Soy Cuba: el mamut siberiano A la caza del mastodonte dormido

En 1961 la revolución cubana había cautivado a humanistas, políticos, comunistas, intelectuales y artistas en el mundo entero. Con apenas dos años del triunfo

En 1961 la revolución cubana había cautivado a humanistas, políticos, comunistas, intelectuales y artistas en el mundo entero. Con apenas dos años del triunfo sobre la dictadura cruel y corrupta de Fulgencio Batista y liderado con figuras como Ernesto Guevara, Fidel Castro y Camilo Cienfuegos, el movimiento insurreccional planteaba el proyecto de una organización social distinta, a apenas noventa millas de la costa de los Estados Unidos.

Muchos vieron en Cuba la reivindicación de lo que había sido la caída de la república en la guerra civil  española, es decir, la posibilidad de construcción de una sociedad mejor y más justa.

La tensión en la relación con el gobierno de Estados Unidos fue inmediata y el apoyo e interés por parte de la Unión Soviética también. Cuba estaba en el vórtice de la guerra fría intentando echar a andar un proyecto social y político inédito.

Como un intento por realizar una obra de propaganda de la revolución cubana, el Instituto de Cinematografía de Moscú, envía al consagrado director Mijail Kalatosov para evaluar la realización de un filme épico sobre el proceso cubano.

El cineasta queda maravillado. La gesta cubana, el pueblo, la geografía inspiran en Kalatosov el deseo de hacer una gran película. Esta sería la primera coproducción cubano-soviética. En el guión participan el poeta soviético Evgueni Evstushenko y el escritor cubano Enrique Pineda Barnet. Como mano derecha de Kalatosov se suma el fotógrafo Serguei Urusevsky. La película se llamaría Soy Cuba.

 

 

Conforme se inicia el rodaje la fascinación de los realizadores aumenta. La barrera cultural, idiomática y temperamental de rusos y cubanos es obviada por los afanes de aquella superproducción. La filmación tomó dos años. El resultado fue un monumental largometraje que asombrosamente conjugaba el patetismo ruso con el vertiginoso realismo caribeño.

En 1964, con tremenda alharaca se estrena en Moscú y en La Habana la esperada película. El resultado fue que en menos de una semana la cinta se retirara de las salas y se condenara a las bodegas para no volver a ver la pantalla nunca más.

¿Qué ocurrió? ¿Por qué fue olvidada aquella gran producción? ¿A qué se debió su fracaso de público y crítica? ¿Cómo fue posible que los talentos unidos de Kalatosov, Urusevsky, Evstushenko y Pineda Barnet cometieran tal fiasco?

Las respuestas estaban lejos de aparecer. Treinta años después, en 1995, gracias a la existencia de la Escuela Internacional de Cine, en Cuba, los afamados directores estadounidenses Martin Scorsese y Francis Ford Coppola redescubrieron la película. Su sorpresa fue mayúscula. Las propuestas cinematográficas de los realizadores, en especial del director de fotografía, eran un hito cinematográfico. La película fue relanzada por estos directores y aclamada por público y crítica.

Pero todavía quedaba por develar la misteriosa historia del retorno de aquel mamut siberiano.

El director brasileño Vicente Ferraz y su compañera, la productora costarricense Isabel Martínez, fueron a Cuba a intentar hilvanar los indicios perdurables que explicaran de alguna forma la paradoja de la historia.

Pocos recordaban siquiera la existencia de la película. Cabe señalar que algunos de los actores eran apenas muchachos en ese entonces y no había actuado jamás en una película. Otros mayores ya habían muerto.

La pesquisa no fue fácil, pero una pieza clave acompañó a los investigadores: el coguionista Pineda Barnet. Poco a poco fueron localizando a los demás: actores, asistentes, camarógrafos, algunos consagrados luego, músicos, del enorme equipo humano de producción de aquel monumental proyecto soviético-cubano, los realizadores obtuvieron una reconstrucción de lo que fue la filmación de dos años que culminaría con un estruendoso fracaso seguido por un silencio de tres décadas.

Esta vez el resultado fue un fascinante documental titulado «Soy Cuba: el Mamut Siberiano».

Ferraz y Martínez muestran algunas de las virtudes estéticas de la película, analizan aspectos de su compleja realización, especulan sobre los motivos de su fracaso y logran imbricar aspectos consustanciales de la sociedad cubana tras cuatro décadas de revolución.

Desde su estreno el año pasado, este documental ha recibido el aplauso de público y crítica en el Festival de Documentales en Ámsterdam, invitado especial al Sundance Festival, vitrina predilecta del cine independiente norteamericano y ganadora del Festival de Guadalajara 2005, donde compitió con obras tan destacadas como la coproducción argentino-franco-suiza «Memoria del saqueo» del argentino Fernando Solanas.

Inteligente, profundo y refrescante, este documental es un homenaje al arte cinematográfico, al pueblo cubano y a los idealista que tanto hoy como hace 45 años sueñan con el heroísmo de construir una sociedad más justa y mejor.

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