Grexit

La actitud de Berlín ante la crisis griega prueba una vez más la incapacidad alemana, parafraseando a Alexander Hamilton, de “pensar continentalmente”

La actitud de Berlín ante la crisis griega prueba una vez más la incapacidad alemana, parafraseando a Alexander Hamilton, de “pensar continentalmente”, al poner primero su nacionalismo provinciano ante la estabilidad continental. Si hay gobierno europeo en este momento que goce de una enorme legitimidad interna es el de la “Mutti” Merkel. [Sin embargo, la democracia alemana del 2015 con su supermayoría de conservadores y socialistas me resulta extraña para quienes entendemos las democracias modernas como gobiernos con oposición. Por el momento, la oposición alemana la componen los Verdes y la Izquierda con solo un 20% del parlamento]. Con un superávit fiscal y comercial solamente excedido por el de China, la innecesaria estrategia alemana de humillar y condenar a Grecia a un Hades neoliberal harían a Pinochet o Thatcher hincharse de admiración. En vez de re-estructurar la deuda griega, el ministro alemán de finanzas Schauble prefiere la expulsión total aliándose con los gobiernos más radicales de derecha como Finlandia, no-entidades como Eslovaquia y los países bálticos. En su anti-sovietismo, estos últimos, más papistas que el Papa, implementaron terapias de choque que excedían las imposiciones del FMI.

La falta de memoria histórica en el país inventor de la filosofía de la historia es también absurda. La posición de Alemania nos recuerda la de los aliados al término de la guerra civil europea (1914-1918) en la cual Inglaterra, Francia y EEUU impusieron su legendaria humillación en Versalles. Un Keynes furioso renuncia en protesta y escribe uno de los textos más proféticos del siglo 20, Las consecuencias económicas de la paz, es decir, la pax Carthaginensis de los aliados de destruir la economía del enemigo y crear el resentimiento que eventualmente llevará a Hitler al poder. El farisaísmo del equipo económico alemán tampoco se acuerda de los perdones de la Segunda Guerra de reconstruir Alemania con un plan Marshall libre de deudas, para convertirlo en el país más colonizado e industrializado del continente. Tampoco se acuerdan de cómo la administración Eisenhower y siguientes desoyen demandas griegas por la destrucción traída por los nazis. Indemnizaciones que Alemania sí hizo con Polonia y especialmente con Yugoslavia para que Tito no se pusiera dulce con Moscú.  Eisenhower, Kennedy y Johnson “pensaban continentalmente”, es decir, pensaba en ‘contener’ el comunismo de Europa, algo que la administración de Obama también teme en el típico estilo paranoico de la Casa Blanca, sobre un posible acercamiento de Grecia a Rusia o China en caso del Grexit y así acarrear un efecto dominó con las salidas probables de España o Francia con Podemos o Le Pen.

No se puede olvidar el papel de EE.UU. financiado por los bancos neoyorquinos en la creación de la Comunidad Económica en 1957 para contrarrestar otro internacionalismo, el socialista de la Comecon. A diferencia de Merkel & Schauble, Christine Lagarde siguiendo alguna orden de Washington opina que esta deuda es impagable y hay que re-estructurarla.  El futuro del euro, como su pasado, es de suma importancia para la supremacía norteamericana no solo militar sino económica. Una eurozona estable es esencial para este “pensamiento continental”, para la geopolítica de EE.UU. y la OTAN en rodear a Rusia y China con guerra económica y maniobras militares así como continuar su aventurismo imperial del Levante al Hindú-Kush. Tampoco se habla en círculos pro-alemanes -a un nivel sub-imperialista y regional- del papel de los bancos alemanes en admitir a Grecia a la eurozona, en ocultar en su momento el verdadero estado de las finanzas griegas con el fin de ‘modernizar’ la península con contratos blindados, del papel de las industrias alemanas y francesas en disparar el gasto armamentístico griego por la presencia turca en Chipre  (miembro también de la misma OTAN!) y de participar por tanto de la proverbial corrupción griega tan opuesta -no nos deja de recordar la Merkel- a su Richtigkeit. La “solución final” para Merkel y Schauble parece ser la posible destrucción de la Unión Europea. Esta unión neoliberal se desarrolló con unidad monetaria ignorando la unidad fiscal. Un verdadero federalismo significa que un estado miembro, cuando corre riesgos macroeconómicos, es ayudado por su economía nacional o continental a través de transferencia de pagos de otros estados en su momento para evitar los extremos de ahora. Pero las grandes coaliciones y el electorado alemanes corean Ordnung muss sein!!, aún cuando dicho orden signifique pobreza, catástrofe y vasallaje para la cuna de Europa y revele que Alemania esté condenada a ser una entidad geopolítica de tercer orden.

 

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