La segua, el cadejo y la bruja llegan al Centro de Conservación del Patrimonio

La mascarada tradicional consta de 12 figuras que se dividen en 3 categorías principales: los gigantes, los cabezones y las caretas.Que en ese gran

La mascarada tradicional consta de 12 figuras que se dividen en 3 categorías principales: los gigantes, los cabezones y las caretas.

Que en ese gran pasillo urbano que es la Avenida Central, en el interior de un edificio neoclásico de granito haya un grupo de mascaradas coloridas en exhibición es una situación que impacta. Que adentro de ese edificio se congregue un montón de jóvenes tomando fotos, es la confirmación de que el hecho es inusual.

“Iba caminando y me llamó la atención ver todas estas figuras. Tuve que entrar”, dijo Alejandro Espinoza, un joven de 20 años, alto, cejijunto, que pasaba por allí rumbo al Mercado Central. “Me gusta mucho y siento que es algo  nuestro”, agregó, mientras sacaba varias fotos con su teléfono inteligente para subirlas a Internet.

El nombre de la exposición es “Mascarada tradicional costarricense” y consiste en una muestra de 112 piezas de 25 mascareros, que han sido colocadas en el salón principal del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (CICPC), en San José, y que desde inicios de este mes han atraído a las instalaciones a un maremágnum de curiosos.

“La reacción ha sido realmente buena. Viene mucha gente. Desde personas mayores hasta niños y jóvenes”, destacó Isabel Badilla, miembro del CICPC y organizadora de la actividad.

Dicha muestra pertenece al certamen “Nuestras artesanías tradicionales”, que organiza esa entidad bianualmente y que tiene como guión central el rescate de las principales manifestaciones artesanales de Costa Rica. Y la mascarada no podía faltar.

“Las mascaradas pertenecen al patrimonio intangible de nuestra país. Al poner en evidencia este arte rescatamos una tradición, algo que nos pertenece”, agregó Badilla. Precisamente, el sentido de pertenencia ha sido uno de los más esbozados por los visitantes en el libro de asistencia. “Lo curioso es que no lo decimos nosotros, sino que la gente viene, ve y se siente identificada”, acotó.

VARIADA Y REPRESENTATIVA

En el interior del edificio, la muestra que ha juntado el CICPC es variada y representativa. Para ello, funcionarios de la entidad realizaron un proceso de investigación que los llevó a recorrer las principales cunas de mascareros (como Desamparados, Cartago y Heredia) en diversas partes del país, algunas de ellas alejadas y que, para asombro de los investigadores, han adoptado también este arte popular, dotándolo de sus propias particularidades técnicas y estilísticas, como es el caso de Guanacaste.

De esa provincia 5 artistas exponen sus obras, mientras que de Limón y Puntarenas va una cada una. “Esto es maravilloso, porque de nada sirve que el Estado promueva leyes si la gente no se siente identificada. En estos lugares, oyeron hablar de mascaradas y decidieron empezar a hacerlas”, detalló Badilla.

Por eso, la exposición consta de muchos matices. Los gigantes, los cabezones y las caretas (los tres tipos de mascaradas que existen) varían según la región y el trabajo creativo de cada artista. En realidad, la mascarada es una apropiación de un arte español de la Edad Media, que tuvo como primer representante oficial a Lito Valerín (1824) en Cartago, y que se fue extendiendo por otras regiones del país a partir de un código y una estética propias, lo que dio como resultado la creación de nuevas figuras o variaciones de los modelos tradicionales.

Así, en la exposición, las mascaradas de Mayra Bastos −de Guanacaste− han sustituido a los típicos gigantes (señor y señora) por un toro y una segua. Y los gigantes de Francisco Montero son la versión criolla de estos tipos. En la muestra, también hay un indio corobicí. “Eso es lo rico. No es copia de ningún modelo, sino que cada artista elabora su propuesta”, comentó Badilla.

Es definitivo: el arte de la mascarada está gozando de un nuevo renacer. “Ahora hay un gran interés por parte de la gente en nuestro trabajo. En muchas fiestas privadas prefieren hacer una cimarrona con mascaradas, que llevar mariachis u otras cosas”, expresó el mascarero Jorge Corrales. Un cambio fundamental: la mascarada se ha mudado al ámbito privado también y se repone del golpe asestado por las fiestas de Halloween, que casi amenazan con extinguirla.

Si usted quiere conocer esta exposición, puede visitar el CCIPC frente a la Librería Lehmann durante lo que resta del mes de octubre. El 31 habrá una cimarrona, por el “Día de la mascarada tradicional costarricense”.

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