Pruebas nacionales bajo la lupa

Bastó que el Ministro de Educación Manuel Antonio Bolaños pusiera el dedo en la llaga con una propuesta para establecer cambios en las pruebas

Bastó que el Ministro de Educación Manuel Antonio Bolaños pusiera el dedo en la llaga con una propuesta para establecer cambios en las pruebas nacionales, para que se desatara un torbellino entre académicos y especialistas así como docentes y gremios.

Este proceso de discusión, sin embargo, es un avance para las organizaciones gremiales  y algunos analistas apoyan la buena intención del jerarca de reconocer las debilidades del sistema.

El 29 de enero el MEP envió al Consejo Superior de Educación una iniciativa que busca establecer cambios en las pruebas nacionales y valoración de la conducta (Ver recuadro Cambios propuestos).

Impulsado por el exministro de Educación Francisco Antonio Pacheco, el sistema actual de evaluación se inició en 1987 con el fin de fiscalizar el rendimiento del sistema de enseñanza en secundaria y posteriormente en primaria. Este instrumento para medir los logros del alumnado  tiene un costo anual de ¢120 millones .

La revisión actual se propuso después de que el año pasado sólo se graduaron 18.583 estudiantes de los 27.841 que presentaron bachillerato, según cifras del MEP. Es decir, pasaron 66 de cada 100 colegiales.

“Educación light”,  «regalo de títulos y política para aumentar la promoción y no la calidad educativa», han sido los calificativos de varios exministros del ramo y pedagogos para atacar la estrategia de cambios anunciada por Bolaños.  Pero otros sectores de la academia  consultados por UNIVERSIDAD ven con buenos ojos la discusión, aunque insisten en que las pruebas no son el eje para mejorar la calidad de la educación (Ver “Debate por diversificación de bachillerato”).

En entrevista con UNIVERSIDAD, el Ministro explicó que hizo esta propuesta a raíz de una serie de demandas de los sectores de docentes, estudiantes, expertos y de criterios de especialistas en evaluación,  así como por la urgencia de hacer cambios.

“Considero paradójico que siendo los resultados en bachillerato un tema nacional, se vengan una serie de ataques más bien personales que de análisis y críticas sobre la propuesta”, comentó el jerarca (Ver  “Los rectores me consideran su padrino”).

NO ES FACILISMO


El Ministro de Educación se mantiene firme en su propuesta, según manifestó en la entrevista realizada el 4 de febrero pasado. Aseguró estar de acuerdo con una revisión al sistema educativo en todos sus extremos, principalmente en evaluación.

También dijo estar consciente de que un examen no es suficiente para obtener un bachillerato en letras, ciencias, bilingüe o técnico.  “Si se aprueban estas modalidades con énfasis, debe hacerse de inmediato una evaluación curricular”.

Bolaños es de la tesis de que el objetivo de las pruebas nacionales es hacer personas más analíticas, con una mayor capacidad de comprensión de lectura y razonamiento en matemática.  Considera injusto que para el examen de bachillerato se tomen en cuenta solo un conjunto de materias jerarquizadas (matemática, estudios sociales, español y ciencias), sin incorporar la filosofía, las lenguas u otras materias.

“La propuesta es vista con buenos ojos por parte de quienes están verdaderamente involucrados en la educación:  padres, madres, estudiantes, educadores, profesoras. Esto va más allá de un facilismo”, afirmó.

Le corresponderá al Consejo Superior de Educación -compuesto por representantes de las universidades, los gremios y exministros- definir si se aprueban estos cambios a las pruebas de bachillerato.


DEBATE POR DIVERSIFICACIÓN EN BACHILLERATO


Un intenso debate entre pedagogos, especialistas en evaluación y un exministro de Educación generó la iniciativa ministerial de diversificación del bachillerato en ciencias o letras, ahora con dos nuevas modalidades, la bilingüe y la técnica.  Sus mayores reservas están en los cambios establecidos al sistema de evaluación de las pruebas nacionales de secundaria.

Las quejas constantes de estudiantes que debían repetir hasta cinco veces las pruebas de bachillerato así como de padres y madres preocupadas porque sus hijos e hijas no tenían el deseado cartón de conclusión de estudios en sus manos, sirvieron de base al ministro de Educación Manuel Antonio Bolaños, para presentar su polémica iniciativa.

Esos mismos sectores consultados por UNIVERSIDAD sostienen que el Ministro antes de proponer la realización de exámenes específicos para obtener el bachillerato diversificado, debería establecer un nuevo currículo para los alumnos de décimo y undécimo año, que les permita concluir de manera adecuada sus estudios en alguno de los cuatro énfasis (ciencias, letras, bilingüe y técnico).

Los gremios, varios educadores , alumnos y alumnas se plantean la validez de estos exámenes tanto en colegios como escuelas como un mecanismo real para lograr la ansiada calidad de la educación. Esos grupos sostienen que las pruebas se han vuelto un fin en sí mismas, tras 16 años de estar vigentes.

“Se ha dicho que las pruebas nacionales son importantes para saber qué áreas reforzar; pero eso lo sabemos desde hace mucho tiempo”, expresó Danilo Rojas, presidente de la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE), quien sostiene que estos exámenes deberían eliminarse porque solo promueven la enseñanza memorística.

“¿Para qué fueron hechas las pruebas? ,¿Por qué no se han reformado si desde hace mucho tiempo se sabe que tienen deficiencias?”,  preguntó el dirigente magisterial.

Para Carlos Luis Rojas, presidente del Colegio de Licenciados y Profesores en Letras, Filosofía, Ciencias y Arte (COLIPRO), estas evaluaciones son un mal necesario porque no se ha identificado otra estrategia de evaluación.

“La gente cree que la calidad de la educación tiene que ver con la falta de aulas, los resultados de las pruebas nacionales, y los 200 días de clase y no es así”. El COLIPRO propone revisar el modelo educativo, que es de la década de los años 40; y hacer una reforma curricular, porque si se quiere hacer un énfasis para bachillerato en educación bilingüe, por ejemplo, tienen que hacerse cambios en el proceso, lo cual no es tan fácil», pronostica Rojas

Esa misma urgencia de replantear el objetivo de las pruebas nacionales expresó Marvin Herrera, exministro de Educación, quien no comparte la opinión de suprimirlas por considerar que son una forma de fiscalización del sistema educativo.

Herrera estima que si en Costa Rica existe la educación académica y técnica al tiempo que hay colegios especializados en artes como el Castella, es urgente diversificar la oferta del bachillerato.

Considera necesario un cambio en los currículos de la secundaria que acompañen las pruebas finales en cada énfasis en este nivel educativo, sin dejar por fuera la enseñanza de las matemáticas, destacó.

Esa misma valoración la hace Juan Manuel Esquivel, experto en evaluación y exdirector del Instituto de Investigaciones para el Mejoramiento de la Calidad de la Educación (IIMEC) de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien opina que las pruebas cumplen una labor de control de la calidad educativa y tienen una función formativa.

“No creo que en el bachillerato diversificado se trate de quitar o poner un examen de ciencias o matemáticas. Eso es ganar puntos políticos. Me parece una magnífica idea si va acompañado de toda una reforma curricular”, comentó Esquivel.

En ese sentido, comparte la iniciativa ministerial que busca que las pruebas aplicadas a los estudiantes de sexto grado se transformen en una manera de obtener indicadores de logros en habilidades y destrezas para el ingreso a la secundaria.

A su juicio los resultados que revelan estos exámenes son un “fraude”, ya que a pesar de que el 98% de los educandos de primaria logran superarlos, su ingreso a la secundaria revela una realidad totalmente opuesta. Datos del Ministerio de Educación indican que 70% de los alumnos y alumnas de sétimo año pierden el año, lo que convierte este nivel como el de mayor reprobación en la enseñanza secundaria.

El especialista es de la tesis de que estas dos realidades tan diferentes se producen porque los maestros son quienes realizan la tarea de calificar a los escolares, mientras que los colegiales, afirma, son evaluados mediante un sistema único de lectora óptica.

Bajo este panorama Esquivel al igual que el ex ministro Herrera, creen mas conveniente que estos exámenes dejan de tener un valor para la promoción y se apliquen solo para analizar el rendimiento por medio de una muestra en diversas regiones del país.


NEGOCIO DE ACADEMIAS


Pero para Claudio Monge, director de la escuela de Formación Docente de la UCR, no cabe la menor duda de que en torno a las pruebas nacionales de evaluación hay todo un negocio producto de la injusticia que genera este sistema generalizado de evaluación.

Y es que para este especialista en pedagogía, jamás podrán compararse las realidades de un grupo de estudiantes de Punta Burica, quienes solo tienen la oportunidad de cursar las materias dentro del sistema de la telesecundaria en Bahía Drake y los que asisten a un colegio académico diurno del Valle Central.

“Para ellos es muy duro hacer la prueba de bachillerato y al final todos la pierden”, comenta este pedagogo, quien agrega que igual situación viven aquellas personas en Limón quienes reciben clases de matemáticas con profesores aspirantes que deben ganar la prueba en esta materia.

De esta realidad, que califica de “injusta”, es que se benefician las academias privadas de bachillerato que han aumentado su población estudiantil en los últimos seis años, según estimaciones oficiales.

“Incluso hay casos de fechorías cometidas por algunos profesores, quienes aplazan a sus estudiantes con el fin de que asistan a las academias privadas de las que ellos mismos son dueños”, añade Monge.

Por eso aprueba la propuesta ministerial de crear un bachillerato tan diverso como es la realidad. Sin embargo, insiste que se deben reelaborar los planes de estudio de los colegios para lograr cambios efectivos en el sistema de enseñanza.

El presidente de la APSE coincide con Monge en que la baja promoción en estas evaluaciones  se transformó en un buen negocio para muchas academias privadas de bachillerato y de matemáticas y para algunas universidades privadas, que matriculan a los estudiantes aunque no hayan logrado obtener el certificado de conclusión de estudios.

El dirigente magisterial insistió en que las personas docentes necesitan constante capacitación pues en las universidades les hablan de metodologías modernas, pero al llegar al aula se encuentran con pupitres en mal estado y pizarras donde la tiza se desmorona. “En el aula universitaria lo preparan a uno para condiciones modernas pero la realidad no es así”.

La APSE recomienda realizar un congreso nacional pedagógico que permita a docentes y estudiantes tener un papel protagónico en las medidas para mejorar la calidad de la educación,  debido a que consideran que estas decisiones “siempre se toman desde los escritorios del Ministerio, por gente que hace mucho no pisa un aula universitaria”.


EL FRÍO NO ESTÁ EN LAS COBIJAS


Pero Yolanda Rojas, directora del Doctorado en Educación de la UCR, dice que “el frío no está en las cobijas”, porque lo que busca corregir el Ministerio de Educación con su propuesta es el último eslabón de la cadena y responsabilizar del “fracaso educativo” a instrumentos que no son para dar calidad.

“Las pruebas son para control de calidad, son un indicador de cómo está; pero no son el meollo del problema de la educación costarricense”, explica Rojas.

Más crítica se mostró Alicia Sequeira, doctora en educación y  profesora de la UCR, quien calificó de “parche y ocurrencia” lo propuesto por el ministro para enfrentar el rezago que hay en el campo de la evaluación.

Datos en poder de la académica indican que al menos 21 mil menores repiten el primer grado y 31% de jóvenes entre 13 y 17 años no ingresan a la secundaria.

Al igual que otros expertos en el campo, Sequeira considera que no  se puede atacar el problema de la evaluación sin una adecuación del currículo educativo, que para ella integra otros elementos, además de planes de estudio y textos.

“Las pruebas nacionales no han resuelto nada, están dadas para un sistema que controla como el de las fábricas o el del ejército”, concluyó la experta.


CAMBIOS PROPUESTOS


A continuación se ofrece un resumen del documento enviado por el MEP al Consejo Superior de Educación:

Indicador

Acciones propuestas

Objetivos de las pruebas nacionales Establecer un mecanismo para obtener información confiable sobre los logros alcanzados por el estudiante al finalizar cada ciclo.
Diversificación de bachillerato

Se proponen alternativas diferentes para graduarse de bachiller:

Ciencias (Cívica, matemática, idioma y una ciencia)

Letras (Cívica, español, sociales e idioma)

Bilingüe (Matemática, español, sociales y una ciencia)

Educación con énfasis en especialidades técnicas.

Nota de presentación Incluir el cálculo de todas las asignaturas del plan de estudio.
Evaluación de destrezas 60% de preguntas de selección y 40% de preguntas de desarrollo
Temarios de las pruebas Eliminar los temarios usados como guía para las pruebas nacionales.
De la valoración de la conducta

Se consideran faltas gravísimas:

Consumir bebidas alcohólicas, tabaco  y otras sustancias psicoactivas dentro de la institución o en actividades extracurriculares convocadas oficialmente.

Distribuir, poseer, comerciar o fabricar sustancias psicoactivas que produzcan dependencia física y psíquica.

Por una falta grave se suspenderá al estudiante por 5 días  (en lugar de 15, como en la actualidad).

Por una falta muy grave se suspenderá al estudiante por 8 días (en lugar de 30).

Por una falta gravísima se suspenderá al estudiante por más de 15 días y hasta por el resto del curso.



Fuente: Propuesta para establecer cambios en Pruebas Nacionales y Valoración de Conducta. MEP.

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