Representaciones de la paternidad emergente

Este artículo se inspira en “Castración de la Función Paterna”, del psicólogo Juan José Villalobos Rivera. Elogio a este hombre que se pronuncia con

Este artículo se inspira en “Castración de la Función Paterna”, del psicólogo Juan José Villalobos Rivera. Elogio a este hombre que se pronuncia con un tema que apunta a los hijos y la ternura masculina. Ya no se sostiene la coartada de la “naturaleza”;  revoluciones de la ciencia en la biología y la psicología  abren discusiones sobre las funciones y jerarquías impuestas socioculturalmente a cada sexo.

La sabiduría popular eterniza el mito de la mujer-madre como única responsable del amor y el cuidado de cuerpo a cuerpo en la crianza de los hijos; el padre aparece en la escena con un cómodo papel periférico y sus acciones abandónicas que no se perciben de manera nefasta para la sobrevivencia de sus hijos. La paternidad tradicional no define la autoidentidad del hombre, es función que se adiciona pero no se inscribe en la práctica de su cotidianidad. Cuidado y ayuda a los otros no se asocia con la vía de realización masculina de plenitud y trascendencia. El binomio mujer-madre, históricamente, es la vía inseparable de realización. La obligatoriedad de las mujeres es ser para los otros, darse a los demás, desde niñas.

Una configuración sociocultural, de estructuras patriarcales edificadas sobre la base de una determinada forma de producción, tiene las consecuencias relacionales del hombre  productivo, exitoso y público, en una sociedad de desigualdad y explotación. Pichón Riviére señala que el proceso de identificación cultural  de la mujer con el rol de madre es introyectivo, pero el rol de padre es proyectivo: Es el que a uno le permite permanecer en el espectáculo como espectador. En tanto que en la identificación introyectiva uno se confunde con el personaje.

Hay momentos históricos de la literatura psicológica que se posiciona a la madre como la única responsable del corte simbólico con los hijos. Una discusión sobre la “madre monstruosa” debería empezar por la pregunta de ¿dónde está el padre, la familia y la sociedad? El tratamiento científico sobre la paternidad no ha sido ajeno a las determinaciones ideológicas del hombre del mandato tradicional.

Antes de los años 60, teorías clásicas ubican al padre  en posición de omisión. Solo la relación madre-hijo es garante de la identidad y la salud mental, la seguridad y confianza del niño con su entorno, que están dadas por la calidad positiva y empática de relación con la madre. (Erikson, 1950)

Clain (1932) y Winnicott (1960) atribuyen el rol casi exclusivo a la madre para un ego saludable, que se forma en los primeros años. Mowrer o Parsons concuerdan en que el mundo social del ser humano consiste del sistema  madre-hijo, que luego se expande al padre.

Después de los 60 comienza a valorarse la importancia del padre, más allá de su autoridad y como sostén económico y de identidad sexual. Ahora, la privación del padre está asociada a violencia, inadaptación, suicidio y problemas del aprendizaje. Fromm plantea que el padre forma parte importante en la disciplina del niño, quien necesita el amor y la guía del padre; los efectos nocivos de su ausencia comienzan  a partir de los tres años.

La literatura actual señala que los hijos y las hijas deben contar con más personas que los quieran y hacer un vínculo con todos los miembros de su familia. Padre y madre pueden asumir roles compensatorios y reemplazables. No es necesario que se forme un vínculo absoluto con la madre; lo que un niño necesita  es tener un mínimo de relación estrecha con alguien que asuma la relación de manera estable.

Las funciones expresivas de empatía y afectivas (madre tradicional) deben aparejarse con las instrumentales de competencia y destrezas (padre tradicional) en cada uno de los miembros de la pareja. Con la profunda modificación de los roles femeninos y el maternaje, los papeles comienzan a entremezclarse  y desdibujar sus perfiles.

El Instituto de Investigaciones Psicológicas de la UCR indica que lo que buscan las mujeres del hombre para ser su pareja, es el afecto que den a sus hijos, sean biológicos o no. La paternidad emergente o tierna, en Costa Rica se percibe más en hombres jóvenes, nuevos padres, exhiben funciones nutricias como cuidados de la salud, educación y una creciente paternidad sustituta (padrastro).

Estos tipos de paternaje no son tan recientes en el país, pero la falta de leyes que protejan la paternidad sana pone en evidencia que todavía vivimos en una Costa Rica basada en adultocentrismos patriarcales decimonónicos.

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