Río revuelto: El posible origen de la “clase media costarricense”

La presente, es la primera de dos entregas. Como abstract, debo decir, que en la mayoría de las ocasiones en que me he encontrado

La presente, es la primera de dos entregas. Como abstract, debo decir, que en la mayoría de las ocasiones en que me he encontrado inmerso en una discusión al respecto de las bondades de nuestra realidad económica, me he visto forzado a disentir con el tono de la mayoría, en múltiples aspectos y por infinitos motivos. En este caso, me referiré únicamente a un sector reducido (y en la mayoría de las oportunidades, excluido) del ámbito de estas chácharas; esta es mi opinión al respecto del surgimiento de la famosa “clase media costarricense”, el principal y agónico orgullo de nuestro proyecto país.

 

I parte

La máxima “río revuelto, ganancia de pescadores” resulta aplicable a los escenarios políticos generadores y promotores de la clase media. Lamentablemente, cuando el río vuelve a la calma, los pescadores también pierden su ganancia.

La polarización mundial en el siglo XX, a partir del surgimiento de modelos políticos de base socialista, sin lugar a dudas, propició en buena medida la generación de la más rotunda maravilla política occidental: la clase media. Una pequeña hojeada en retrospectiva nos hace dudar del mérito absoluto del modelo capitalista al respecto de este, su mayor logro. Ya bien lo ha expuesto Borges en sus Tres Versiones de Judas, todo Cristo requiere de un Judas para hacer efectivo su trabajo.

La propuesta aquí planteada, lejos de escandalosa o irreverente, pretende únicamente llamar la atención al respecto de las posibles virtudes de un mundo polarizado; y la gravedad del error fundado en la falsa confianza que promueve la idea de progreso y paz, actualmente promocionada por el unificado ordenamiento internacional postguerra fría. Debo corregir, en lugar de “actual” léase “a partir de la década de los noventa”, pues hoy dicho eslogan no resulta tan fácil de vender; particularmente cuando se tiene presente la disminución acelerada de la clase media por motivo de la actual –y permanente– crisis financiera (debemos decir, crisis mundial) o cuando –para aquellos que les gusta ver del mundo tras los bastidores del San Juan y el Sixaola– la disparidad social se ha constituido en la única estrategia válida para el crecimiento económico en la Orillarrica del siglo XXI.

Apreciar los Nenúfares de Monet requiere un esfuerzo de perspectiva; por apetecible que sea, poco disfrutará el observador al acercarse hasta poder oler la camba gigantesca, si antes no ha tenido oportunidad de echar cuatro, cinco o hasta diez pasos atrás; de manera tal que la distancia genera patrones entre las manchas y del fondo surge una imagen simplemente acogedora. Esta técnica es válida para el análisis político; en este estadio, los pasos atrás deben echarse con base en la historia y la geografía. Así, propongo, antes de centrarnos en las causas inmediatas del crecimiento de la brecha social en nuestro país, tratemos de analizar, de manera lacónica, los posibles orígenes del acortamiento de dicha brecha a partir de la instauración de la Segunda República.

Debemos recordar que con anterioridad a los enfrentamientos del cuarenta y ocho, nuestro país como ente económico, poco difería de los modelos feudales del medioevo; podemos exponerlo de otro modo, algunos “pensadores de sillón” coincidimos en que la colonia en Costa Rica terminó en 1821 porque España perdió interés (probablemente “capacidad” sea el término más adecuado) en la administración de estos fundos. Sin despreciar el trabajo político de ordenamiento de base para el proyecto país que hoy disfrutamos (de nuevo, probablemente el término más apropiado sea: “vivimos”), las verdaderas diferencias en nuestro esquema social se producen cuando se difumina la idea de que la riqueza del pueble reside en la igualdad de oportunidades, en el acceso a la educación y la salud gratuita; en otras palabras, en la “tierna” amalgama de las ideas calderonistas y figueristas; pero también, podemos decir, en el surgimiento de los baby boomers ticos.

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