La mujer en la literatura francesa del siglo XX: un diálogo entre Mauriac, Bernanos y Claudel

Hablar de François Mauriac, Georges Bernanos y Paul Claudel, escritores hijos de su tiempo, nos pone en contacto con su producción, que se traduce

Hablar de François Mauriac, Georges Bernanos y Paul Claudel, escritores hijos de su tiempo, nos pone en contacto con su producción, que se traduce en una prolífica carrera literaria enmarcada en el esquema de valores y creencias al que, en gran medida, la debieron; de esta que nos interesa, en particular, un elemento tratado por ellos tres: ¿cómo se construyen la mujer y los roles que esta asume en Génitrix de Mauriac, en Un crimen de Bernanos y en Juana de Arco en la hoguera, de Claudel?

Es importante contextualizar a los autores que nos convocan: Mauriac nace en Burdeos, en 1885; Bernanos, en 1888, en París; Claudel, en Villenueve-sur-Fère, en 1868. Tales datos parecen nimios a simple vista, sin embargo, cabe resaltar que la producción de estos autores se desarrolla, primero, destacando espacios de contextos rurales y, segundo, durante el período de las dos Guerras Mundiales, donde, a nuestro entender, lo que impera es un “sin-sentido” en las esferas intelectuales; de acuerdo con Roger (1962), los “pensamientos” de los autores que nos atañen tienen en común el valor de mantenerse firmes en sus creencias, a pesar de la época en la que desarrollan su obra: el catolicismo de Mauriac, donde Dios ha sido el corazón de sus personajes; Bernanos, cuyo “optimismo religioso” se opone a la individualidad; y finalmente, Claudel, cuya idea de la fe busca la armonía en todos los sentidos de la vida.

Ahora bien, hablar de la mujer, su concepción y sus roles en la literatura, es un tema que viene a ofrecer una visión general de cómo “construyen”, “leen” y “reconfiguran” el papel de la mujer en sus obras los tres autores; se ve en Génitrix de Mauriac, en medio de la dolorosa muerte de Mathilde, con el recuerdo de las palabras de Felicité Cazenave: “– ¡Mi hijo no será para ti…! ¡Jamás podrás quitármelo…!”. El punto importante va a ser la concepción de la mujer desde el símbolo de la madre castradora, la madre terrible, que va a impedir que su hijo Fernand se realice como “hombre” al lado de su esposa; no obstante, también Mathilde se mueve entre los roles de mujer pasiva, mujer activa, ángel y demonio, y esto se ejemplifica en la voz narrativa, que ve en Mathilde una mujer no amada, en busca de amor y refugio, pero incapaz de expresarlo: “Mathilde olvida que una existencia miserable la ha moldeado así, que se ha endurecido, se ha armado de brusquedad…”.

Se verá, también, que la concepción de mujer que tienen Bernanos y Claudel no es muy diferente a la de Mauriac; en Un Crimen de Bernanos, destaca la caracterización de la mujer “fatal”, de la que habla Isabela Skowron (2011), en Celeste y Femia, para quienes el vicio de la bebida, la lujuria y el chisme, no les impide en lo más mínimo servir al cura que recién llega a la parroquia  sin cuestionarse si realmente están sirviendo al ministerio, o si solo se sirven a sí mismas; en Juana de Arco en la hoguera de Claudel, impera otro tipo de construcción del personaje femenino: la protagonista – Juana – es construida y silenciada por las voces masculinas (“JUANA-: Herética – Bruja – Relapsa – ¡Hermano Domingo! ¿Todo eso es Juana de Arco? ¿Es cierto? ¿Soy yo todo esto?”), sin poder siquiera decir quién es su “yo” y por qué se encuentra a punto de morir en la hoguera; sin embargo, al final de la pieza dramática ocurre en ella un proceso de reconocimiento de su valor como “instrumento de Dios” y arremete contra el pueblo que la condena sin pena alguna: “JUANA-: ¡Ruán! ¡Ruán! Tú has quemado a Juana de Arco, pero yo soy más fuerte que tú y no me tendrás siempre”.

De esta forma, no nos queda más que preguntarnos si la construcción del personaje femenino en las tres obras responde al desarrollo de sus producciones en un sistema axiológico particular de cada uno de los autores: se ve en Génitrix el retrato de una madre castradora y la de la mujer que se debate entre su parte sumisa y su parte deseante; en Un crimen, se pone en evidencia el vicio, la lujuria, la astucia, como hábitos censurables en la mujer; en Juana de Arco en la hoguera, se nos muestra a la mujer silenciada y construida por las voces masculinas, las cuales la llevan a autodefinirse, aun a sabiendas del final que le espera. La visión que cada autor nos deja del papel de la mujer brinda un “esbozo” de lo que cada uno observó e intentó retratar de la sociedad en la que se desenvolvió, en la que les tocó vivir.

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