La Revolución Bolivariana Un proceso irreversible

A pesar de los obstáculos, el consejero de la Embajada de Venezuela, Alirio Liscano, considera que el presidente Chávez sacará a su país adelante.

A pesar de los obstáculos, el consejero de la Embajada de Venezuela, Alirio Liscano, considera que el presidente Chávez sacará a su país adelante.

El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, no va a perder un eventual referéndum revocatorio o unas nuevas elecciones generales, aseveró a UNIVERSIDAD el politólogo e historiador Alirio Liscano, Consejero de la embajada venezolana en Costa Rica.

El hecho que dentro de la oposición exista un sector aventurero y golpista, se debe precisamente a que sabe que es incapaz de llegar al poder mediante un proceso electoral democrático.

Hace pocos días, el Consejo Nacional Electoral rechazó tres millones de firmas que pedían esta consulta, debido a que se recogieron antes del plazo que fija la Constitución; no obstante los sectores opuestos a Chávez iniciaron una nueva campaña para volver a presentar la petición.

El referéndum revocatorio es una figura que está consagrada en la Constitución Bolivariana de 1999 y no requiere la aprobación del gobierno o del poder legislativo.  Si la oposición cumple con los requisitos, entonces será posible convocar a esta consulta para decidir si el Presidente de la República debe seguir en su cargo.

Sin embargo, indicó Liscano, este no es el único recurso que se ha planteado: también están en marcha otros 50 o 60 procesos para revocar a gobernadores, alcaldes, parlamentarios y otros puestos políticos.

«Es función de la oposición, como es lógico en democracia, promover el revocatorio del presidente, ya que el gobierno no piensa destituirse a sí mismo.  La cuestión es que para lograr la convocatoria de este referéndum, aquellos que no están conformes con la administración deben ‘sudarse la camiseta’ y cumplir con todos los extremos que exige la Ley para este tipo de acciones».

Desde que se evidenció cierto descontento de la oposición con el presidente Hugo Chávez, — mucho antes del golpe de Estado del 11 de abril de 2001 y del paro petrolero –, el gobierno indicó que el camino para dirimir las diferencias de forma democrática era la convocatoria al revocatorio.

Según el politólogo e historiador, la división que aqueja a la sociedad venezolana no es producto del proceso bolivariano, sino muy anterior.  En este sentido, cabe recordar el levantamiento popular de 1989 y el intento de golpe de Estado que llevaron a cabo en 1992 un grupo de militares progresistas al mando de Chávez.

«La sociedad está fracturada desde hace muchos años.  El problema es que la oposición también está irreversiblemente fragmentada, lo que representa un problema para el país, ya que no hay un interlocutor válido para el gobierno en el marco democrático», dijo.

Por desgracia, prosiguió Liscano, el sector que ha conducido el accionar de la oposición en los meses anteriores fue el golpista, que representa los intereses más reaccionarios de la política.

Sin embargo, últimamente surgió con más fuerza una corriente democrática en el seno de la oposición, que está dispuesta a negociar y buscar consensos dentro del marco institucional.

De acuerdo con Liscano, no obstante los obstáculos impuestos desde dentro y fuera del país, la revolución bolivariana continúa hacia delante.

«Antes de 1998, la economía estaba en números rojos; posteriormente, el país vivió un crecimiento sin precedentes, hasta que el golpe de Estado y la huelga del sector petrolero provocaron una grave crisis, la cual, a estas alturas, empieza a superarse».

El grupo aventurero y golpista, se ha jugado la carta de estancar la economía, lo que ha tenido serías consecuencias sobre el empleo y sobre las políticas sociales que el gobierno había puesto en marcha para superar la enorme brecha entre ricos y pobres.

«La Constitución Bolivariana consagra un modelo de economía capitalista, de propiedad privada, de libre empresa e inversiones nacionales y extranjeras; pero, a su vez, las dos terceras partes de ese texto constitucional hacen referencia al área social».

Esta visión, se ha traducido en una vigorosa política de bienestar, que ha tenido frutos tales como el Banco de la Mujer, el Banco del Pueblo, el Fondo de Financiamiento a la Pequeña y la Mediana Industria, apoyo a las microempresas, desarrollo de vivienda, la regularización de la propiedad de la tierra, planes de rescate de la salud pública, incentivos a la educación, construcción de infraestructura, etcétera.

Para Liscano, la posibilidad de influir en la toma de decisiones por parte del pueblo, — o proceso de «empoderamiento» –, que ha surgido a partir de la revolución bolivariana, es algo irreversible.

En América Latina, prosiguió el Consejero, hay una corriente emergente muy fuerte de tipo social y político, que pretende una renovación de la democracia («Lula» Da Silva en Brasil, Gutiérrez en Ecuador).

«La teoría política sobre la democracia en Latinoamérica, que tiene una larga data, nos ha tenido entrampados en que sólo existen dos posibles sistemas: el representativo y el autoritario.  En Venezuela se está demostrando que, reforzando la democracia representativa, también se puede trascender hacia otras expresiones de participación política más profundas y directas».

En este sentido, el historiador recordó el papel de los Consejos Locales de Planificación, que son entes participativos que deciden cuáles obras deben tener prioridad en las comunidades.

«En una situación en la que pareciera que hay un poder omnímodo, incontestable e irrebatible (los Estados Unidos), en América Latina hay una nueva oleada de renovación política y democrática».

Aunque Liscano descartó que el gobierno requiera de un referéndum para relegitimarse, una nueva victoria electoral de Chávez cambiaría el ambiente de crispación vivido en los últimos meses.

El problema continúa en los medios informativos, que se han convertido en la verdadera oposición al gobierno y en una tiranía mediática que responde a intereses económicos.  La falla tectónica del proceso bolivariano, y así lo reconoció el mismo presidente Chávez, es que no se ha tenido una estrategia efectiva de comunicación social.

No obstante, la consolidación de la revolución bolivariana en el ámbito de las bases, le asegura su supervivencia y su futuro desarrollo.

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