Funcionarios por encima de toda sospecha

La forma y el contenido en que se produjo el colapso del Festival Internacional de las Artes 2015 llevaron a los costarricenses

La forma y el contenido en que se produjo el colapso del Festival Internacional de las Artes 2015 llevaron a los costarricenses a imaginar que la Ministra del área, señora Elizabeth Fonseca, abandonaría el cargo de inmediato. No era solo el fracaso, sino  la actitud con que la Ministra lo encaraba. Ante las primeras señas del derrumbe declaró que ‘eso ya era historia’ (en su sentido negativo y menor de pasado irreversible) y que ella se ocupaba de lo que vendría. La Ministra tiene un postgrado en Historia y sabe que los sucesos de días anteriores no son historia. En este caso, son eventos, procesos políticos e institucionales actuados por seres humanos que, se supone, se hacen responsables por lo que hacen. En este sentido no son historia. Serán historiografía cuando alguien los analice con la actitud de la especialidad. Por ahora se trata de sucesos político-culturales que muchos desearían no se hubieran dado.

En todo caso, la versión local del “I don’t look my shit”, estadounidense, no tocaba. La forma de alguna de las apariciones de la Ministra ante la prensa tampoco resultó apropiada: sentada en el borde de un tablado, piernas colgando hacia los espectadores, declaró que tenía en mente una Comisión Investigadora. No determinó sus miembros, pero el estilo hizo pensar que la compondrían una sobrina (experta en elevar papelotes), un primo-hermano que vive en Tokio y un ciudadano de su barrio que suele venderle granizados. La Comisión se esfumó porque el Consejo de Ministros le ordenó presentar un informe en pocos días (solo que es ella quien está a cargo de ese informe). Se debe agradecer a Fonseca no haber utilizado la fórmula “liberacionista” de “estoy en paz con mi conciencia” (la otra parte del dicho, “lo actuado es legal” no era utilizable ya que el fracaso del FIA incluyó errores administrativos).

Así, como tantos, tuve por más que probable que Fonseca se iba. Sin embargo, un comentario de un opinionista oficial de La Nación S.A. me hizo dudar. El nivel de estos cronistas ha caído de tal manera, que en 10 años alguien ¡extrañará a Julio Rodríguez! El que habla es L. Mesalles, quien el 2 de mayo hace un elogio en su columna de los intermediarios en economías complejas. Menciona el FIA. “El reciente fiasco del FIA es un ejemplo. El Ministerio de Cultura quiso eliminar la intermediación de los productores artísticos y encargarse él mismo de esa tarea. En lugar de dejar que los expertos se encargaran de lo que saben hacer mejor, el Gobierno quiso llenar un espacio que no conoce bien. El FIAsco está a la vista de todos.” El fiasco sí, pero él introduce un nuevo elemento de juicio: identifica “intermediarios” con “expertos”. Y dentro de los intermediarios, e incluso entre los “expertos”, pueden darse “choriceros”. Un “choricero” es experto, pero en acarrear dinero, en este caso público, hacia sus bolsillos.

Mesalles, pueril, añade a su argumento: “Puede ser que la decisión se haya tomado por una percepción de que lo cobrado por los empresarios productores es mucho comparado con el valor aportado”. O sea, que pudieron existir costos inflados. Y remata: “Dado el resultado, parece que algún valor importante aportaban los productores, que el Ministerio no pudo igualar”. No menciona que tal vez los intermediarios choriceros le hicieron la guerra a un Ministerio que procuraba no financiar su estilo de existencia con el dinero de los costarricenses. ¡Quién no ha visto un chihuahua enano defender a muerte el chorizo mal habido!

Las declaraciones de Fonseca parecen confirmar el desliz de Mesalles. Ella, tardíamente, manifiesta estar en contra del modelo de gestión del FIA. Ha denunciado gigantismo, centralización, exagerada concentración de inversión de recursos (LN: 6/05/15). O sea, pocos “expertos”, Mesalles dixit, se llevaban mucho o todo. Y el resultado no pasaba por la satisfacción de los costarricenses.

Si el fracaso del FIA contuvo la resistencia de los mastines a dejar su ya tradicional chorizo o a compartirlo, quizás Fonseca podría quedarse. Vista en esta perspectiva, despierta alguna simpatía.

Frágil buen sentimiento. Su denuncia, por ahora, no es enérgica ni sólida. Se enmascara en el ‘modelo de gestión’. Por lo tanto, y pese a la “ayuda” de Mesalles, debe irse. Excepto que la orden de ir adelante con el FIA haya venido de Zapote. Pero también aquí la cuerda se cortará por lo más delgado. (Adenda tras el despido de la Ministra: la cuerda, además de flaca, resultó sabrosa: ¢727 millones desaparecidos en el hiperespacio).

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