Bambi, veterano del terror con tenebroso expediente

Como cualquier adolescente cubano en la década de 1940, Luis Clemente Faustino Posada Carriles era aficionado a la caza, la pesca, la bebida y

Como cualquier adolescente cubano en la década de 1940, Luis Clemente Faustino Posada Carriles era aficionado a la caza, la pesca, la bebida y el juego en su natal Cienfuegos, zona sur-central de Cuba. Con los años, una de sus pasiones juveniles lo ayudó a convertirse en un empleado confiable de la Agencia Central de Inteligencia (CIA): la confección de artefactos explosivos rudimentarios.

 

Posada ha sido juzgado desde principios de enero de 2011 en la ciudad texana de El Paso por 11 presuntos delitos migratorios que habría cometido en 2005: por mentir al ingresar a Estados Unidos tras huir por Centroamérica, México y el Caribe. Se unió a principios de 1961 a la CIA, la cual lo entrenó en demolición y guerra de guerrillas. A partir de entonces, alimentó un voluminoso expediente de atentados directos e indirectos contra el régimen comunista cubano.

No obstante, la vida de Posada, de 83 años, está ligada al terrorismo internacional y a hechos claves de la política de América Latina y el Caribe de 1960 a 2005, con la complicidad de la CIA.

Con su turbio y largo historial, la principal acusación de Cuba contra Posada es coautor intelectual, junto al cubano Orlando Bosch Avila (residente en Florida), de la muerte de 73 personas por la explosión de una aeronave de Cubana de Aviación, la cual volaba entre Barbados y La Habana, y provenía de Venezuela y Trinidad y Tobago y vía Jamaica, el 6 de octubre de 1976.

Posada cayó preso, en un hotel de la ciudad de Panamá en noviembre de 2000, junto a tres cubanos por sospechas de planear el asesinato del entonces presidente de Cuba, Fidel Castro, en una cumbre iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno. La Habana reclamó de inmediato la repatriación de Posada, para juzgarle por múltiples sucesos que le atribuye como confiable elemento al servicio de la CIA. Sin embargo, en agosto de 2004, la entonces presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, sorpresivamente indultó a Posada y a los otros cubanos: Pedro Remón, Gaspar Escobedo y Guillermo Novo Sampoll.

Tras salir de la cárcel en Panamá, los cuatro viajaron rápido a Honduras. Tras moverse en secreto en el Caribe, Posada entró en marzo de 2005 a Estados Unidos y quedó preso en Texas por mentir sobre su ingreso, ya que aseguró haberlo hecho por tierra desde México y viajado luego en autobús a Miami.

Una investigación policial mostró que llegó a Estados Unidos escondido en un buque camaronero mexicano que navegó de Isla Mujeres, México, a Miami. En mayo de 2007, un tribunal lo liberó —después del previo pago de $350 mil— y lo envió a su casa de Miami, bajo arresto domiciliario.

¿Pero quién es este hombre de tenebroso expediente?

QUÍMICOS E INSECTICIDAS

Nacido el 15 de febrero de 1928, Posada vivió en la ciudad de Cienfuegos, donde cursó la enseñanza primaria en colegios religiosos regidos por jesuitas y maristas, y luego llevó estudios de secundaria, de manera simultánea con los de químico azucarero, en un colegio de religiosos dominicos. Como químico laboró brevemente en varias centrales azucareras de Cienfuegos y, después, estableció un negocio de insecticidas.

“Desde la adolescencia es aficionado a la caza y la pesca, la bebida y el juego, la defensa personal y el uso de armas de fuego, así como a la confección de artefactos explosivos rudimentarios”, escribió el investigador cubano Julio Lara Alonso, ya fallecido especialista del Laboratorio Central de Criminalística del Ministerio del Interior de Cuba (Minint), en su libro “La verdad irrebatible sobre el crimen de Barbados”.

Lara, quien representó a Cuba en las investigaciones que el gobierno de Barbados realizó sobre el atentado contra la aerolínea, describió con minuciosidad las actividades de Posada. Este se casó en Cienfuegos, aproximadamente en 1943, con Concepción Castañeda. La pareja no tuvo hijos y se divorció cuando Posada logró viajar a Miami en 1961.

De acuerdo con la indagación, Posada vivió en La Habana desde 1954 como empleado de alto rango en la transnacional estadounidense Firestone. Durante varios años mantuvo relaciones cercanas con políticos afines al régimen dictatorial de Fulgencio Batista —derrocado el 1º de enero de 1959 con el triunfo de la guerra de guerrillas lanzada a finales de 1956 por Castro en las montañas del oriente de la isla—.

En esa época, Posada era “viajante” de la compañía estadounidense para América Latina, hasta que en 1960 se asiló en la embajada de Argentina en La Habana, al alegar que era perseguido político. El 25 de febrero de 1961 viajó con salvoconducto a Miami y una semana después se vinculó a organizaciones contrarrevolucionarias que, en abril de ese mismo año, atacaron Cuba con la frustrada invasión que la CIA desplegara en Playa Girón, zona sur de la centro-occidental provincia de Matanzas.

Su trabajo fue ayudar a instruir a los miembros de los equipos de infiltración y sabotajes a territorio cubano en la famosa Bahía de Cochinos, aunque eludió participar directamente en el operativo. “Una semana después de haber abandonado Cuba —escribió Lara— es detectado ya en las bases de entrenamiento de los mercenarios que atacarían en Playa Girón, pero hábilmente elude enrolarse en esta aventura. Había salido recientemente de nuestro país y conocía lo que le esperaba a los mercenarios en cuanto desembarcaran en esta nación…»

Los “rangers”

Con el transcurso de los años, Posada consolidó sus lazos con la CIA. En 1963, junto a otro anticastrista agente de la CIA, identificado como José Benítez Grass, “impartió clases marítimas como agente oficial de ese organismo de inteligencia. Se había convertido en operador de balsas de goma y de motores silenciosos para atacar -punitivamente- a Cuba, y pertenecía también a los ‘rangers’ del ejército norteamericano”, agregó Lara en su documentado libro.

En 1964, Posada fue colocado por la CIA en un campamento en Tampa, Florida, por sus conocimientos y experiencia en explosivos y demoliciones para que entrenara a las fuerzas contrarrevolucionarias.  En octubre de 1967, y por orden de la CIA, se trasladó a Venezuela para operar en esa región de América Latina como parte de la ininterrumpida hostilidad contra Cuba e ingresó a la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) —policía política venezolana— como jefe de la brigada de explosivos.

“Bajo el seudónimo de ‘comisario Basilio’ desplegó una serie de acciones de represión a grupos ‘progresistas’ venezolanos y latinoamericanos”, describió el investigador. En 1971, aprovechando un viaje de Castro a Chile, Perú y Ecuador, movilizó a sectores anticastristas para tratar de asesinar al gobernante.

Las autoridades cubanas confirmaron su participación directa e indirecta en atentados terroristas ocurridos en el decenio de 1970 en varios países latinoamericanos y en Europa, como la detonación de una bomba contra la embajada de Cuba en Portugal el 22 de abril de 1976. En junio de 1975, Posada actuó protegido en la cobertura de supuesto Director de la Empresa de Investigaciones Comerciales e Industriales CA (ICICA) de Caracas.

Cuando se registró el estallido, en Barbados, de la nave de Cubana, las sospechas pronto cayeron sobre Posada, “quien aprovechó su afición por los explosivos y la experiencia adquirida en su trabajo con la CIA” para entrenar a un venezolano—identificado como Hernán Ricardo Lozano—en la “técnica y dominio de esa materia”, según Lara.

Poco después del atentado, Ricardo y otro venezolano, Freddy Lugo, fueron detenidos en Trinidad y Tobago como autores materiales. Igual sucedió en Caracas con Posada y Bosch, quienes permanecieron detenidos varios años en Venezuela. Bosch logró refugiarse en Florida y Posada fue absuelto dos veces de esos cargos, aunque pasó nueve años en una prisión venezolana de la cual se fugó en 1985.

OLEADA DE ATAQUES

Tras pasar por varios países centroamericanos, Posada se instaló en El Salvador, donde formó parte de la cadena de tráfico de armas y drogas para la “contra” nicaragüense que, financiada por Estados Unidos, combatió al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el cual gobernó en Nicaragua de 1979 a 1990.

En una entrevista con el diario The New York Times a mediados de 1998, Posada narró detalles de la ayuda financiera que recibió de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) —uno de los más poderosos e influyentes grupos anticastristas— y del ya fallecido líder de esa agrupación —el cubano Jorge Mas Canosa— para ejecutar una ola de atentados terroristas contra el estratégico sector turístico de Cuba, de abril a septiembre de 1997. Esto buscó atemorizar y ahuyentar a los turistas, además de dejar un muerto, varios heridos y daños materiales.

Ricardo Mas Canosa, hermano del dirigente de FNCA, admitió en agosto de 1998 que su hermano pagó para que Posada huyera en 1985 de la cárcel venezolana. Desde 1994, según el Minint, Posada intentó atentar contra Castro en las cumbres iberoamericanas.

Financiada y organizada desde Estados Unidos y con El Salvador como base, la red también atacó oficinas de Cuba en México y Bahamas en 1997, actuó como brazo paramilitar de la FNCA para los atentados en Cuba y contra Castro en sus viajes al exterior y su jefe estableció contactos en Costa Rica, Honduras, Guatemala y República Dominicana, según el Minint. La FNCA siempre rechazó las acusaciones y Posada declaró luego que mintió al diario neoyorkino para despistar sobre los verdaderos financistas de su operación.

Investigadores y analistas cubanos han dicho que la vieja pasión juvenil de Posada de dedicarse a producir artefactos explosivos rudimentarios, lo ayudó a aprender con más facilidad las enseñanzas de la CIA, institución que en varias oportunidades lo catalogó como un hombre “confiable”.

Por eso, y como recordando sus aficiones de adolescente en su natal Cienfuegos, este controversial personaje también conocido como Bambi  en algunos círculos del anticastrismo, ha relatado en distintas ocasiones que la CIA “nos enseñó de todo”, desde cometer asesinatos hasta preparar bombas.

LA OTRA PIEZA

Sigiloso y sereno, el salvadoreño Francisco Antonio Chaves Abarca fue uno más de los miles de turistas que arribaron el jueves 22 de mayo de 1997 a la ciudad de México. Pero su viaje tenía otros objetivos: dos días después hizo estallar una bomba en la sucursal de una empresa estatal de Cuba en la capital mexicana, y el domingo 25 salió presuroso de México. Con fama de matón y de calculada frialdad, Chaves Abarca fue solo una pieza de la estructura que Luis Posada Carriles dirigió desde Centroamérica.

Chaves fue capturado el primero de julio de 2010 en Venezuela, a donde llegó con un pasaporte guatemalteco falso, a nombre de Carlos Adolfo González Ruiz, y con el supuesto plan de provocar disturbios políticos y desestabilización en contra del presidente venezolano, Hugo Chávez, durante los comicios de ese país de septiembre anterior. El salvadoreño era buscado por la Interpol a solicitud de Cuba por los atentados de 1997. Fue detenido al entrar al aeropuerto de Caracas y poco después deportado a La Habana, donde está siendo juzgado.

Fuentes de la inteligencia regional sospechan que el salvadoreño sería un agente doble que, al servicio de Cuba y Venezuela, se infiltró al anticastrismo y ahora al antichavismo para montar y simular acciones violentas contra el gobernante venezolano, y culpar de terrorismo a la oposición de ese país y desprestigiarla.

Un aspecto que sorprendió en ámbitos de la inteligencia regional fue que aunque Chaves sabía que el aparato de seguridad cubana tiene fuerte control en el aeropuerto de Caracas, ingenuamente se atrevió a visitar ese país a sabiendas que rápidamente iba a ser detectado y desmovilizado. Tras su arresto y supuesta confesión sobre las verdaderas metas de su viaje a Caracas, varios opositores venezolanos fueron aprehendidos por la policía política de Venezuela, con allanamientos en los que se hallaron explosivos plásticos y detonadores.

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