Un pilar de la música costarricense

Un mechón de cabello cae sobre su frente. Tiene los dedos largos, la mirada penetrante. Hace un minuto tocaba el piano.  Benjamín Gutiérrez se

La obra del pianista y compositor Benjamín Gutiérrez  fue reconocida con un doctorado honoris causa.

Un mechón de cabello cae sobre su frente. Tiene los dedos largos, la mirada penetrante. Hace un minuto tocaba el piano.  Benjamín Gutiérrez se levanta y dice: “Acaba usted de ver a un muchacho de veinte años.”

Veinte años era la edad que tenía cuando estrenaron su ópera, Marianela, una obra en dos actos inspirada en la novela homónima de Benito Pérez Galdós.

Reconocido como maestro de al menos tres generaciones de compositores, este “rebelde”, lleva traje entero y sus modales son elegantes, casi aristocráticos.

Recita de memoria algunos versos de Debravo y  con él vienen los temas de la eterna juventud y el hedonismo. “Soy como el conde de Saint Germain.”

Su talento precoz le valió el elogio de sus contemporáneos; hoy, con 72 años de edad, Benjamín Gutiérrez es reconocido como uno de los pilares de la música costarricense.

“El Maestro tiene su propio estilo.  La armonía, la orquestación, la mezcla de los instrumentos… es una firma personal que siempre aparece en sus obras”, afirmó Cindy Bolandi, fagotista y especialista en la obra de este pianista y compositor.

Gutiérrez ha compuesto tres óperas, además de obras para piano, oboe y clarinete, entre otros instrumentos. En 1992 creó la primera pieza costarricense para fagot, un instrumento que hasta ese momento no brillaba con luz propia.

“Con esta acción Benjamín Gutiérrez inició un proceso que continúa en la actualidad. Hay un renacimiento y muchos quieren componer para fagot”, detalló Bolandi.

Benjamín Gutiérrez se hizo acreedor al Premio Aquileo J. Echeverría en Música en seis ocasiones y recibió el Premio Magón como reconocimiento por la obra de toda una vida.

Este año recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Libre de Costa Rica (ULICORI) y la Orquesta Sinfónica le brindó un homenaje en el Teatro Nacional.

MÚSICA EN MADRID
 
La música de Benjamín Gutiérrez es reconocida en el nivel internacional e interpretada por orquestas y bandas sinfónicas, grupos de cámara y solistas en América Latina, Estados Unidos, Europa y Japón.

A partir del 25 de noviembre, Cindy Bolandi interpretará en Madrid dos obras del maestro Gutiérrez: Semblanza para fagot y cuerdas y Preludio y danza de la pena negra, además de dictar una conferencia magistral sobre la obra del compositor.

Esta fagotista fue invitada por la musicóloga costarricense Susan Campos como parte de su trabajo de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid, el Benjamin Gutiérrez Sáenz Project.

La actividad se realizará en el marco de la III Edición del Ciclo de Conferencias y Conciertos de la Asociación de Cooperación Iberoamericana de la Música (ACIMUS) y se desarrollará durante quince días.  “Esperamos que este sea un espacio más para dar a conocer lo que se produce en Latinoamérica y Costa Rica”.

Para Bolandi su música representa un reto porque no es fácil de interpretar. “Es nuestro legado, yo crecí escuchando y tocando esa música.  Además es el compositor por excelencia de las bandas nacionales”.

Debido a que es un instrumento complicado – poco común y de fabricación artesanal, cuya madera tiene que ser tratada durante 10 años – existen pocas obras para fagot solista.

Cindy Bolandi es Licenciada en Fagot de la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica y profesora del Sistema Nacional de Escuelas Musicales (SINAEM).

“En estos momentos estamos en el proceso de legitimizar el trabajo que se realiza en las bandas, Benjamín Gutiérrez es parte de este legado”.

El compositor también estrenará en el Teatro Nacional el 24 de setiembre,  su obra Clarinete en si bemol y ‘concert band’.  El pianista invitado en esta oportunidad será Manuel Matarrita, quien para Gutiérrez es el mejor pianista costarricense en estos momentos.

UNA VIDA PARA EL CINE

Benjamín Gutiérrez nació el 3 de enero de 1937; es a la vez el guion de una época, un excelente narrador con una memoria exquisita.  

Cualquiera podría disentir con sus ideas “el fin justifica los medios” y sin embargo ¿quién podría no amarlo?

Sus estudios musicales los inició a los cuatro años con su abuela materna, Rosa Jiménez Núñez, hija del chelista costarricense Pilar Jiménez.

Marianela, la ópera que escribió cuando tenía 18 años, rebeló su talento precoz pero también representó una tragedia para alguien, que ante todo, quería tocar el piano.

“‘Decídase Benjamín, o es pianista o es compositor’… y me convertí en un rebelde sin causa.”

Recuerda con entusiasmo la época en que un profesor suyo, que estudió en Bélgica, llevaba un cubre zapatos para la nieve. 

“Imagínese usted, eso en un país tropical” mientras se quedan suspendidas algunas de las frases que siempre tiene a mano “¡Qué belleza!”, “¡Aleluya!”.

Habría que preguntarle si bajo el saco, el chaleco, la camisa o la corbata esconde un corazón cuyos latidos no son ya latidos, sino manos interpretando la vida.  “Yo me he dado cuenta de que uno es lo que los demás dicen que uno es”.

Después de estrenar su primera ópera continuó sus estudios en Boston, donde obtuvo el grado de Master of Music en 1960.

Los años sesentas fue un período de gran productividad musical para el compositor y pianista. Algunas de sus obras más significativas durante este tiempo son Improvisación para Orquesta de Cuerdas, Pavana para Cuerdas y Trío para Clarinete, Fagot y Piano. 

En 1965 lleva estudios de orquestación y composición con el renombrado compositor argentino, Alberto Ginastera.

Benjamín Gutiérrez ha dedicado gran parte de su vida a la enseñanza universitaria, principalmente como profesor de composición en la Universidad de Costa Rica.

Arduo defensor de los jóvenes, Gutiérrez y su música han servido de eslabón para que desde 1994 se otorguen becas de estudios a músicos costarricenses para estudiar en Francia y Estados Unidos.

“San José era una pequeña Viena, un pequeño París. Yo no quiero salir de aquella época, sino revivirla”, afirma mientras recuerda a su amigo Hugo Marianni, quien siempre creyó en él, no solo como compositor, sino también como pianista.

 

 

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