Una bandera de bondad para el CASED

Óscar Jiménez Cambronero, estudiante de la Universidad de Costa Rica, no necesitó mil palabras para emocionar al auditorio. Con una sola y sincera frase

Óscar Jiménez Cambronero, estudiante de la Universidad de Costa Rica, no necesitó mil palabras para emocionar al auditorio. Con una sola y sincera frase fue suficiente. Caminó hacia el micrófono ensimismado en su mundo de sonidos y antes de anunciar el título de las obras que ejecutaría al piano, dedicó su presentación al Centro de Asesoría y Servicios a Estudiantes con Discapacidad y acto seguido les dijo: “Ustedes significan para mí una bandera de bondad”. Con estas únicas palabras y con su magistral interpretación, este estudiante de música, que recibe apoyo en este centro, expresó el mejor homenaje que recibieron ese día quienes trabajan en el CASED.

Nos encontrábamos inaugurando un nuevo edificio construido justo al lado donde ha funcionado históricamente este espacio, y al mismo tiempo, la jefa de esta instancia Lizbeth Alfaro, aprovechó para hacer referencia al quince aniversario de este servicio integrado como parte de la Vicerrectoría de Vida Estudiantil y dedicado a la atención integral de la población estudiantil universitaria. Se trata de una doble y significativa celebración y sería  injusto que pasara inadvertida.

La Vicerrectoría de Vida Estudiantil durante esta administración definió esta construcción como una prioridad. Y gracias a la oportuna decisión de la señora Rectora, doña Yamileth González García, hoy el CASED es un lugar mucho más acogedor y accesible. El nuevo edificio permite atender en mejores condiciones de privacidad a los 280 estudiantes universitarios con alguna discapacidad que actualmente realizan estudios en la Universidad Costa Rica.

Durante la actividad Patricia Ruh, directora de la Oficina de Orientación, elogió y reconoció el trabajo que realiza el CASED; por su parte, Lizbeth Alfaro rememoró la trayectoria histórica de este servicio. En los años setentas, aunque eran muy pocos los estudiantes con discapacidad que ingresaban a la Universidad, se creó un grupo que se denominaba “Organización de Personas con Limitaciones Funcionales”. Este movimiento no logra consolidarse, pero constituye el primer paso para un proceso que durante los años ochenta asume la Oficina de Salud, respondiendo al paradigma médico en donde aún se visualizaba la discapacidad como enfermedad. En 1982 se crea el Sub Programa de Asesoría para el estudiante minusválido o con limitaciones y se establece la “Asociación de Estudiantes no videntes de la UCR”. En 1986, la Escuela de Orientación y Educación Especial desarrolla un Trabajo Comunal y propicia el “Programa  de Integración Académica y Social del Estudiante Universitario con Discapacidad (PIEUD). En 1990 este programa se establece formalmente en la Vicerrectoría de Acción Social, pero no logra desarrollarse. El paso constitutivo del actual CASED se dará en 1996. Le corresponderá a la Vicerrectoría de Vida Estudiantil asumir esta tarea, ahora bajo la denominación de Programa de Servicios  para Estudiantes  con Discapacidad  (PESED). De este modo, según, Alfaro, el nombre actual del Centro de Asesoría y Servicios a Estudiantes con Discapacidad (CASED) se define en el año 2000, cuando se trasladó el programa como una unidad operativa de la Oficina de Orientación.

Como preámbulo académico, antes de cortar la cinta, la estudiante Laura Pérez presentó el libro Movilidad sin límites, escrito por el licenciado José Nery Picado. Se trata de una guía necesaria para los no videntes y quienes, con responsabilidad, están interesados en apoyarlos.

Durante estos años la contribución y el liderazgo de la Universidad de Costa Rica en el tema de la atención de personas con discapacidad, no solo se debe dimensionar en términos de la adquisición de equipos, adecuaciones en el acceso e infraestructura accesible; sino además en el aporte académico que ha sido clave para gestar leyes nacionales como la 7600, y las discusiones que han permitido pasar de los paradigmas biológicos a los más recientes, llamados ecológicos y que se centran más en las flexibilidades del entorno.

El CASED no sería ese espacio de equidad y atención integral, si las personas que trabajan aquí no tuvieran el compromiso humanista de servicio. Las opiniones de los estudiantes atendidos son siempre de un profundo agradecimiento. Es por eso que si existiera en la Universidad la costumbre de colocar banderas, como las azules que indican que las playas son confiables, sin duda en el CASED habría que colocar la correspondiente. Por lo pronto,  el estudiante Óscar Jiménez puso aquí la suya, en alusión a lo que él considera la bondad.

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