Agredida. Biografía no autorizada

Ella vive alrededor de dos ideales sociales: la maternidad y la familia en su versión más conservadora. La culpa se la insertaron en el

Ella vive alrededor de dos ideales sociales: la maternidad y la familia en su versión más conservadora. La culpa se la insertaron en el mismo paquete del rol de madre y, allá abajo en su alma, hay una profunda ruptura con la figura paterna, la cual inconscientemente odia y conductualmente debe, por tanto, sufrir su castigo.

A ella se le enseñó que la mujer se realiza por la maternidad, que ella debe proteger a sus hijos a toda costa, incluso a costa de ella misma. Una madre lo puede todo, lo soporta todo; reza su lema. Una madre no abandona a sus hijos, su amor es incondicional. Su valor como mujer deviene de su maternidad.

Asimismo, su maternidad tiene como corolario un ambiente familiar, donde no puede faltar la figura masculina. El macho dominante que le recuerde a su padre (real o ideal). Ella requiere un hombre que en apariencia la proteja, pero en realidad es más importante que la castigue. ¿Cómo no, se dice ella, se debe sufrir castigo por odiar a su propio padre?

Con estas condiciones, ella ingresa en una relación con su pareja. El hombre, el agresor, que ella ha elegido debe necesariamente cumplir el rol de quien llena su necesidad de ser madre y de ser castigada.

Su macho, por ella elegido y con la imposibilidad de negar su responsabilidad en el proceso de agresión, es producto de una visión infantil, inmadura, que yace en la historia de vida de tal mujer. Es el sueño de la niña de ser madre, toda protectora, indispensable, siempre capaz de sacrificarse por él, su hijo.

Su agresor, en cuanto hijo producto de una noción de maternidad enfermiza, será protegido de sí mismo, se le consentirá cualquier berrinche. Si él falla, la culpa no es suya; sino de ella, su madre-amante que no ha sabido comprenderlo. Ella no lo ama, lo odia; colabora en su proceso de castración iniciado por la madre de él; sin embargo, ella cree que lo quiere. Ella concibe la relación como una relación amorosa, pero es realmente incestuosa.

El coito para ella es el mecanismo con el cual se oculta que su amante es su hijo, al cual es preciso, como hijo, soportarle todo. Si no fuera así, ella no permitiría que un extraño la agrediera. Su distorsión maternal le asegura al agresor seguir ahí.

Mas, su necesidad de ser agredida responde al castigo que se ha autoimpuesto: ella no puede ser amada, valorada; su odio contra la figura paterna debe recibir su castigo. Así su hijo-amante, el agresor, encarna a su padre ideal que viene a castigarla. La situación incestuosa sigue siéndolo pero con otros matices.

La autoestima de esta mujer es un constante vacío produciendo vacío.

En momentos de lucidez, la mujer logra desidealizar a su agresor. No obstante, la culpa la vuelve a sumir en el círculo de la violencia. Su imperativo de recibir castigo la lleva a mantener a cualquier costa la idealización que ha hecho del agresor. Aparecen así las disculpas y las sobrevaloraciones del agresor: él no tiene la culpa, la culpa es mía; él es un hombre brillante; el coito con él no es una violación camuflada, sino un acto de amor; yo con mi amor, se dice ella, lo cambiaré; etc.

Cuando ella tiene el conocimiento sobre los procesos de la agresión, asume una posición de confort, o sea ella no puede hacer nada, el círculo de la violencia tiene su propia lógica y ella solo es presa de esa lógica. Es decir, ella actúa de mala fe (en su sentido existencial), poniendo como excusa tal lógica, para evadir su obligación de tomar una decisión y salirse de ese círculo. Ella dice entonces: “Es que yo lo quiero”.

Ese “yo lo quiero” no es más que su culpa diciéndole mereces este castigo, con lo cual se le sirve la mesa al depredador agresor, quien usará la culpa para su beneficio. Ella no quiere arriesgar y él la convence de que el riesgo es peligroso. En la inestabilidad de la mujer agredida, de su autoestima destrozada, la agresión aparece como algo estable: asquerosa lógica de quien buscaba la estabilidad de una familia.

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