“Alce la mano”

Pareciera que el concepto de la paz está variando, o al menos eso es lo que está ocurriendo en el contexto europeo, en particular

Pareciera que el concepto de la paz está variando, o al menos eso es lo que está ocurriendo en el contexto europeo, en particular para esa influyente institución que es la Academia Sueca, otorgadora de los premios Nobel.

En estos días, la prensa mundial informó que para este año, la Academia había decidido entregar el Nobel de la Paz a la Unión Europea (UE). El principal argumento para la toma de esa decisión, según se decía en una nota publicada en el diario mexicano “La Jornada”, se basa en que la UE ha propiciado la integración de los mercados y que por esa vía ha impulsado el desarrollo.

La Unión Europea es por esa razón entonces una institución de paz. Pero, ¿qué ha hecho en realidad la UE para ganarse esa importantísima atribución y qué ha hecho para cumplir con las correspondientes funciones que la definirían como tal?

En particular, la UE es la principal institución que en Europa ha impulsado el modelo de la economía neoclásica, asociado con la globalización económica y el proyecto de integrar a escala regional/continental los mercados nacionales de los diferentes países que conforman el “espacio europeo”.

Para ello, la UE se ha constituido en un poder supranacional, con capacidad para intervenir en los asuntos internos de cada país, hasta el punto de que, como se ha podido ver meses atrás, esa institución ha tenido el poder para cambiar gobiernos y para imponer gobernantes que no han sido elegidos por los pueblos de manera soberana y democrática.

En tal sentido, puede decirse que la UE, bajo el argumento de “ordenar” las economías nacionales en crisis, no ha titubeado en dejar en suspenso y en destruir las bases de la institucionalidad democrática de los países, sino que lo ha hecho además desde afuera, o sea, en la forma en que se lleva a cabo cualquier invasión extranjera, con la consiguiente violación de las soberanías nacionales.

Prestando atención tan solo a su específica naturaleza como institución, la UE no puede ser calificada bajo ningún punto de vista como una institución de paz. Su razón de ser es el mercado. Y  el mercado, en sus diversas expresiones, carece de toda condición y de toda disposición de humanidad. La paz, en su caso, es algo muy diferente e incluso opuesto al mercado. El fundamento de la paz lo constituye precisamente la condición de humanidad. El mercado, especialmente este mercado posmoderno y globalizado de la economía neoclásica, está radicalmente determinado por una condición similar a eso que Hannah Arendt calificó como “la banalidad del mal”.

¿Adónde se va a ir a dar con variaciones del concepto de la paz como las que adopta la Academia Sueca? En nombre de la paz, muchísimas guerras se han llevado a cabo hasta ahora y muchísimas invasiones y genocidios se han cometido. Sin embargo, hay una gran diferencia entre los argumentos que pueda presentar un gobierno imperial que busca y hace la guerra bajo el discurso de la paz y, por su parte, la definición de la paz que debería tener una institución como la Academia Sueca.

En definitiva, la paz, para la Academia Sueca, pasa a quedar ahora definida por la eficacia de los instrumentos políticos que aseguran el funcionamiento del mercado, al margen de cualquier otra consideración. Nada importa que la juventud se quede sin opciones de empleo y que se vea cancelado o restringido su horizonte de futuro. Nada importa que las personas jubiladas se empiecen a suicidar por la desesperación que causa la pérdida o disminución de sus pensiones. Nada importa que los megaalmacenes le hayan empezado a poner candados a los estañones de la basura, porque cada día es más y más la gente que acude a ellos en búsqueda de comida. Nada importa que la niñez y la juventud pierdan sus derechos a la educación (la ley contra el fotocopiado en Costa Rica…) y que se vean expulsadas del sistema de la seguridad social. (Decía hace unos días un simpatizante del candidato republicano M. Romney, que el seguro sanitario tenía que ser un privilegio y nunca una responsabilidad del Estado). Nada importa que los pueblos indígenas vean atacadas sus posibilidades de vida e invadidas sus tierras, debido a la hiperintensificación de la explotación de los recursos naturales. La lista de lo que nada importa es demasiada extensa. Nada importa… salvo las regulaciones que ordenan y apuntalan el funcionamiento del mercado. Y en eso parece que reside la paz para la Academia Sueca.

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