del extremo sufrimiento del tugurio. No habla de la llaga que lleva el cerebro, mente y corazón del más miserable. Es necesario volver a humanizar a la filosofía a través de una filosofía del tugurio. Es indispensable convertirla en algo vivaz de nuevo, no solamente un caldo rarificado. Esa desnutrición de la filosofía que respira solamente un aire  de montaña alta, carente de suficiente oxígeno, necesita desesperadamente de lo físico, de la carne en la olla y no solamente la sopa con vegetales. Lo vegetariano de la filosofía debe dar lugar de nuevo a lo carnívoro de una praxis que considere al necesitado como hecho esencial, en el contexto de una realidad de desplome total.

La hiperexplotación y su consecuente hipermiseria conllevan cuadros distintos a la vez que similares. El pensamiento analítico convertido en monstruosidad apaga los fuegos de la imaginación y de la fantasía. La felicidad en la vida se sumerge en una especie de aceptación de la tragedia, sin el valor del pathos griego que lo suele revivir en forma de catarsis. La hiperexplotación y la hipermiseria son crueles maestros de una ausencia de vida.

Dice Charlton (2006) que el retorno de la humanidad al animismo a través de los alucinógenos y la adopción de patrones de pensamiento menos severos o menos dañinos, puede que nos conlleve un sentimiento curativo de andar siempre acompañado. Una alternativa a un ego aislado, alienado y enajenado. Dicho evento tendiendo, como en los grupos aborígenes tribales, a disminuir y quizás eliminar las neurosis neogénicas y su ansiedad de separación o angst. Desde luego es idealista pensar a un retorno del uso de alucinógenos mundialmente, si aún estos yacen clasificados como drogas de Horario I (Schedule I) de la DEA y otros organismos miopes y astigmáticos que debe soportar la humanidad. Es necesario hablar de quizás una metodología de meditación y contemplación, que además de no estar prohibidos sean de fácil acceso al ser humano explorador.

Bausch (2010) habla de que las visiones y alucinaciones, además de sueños, sirven el propósito de permitir que la razón entre mentalmente en un inconsciente agitado y disminuya el nivel de caos. Es muy importante explorar el hecho de que los disturbios neuróticos de la Viena de final de siglo XIX y principios del siglo XX, notados por Freud, correspondían ya a la expansión e imposición del capitalismo de su tiempo.

La unión de la filosofía por fin con la psicología y la teología. Tres exquisitos caminos para eventualmente llevar a cabo una exploración de las víctimas de un neoliberalismo despiadado y sin corazón. Unidos a la ciencia psicobiológica y neurológica un verdadero intento tomográfico de identificar la realidad cerebral del habitante del tugurio. Algunos estudios como el de Hackman (2010) han indicado ya cambios neurocerebrales debidos a la miseria. Otros han indicado que el uso de drogas como la cocaína y la anfetamina o la heroína disminuyen el control orbitofrontal de la corteza sobre la amígdala y esto se encuentra más frecuentemente entre sujetos criminales que no criminales. Pérdidas en control de pulsión pueden ser sugeridas por este efecto.

El tugurio de la filosofía no considera  estos aspectos. Una nueva filosofía lo debe hacer. Una filosofía que se caracteriza por el hecho de suponer que en el habitante del tugurio yacen los medios para comprender los efectos de la hipermiseria.

Hoy en día compiten las teorías de caos y de orden cuántico para indicar como nace la conciencia en el hombre. ¿Acaso el tugurio afecta dicha conciencia?

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