Del diario de un profesor universitario

Estudié para ingeniería industrial, no para docente universitario. Posiblemente debido a mis notas y a mi carácter, apenas me gradué de licenciado; me convirtieron

Estudié para ingeniería industrial, no para docente universitario. Posiblemente debido a mis notas y a mi carácter, apenas me gradué de licenciado; me convirtieron en candidato para ocupar un puesto de profesor en la Escuela.

  En la entrevista inicial, expresé reiteradamente mi preocupación en cuanto a que no sabía de docencia universitaria. Me respondieron que así habían comenzado todos, pero que poco a poco con la experiencia y los cursos de capacitación superaría la perplejidad. Así me nombraron.

 

  La situación en el  mercado de trabajo, el pago del préstamo con que estudié y la situación en mi casa, me hicieron aceptar en tal estado de “indefensión” laboral.

  Como no tenía experiencia y el contratarme no implicó ninguna capacitación –y las clases iniciaban en quince días-, solo, sin ningún apoyo, hice esfuerzos para por lo menos tener una idea de lo que iba ser mi trabajo.

  Busqué ayuda con compañeros de más experiencia. Desgraciadamente la única que me prestaron fue uno que otro consejo, en donde los malos a pesar de los múltiples esfuerzos y sacrificios eran los estudiantes. Cosa que me extraño aun más, fue que en sus bibliotecas no aparecía ninguna obra de didáctica.

  El único compañero que se prestó muy amablemente a auxiliarme, fue uno que había estudiado en la Unión Soviética, quien me ha prestado, hasta hoy, una gran ayuda con mi ignorancia en didáctica universitaria. Nos hemos dado largas y muy provechosas conversaciones acerca de docencia y didáctica universitaria. Y reconoce la injusticia con los estudiantes.

  Y a propósito, en su biblioteca tenía varias obras de didáctica. Me llamo la atención que poseía varias de educación de autores rusos. Por lo sui generis de los nombres,  siempre me acuerdo de tres: Anton Semiónovich Makarenko, Iván Pávlov y Vasil Sujomlinsky.

  Hoy, cinco años después, me he dado cuenta que ni la experiencia ni el curso de veinte horas de Planeamiento Didáctico, son suficientes para enfrentar con excelencia mi rol de docente universitario.

  Con honradez y dignidad puedo decir que son muchas las cosas que no sé, para poder hacer un  trabajo de calidad. Me preocupan muchas cosas; concretamente las relacionadas con el proceso de enseñanza, aprendizaje y evaluación a nivel universitario. Pero hay tres, en orden de importancia, que me inquietan constantemente:

El promover o retener estudiantes, con base en la evaluación de los aprendizajes, sin saber de evaluación ni de aprendizajes, el ser evaluado en mi rol docente, por un compañero que no sabe de evaluación docente, el haber obtenido  la Acreditación, sin que esas y muchas variables académico-administrativas  hayan sido corregidas.

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