Hipótesis de una “des- cantada”

Sábado 4 de abril, la comunicación destapa el tamal, hace trizas las hojas y pone sobre el tapete la suculenta noticia: a las 4

Una muestra leve de lo que es el poder y cómo se aplica en tiempos de crisis. ¿Cuál crisis? La crisis solo existe en la mente (será de quienes la sufren) y cómo permea hasta capas insustanciales.

Sábado 4 de abril, la comunicación destapa el tamal, hace trizas las hojas y pone sobre el tapete la suculenta noticia: a las 4 de la tarde de ese fatídico 4, la Ministra de Salud se ciñe en que no se ha entregado el permiso y la única manera de realizar el concierto es violando los sellos que fueron puestos en las puertas del Estadio Saprissa. Ya saben a lo que me refiero, el concierto de don Vicente Fernández, el apoteósico, publicitado hasta el hartazgo.

¿Qué dirá ahora el Ministro de la Presidencia, ante tan inoportuna sorpresa, cuando quiere gozar la noche en la cueva del Monstruo, y sus teléfonos no dejan de sonar? Las 6 ya van a dar, la Ministra se mantiene en la decisión de suspender el concierto.

A las 6 y minutos, aturdido por tanta súplica, el Ministro llama a la Ministra y le dice (como hablan los políticos cuando saben que sus palabras pueden ser reproducidas por cualquier soporte): “Escuche a las partes” (de las cuales una no ha cumplido su parte), que significa… lo que significa. Ya le han llamado y visitado insistentemente los organizadores y un montón de fiebres amigos, además tiene en su mano las entradas VIP para Vicentico. Ansioso por el concierto no sabe qué más hacer, la cosa está difícil. Los productores creían ciegamente en la dictablanda.

”Ay papi, cómo no vas a tener el poder para solucionar esto, llamá a la Sala Cuarta -clama una voz seductora a su diestra- yo quiero ver a Chente”. Pero con tanta metida de pata, sabe que una llamada a la Sala Cuarta, para uno de esos que llamamos, salacuartazo automático, solo por Vicentico, no es producente, nada tiene que ver con el destino sagrado de la Patria, o con las tortas nuestras. No vale la pena poner en apuros a los magistrados, ofuscarlos más de la cuenta (con todo lo que los ha hecho correr, y el pueblo intuye) solo por una cantada. Y para peores, ya debe haberse tomado la foto con mi hermanillo. Qué duro es el poder, cómo embarca.

Conocemos la queja cotidiana de los ciudadanos tibaseños contra la Alcaldí, por la basura. Cómo el Alcalde se iba a comer las montañas de desechos sólidos que deja un concierto de esa naturaleza y que los productores minimizaban, como es costumbre para lo que no es rentable (ahí le dejamos esas montañitas, Mesié).

El Alcalde se puso las pilas, no permitió a esos 28 patearle el trasero, como se acostumbra en las dictaduras, recurriendo por encima de normas y leyes, al grandote. La mediocridad asoma. Pero qué carajos, si lo había anticipado el Alcalde, querían brincarse las disposiciones, solo por ser ellos.

La Ministra de Salud, que goza de nuestro reconocimiento, tiene un as en la mano, le pasa la responsabilidad al alcalde de Tibás si alguna tragedia acontece. En los linderos del límite, y a la hora del primer corrido “desde Tijuana hasta Yucatán”, dice comprender que es mejor que se realice, por aquello de los disturbios y desmanes (sin aflojar el permiso), ¡uf, gracias!.

La Ministra y el Alcalde saben que son yunta y ese amarre ayuda y restringe a ambos. Por el momento la situación exime a una, y al otro, por supuesto.

La Ministra, para evitar en el futuro “presiones disfrazadas” que significan lo que significan, lo declaró a toda la prensa: de hoy en adelante los permisos y los planes se presentan con 22 días de antelación, no en los primeros acordes del concierto. De lo contrario, ya saben que ni recurriendo a Él, pasarán por encima de las normas.

Pobre el inocente Vicente, al fin y al cabo, nos ha hecho reír, apasionarnos, vacilar y llorar como pocos. Responsabilidad y decoro a los organizadores, es lo único que resta pedir.

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